PAPA EN FRANCIA/IV - Una canción para acoger al Sucesor de Pedro

miércoles, 2 septiembre 2026 papa león xiv   música   misión   jóvenes   visita pastoral   iglesias locales  

photo MLK

por Marie-Lucile Kubacki

Roma (Agencia Fides) – Amanece sobre las cúpulas de la Basílica de San Pedro en Roma. En la colina del Gianicolo, Grégory Turpin entona a cappella las primeras notas de la canción «Pour que le monde ait la vie», que interpretará en el Stade de France y en Lourdes a dúo con la cantante franco-canadiense Natasha Saint Pier con motivo de la visita del Papa León XIV a Francia. Su voz se eleva en el aire aún fresco de la mañana, mientras la cámara de Leonardo, periodista y videógrafo italiano, sigue atentamente la escena.

Artista cristiano en activo desde hace muchos años, Grégory Turpin es conocido especialmente por sus proyectos musicales inspirados en santa Teresa del Niño Jesús y en la espiritualidad carmelitana, que considera su familia espiritual. Su última composición, creada con motivo de la próxima visita del Papa a Francia, cuenta con el apoyo de las Obras Misionales Pontificias (OMP) de Francia, y todos los derechos de la canción serán destinados a apoyar la misión en Francia y en el resto del mundo. No es la primera vez, además, que el artista francés colabora con las OMP. Su actividad musical está estrechamente vinculada al anuncio del Evangelio y ha participado en diversas iniciativas, entre ellas una gira con las Obras Misionales Pontificias por Benín.

«Cuando supe que venía el Papa, como muchos otros, sentí el deseo de hacer algo», confiesa a la Agencia Fides mientras se dirige hacia la Plaza de San Pedro.
Para el cantante, el principal reto no era convertirse en protagonista del acontecimiento. «Espero, sobre todo, poder estar al servicio», explica. «Durante todo este proyecto, he tratado de ponerme al servicio de las Obras Misionales Pontificias y del propio acontecimiento. No lo hago por mí». Aunque considera esta invitación también como un reconocimiento a sus «veinticinco años de misión», su principal deseo es involucrar a otros artistas.

La misión ocupa un lugar central en su reflexión. A su juicio, las nuevas generaciones buscan hoy una mayor coherencia entre la fe que profesan y la manera concreta en que viven. «Durante mucho tiempo hemos tendido a separar nuestra vida profesional de nuestra vida cristiana. Cada vez más, los jóvenes quieren establecer un vínculo entre su fe, su trabajo, su misión y su manera de estar presentes allí donde viven».
Para Turpin, anunciar el Evangelio no significa relegar la fe al ámbito privado o familiar, aunque este siga siendo importante. Se trata de convertirse en «luces allí donde estamos».

Esta coherencia requiere una fe «sencilla, espontánea y, sobre todo, coherente», prosigue. ¿En qué se traduce esto? Grégory Turpin insiste en la unidad de vida y en la calidad de las relaciones fraternas dentro de la Iglesia, convencido de que la comunión constituye un poderoso testimonio. «Por el amor que os tengáis unos a otros seréis reconocidos», recuerda. Por eso, añade, si los cristianos no son «ni amables ni afectuosos», corren el riesgo de ocultar, en lugar de manifestar, el amor de Dios. «Para ser luces, tenemos que hacernos transparentes al amor de Dios para poder irradiar su luz».

Pero hay algo más. El artista rechaza presentar la vida cristiana como un ideal inaccesible o como una sucesión de éxitos. «Es exactamente lo contrario de Instagram», observa, al referirse a las imágenes cuidadas e idealizadas que pueden transmitir las redes sociales. «No hay que tratar de ocultar nuestras dificultades. La vida cristiana no es una vida sin problemas; es una vida en la que se recibe la fuerza para superar los problemas». Evoca la imagen bíblica de Moisés ante el mar Rojo: Dios no elimina el obstáculo, sino que da a su pueblo la posibilidad de atravesarlo. «El mar permanece, pero se abre», afirma

Grégory Turpin cuenta que atravesó un periodo de profundo agotamiento psicológico, marcado por un burn-out, angustias y grandes dificultades para volver a los escenarios. «Hoy estoy empezando poco a poco a acercarme de nuevo al público. Tengo la sensación de que el Señor ha comenzado a sanarme de esto, pero también necesitaba esta pausa». Esta experiencia le lleva a recordar que la fe no elimina la necesidad de un acompañamiento humano y profesional. Ante las crisis existenciales que afectan a muchos jóvenes, insiste en la importancia de poder recibir ayuda, también en el ámbito psicológico. «Los sacerdotes no son psicólogos», subraya. La confianza en Dios, explica, debe ir acompañada de la búsqueda de un equilibrio de vida, especialmente en una época en la que las redes sociales y el consumo constante de contenidos pueden alimentar el malestar. «Dios también puede actuar a través de un verdadero acompañamiento psicológico. No hay que contraponer estas dimensiones: yo mismo he necesitado ambas».

Detrás de la notoriedad y de la exposición pública, Grégory Turpin identifica otra cuestión espiritual: la importancia de la mirada con la que cada uno se contempla a sí mismo. La exposición mediática no le resultó natural; lo más difícil, explica, fue «el cambio de la mirada de los demás». En una época en la que muchos compiten por conseguir «likes», invita a discernir dónde reside verdaderamente la propia identidad: en el público y en su reconocimiento, o en la mirada de Dios. «¿Es el público el que me da valor, o la mirada de Dios? ¿Estoy al servicio de Dios o me sirvo de Dios? ¿Estoy al servicio de la Iglesia o me sirvo de la Iglesia?». Al recordar el bautismo de Jesús y las palabras que escuchó antes de comenzar su misión: «Tú eres mi Hijo amado», afirma: «Es en esta identidad recibida donde se fundamenta la libertad de no depender de la aprobación externa. Esta libertad, vivida como una purificación del deseo humano de reconocimiento, es también una condición para servir».

Entre el eco del mar Rojo que se abre y la trampa de los espejos virtuales, Grégory Turpin recuerda lo esencial: la fe no consiste en brillar bajo los focos, sino en dejar que la luz pase a través de nuestras propias grietas.
(Agencia Fides 2/9/2026)


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