de Marie-Lucile Kubacki
Metz (Agencia Fides) – A la luz de este final de verano, la piedra de Jaumont de las fachadas del centro de la ciudad revela en algunos puntos profundas cicatrices grabadas en la roca. En estas fachadas históricas, las cavidades excavadas por las esquirlas de 1944 testimonian la violencia de los combates de la Segunda Guerra Mundial de los que fue testigo la ciudad de las tres fronteras. Es aquí donde el papa León XIV concluirá su viaje apostólico a Francia, el lunes 28 de septiembre de 2026, después de París y Lourdes. En el programa, un encuentro interreligioso y una cita dedicada a las “raíces de Europa para la paz y la unidad”, antes de recorrer el centro de la ciudad a bordo del papamóvil y celebrar la misa en la catedral de Saint-Étienne.
“Se está perdiendo la pasión por Europa, porque hemos olvidado por qué la creamos”, testimonió un día un antiguo embajador que había participado en la construcción europea. Si uno se pregunta por qué esta etapa en Mosela forma parte del viaje del Obispo de Roma, la respuesta se encuentra en el tejido de la ciudad y en la historia de sus habitantes.
El 28 de septiembre, después de su llegada al aeropuerto de Metz-Nancy-Lorraine, León XIV se dirigirá al Centro de Congresos Robert-Schuman. Allí participará en primer lugar en un encuentro interreligioso y, posteriormente, en el encuentro dedicado a las raíces de Europa. Pronunciará dos discursos antes de dirigirse al centro de la ciudad. Por la tarde, un recorrido en papamóvil lo llevará, en particular, desde la avenida Foch hasta la catedral de Saint-Étienne, pasando por la avenida Robert-Schuman, la plaza de la República y las calles del centro histórico.
La memoria de las fronteras
Mosela no solo está cerca de las fronteras: durante mucho tiempo ha vivido al ritmo de sus desplazamientos. Anexionada al Imperio alemán después de la guerra de 1870, volvió a formar parte de Francia en 1918, antes de ser nuevamente anexionada de facto por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial, hasta su liberación a finales de 1944 y su definitiva reintegración en Francia en 1945.
“Mosela, como Alsacia, conserva todavía el recuerdo de los conflictos, las anexiones y las heridas que han marcado la Europa contemporánea”, explica a la Agencia Fides el padre Cédric Burgun, decano de la Facultad de Derecho Canónico del Instituto Católico de París y originario de Metz. “Este recuerdo permanece particularmente vivo en las familias”. La construcción europea, subraya, “no nació de una abstracción tecnocrática, sino de la voluntad de reconciliar a pueblos enfrentados durante mucho tiempo”.
El padre Stéphane Jourdain, párroco de la comunidad parroquial de Saint-Privat, en Metz-Sur, cuenta historias de personas. “Algunos tuvieron un abuelo partisano; otros vivieron el trabajo forzoso. Algunos habitantes fueron expulsados hacia el sur de Francia antes de regresar”. En muchas familias, las generaciones de mayor edad vivieron los cambios impuestos de lengua, nacionalidad o administración. La memoria local conserva también la huella de las posteriores llegadas de familias italianas, polacas, argelinas y, más recientemente, de otras comunidades.
Esta historia ha marcado profundamente a la Iglesia local. Durante la anexión alemana, bajo el episcopado del obispo Willibrord Benzler, se organizó un Congreso Eucarístico en francés y alemán, signo de la doble pertenencia cultural de este territorio. Después de la Primera Guerra Mundial, el obispo alemán fue expulsado por las autoridades francesas. “La vida de la Iglesia local se vio arrastrada por las convulsiones de la historia política y nacional”, subraya el padre Jourdain.
Robert Schuman, hijo de Mosela
La etapa de Metz pondrá naturalmente en primer plano la figura de Robert Schuman. Nacido en 1886 en Mosela, entonces anexionada, de padre lorenés que se convirtió en alemán a consecuencia de la anexión y de madre luxemburguesa, quien es considerado uno de los padres de Europa encarnaba él mismo esta historia de fronteras cambiantes e identidades entrelazadas.
“Su recorrido hunde sus raíces en un territorio situado en la frontera con Luxemburgo, Tréveris, Alemania y Francia”, explica el padre Cédric Burgun, promotor de la causa de canonización de Robert Schuman y presidente del Instituto Saint-Benoît, la asociación diocesana de Metz encargada de promover dicha causa. “Esta experiencia alimentó en él la conciencia de la necesidad de superar los antagonismos nacionales y de transformar al antiguo enemigo en un socio y, después, en un hermano”, explica. Su declaración del 9 de mayo de 1950 proponía poner en común la producción de carbón y acero de Francia y Alemania. Se trataba, según la fórmula ya histórica, de hacer una nueva guerra “no solo impensable, sino materialmente imposible”.
La intuición política era concreta: organizar la interdependencia allí donde las rivalidades industriales habían contribuido a los enfrentamientos. Era una intuición de profunda importancia moral, fundada en la posibilidad de la reconciliación entre pueblos heridos. Para el padre Burgun, la obra de Schuman sigue siendo “una verdadera escuela de compromiso para los cristianos”. Demuestra que un compromiso inspirado por la fe no conduce “ni a un repliegue confesional ni a una postura exclusivamente defensiva”, sino al servicio del bien común, la paz y la reconciliación.
“Sería erróneo imaginar que Robert Schuman ejerció su compromiso político en una sociedad unánimemente cristiana y favorable a su proyecto”, explica el padre Burgun. “Cuando fue presidente del Consejo y después ministro, Francia estaba atravesada por fuertes oposiciones ideológicas y por un anticlericalismo real. Vincent Auriol, presidente de la República, encarnaba él mismo una tradición republicana muy alejada del catolicismo. El proyecto europeo de Schuman no fue acogido inmediatamente con entusiasmo, ni siquiera dentro de su propia familia política, el Movimiento Republicano Popular. Su ejemplo demuestra, por tanto, que es posible mantener un compromiso cristiano en una sociedad pluralista y, en ocasiones, contradictoria”. Su vida pública estaba, además, indisociablemente ligada a una intensa vida interior. Robert Schuman encontraba en la oración, el silencio y la Eucaristía la fuente de su acción.
“En su casa de Scy-Chazelles, en las alturas de Metz, acudía regularmente a la capilla de las Siervas del Corazón de Jesús, donde iba a rezar durante mucho tiempo. Los habitantes del pueblo decían que lo conocían sobre todo “de rodillas y de espaldas”, pues su presencia en la oración era discreta pero regular”, cuenta el sacerdote. Su causa de canonización, sostenida localmente mediante la oración, recuerda que esta acción política encontraba su fuente en una intensa vida interior. Declarado venerable por el papa Francisco en 2019, espera todavía el reconocimiento de un milagro para ser beatificado.
Una Iglesia singular
La diócesis de Metz presenta otra particularidad: el mantenimiento del régimen concordatario de Alsacia-Mosela. “Esto confiere a la Iglesia un papel institucional específico en un panorama francés caracterizado por una concepción exigente, a veces compleja, de la laicidad”, subraya el padre Cédric Burgun. El régimen afecta a los diferentes cultos reconocidos y mantiene, en la vida cotidiana, una forma de diálogo entre las autoridades civiles y los responsables religiosos. En las parroquias, el alcalde o su representante forma parte por derecho del consejo parroquial, encargado en particular de los aspectos económicos y patrimoniales. “Esta situación puede suscitar a veces dificultades, dependiendo de las personas o de las sensibilidades políticas, pero obliga también a mantener relaciones regulares entre los responsables civiles y los religiosos”, explica el canonista. A su juicio, hace posible “una presencia más serena y más consciente de los cultos en el espacio público”.
Esta particularidad tiene también una dimensión pastoral. El padre Stéphane Jourdain habla de unos 150 laicos comprometidos en misiones eclesiales, casi tantos como los sacerdotes de la diócesis. Este recurso humano permite llevar adelante numerosas iniciativas, pero invita también a desarrollar aún más el compromiso voluntario y el reparto de responsabilidades.
Una esperanza que transmitir
Actualmente, como en tantas otras diócesis, la Iglesia de Metz atraviesa un periodo de transición. Algunas zonas rurales conservan una fuerte tradición cristiana y una participación estable en las prácticas vinculadas a la vida eclesial. Al mismo tiempo, muchos adultos llaman hoy a la puerta de la Iglesia para pedir el bautismo o para profundizar en su fe.
“La Iglesia se rejuvenece”, le gusta decir el obispo de Metz, según el padre Jourdain. Los itinerarios son diversos: jóvenes adultos que han mantenido un vínculo lejano con la fe, padres que siguen a sus hijos, personas que descubren la oración, el Evangelio o la vida sacramental en la edad adulta. “Muchos vienen en busca de un sentido, de una dirección o de un nuevo impulso”, observa. Esta vitalidad no hace desaparecer las fragilidades, en particular la ausencia de ordenaciones desde hace varios años. Pero alimenta una esperanza local que da también peso a la visita pontificia.
“Es partiendo de esta memoria como la visita del Papa puede asumir todo su significado: recordar las razones profundas de la construcción europea, renovar el llamamiento a la paz y reconocer en las historias de migración, de sufrimiento y de mezcla de las poblaciones una posible fuente de fraternidad”, afirma el padre Jourdain.
En Metz, en una tierra donde las heridas de la guerra siguen siendo visibles en las piedras de la ciudad y en las familias, el Papa vendrá a beber de las fuentes de la paz europea, deseada como una decisión histórica, política y espiritual.
“La diócesis de Metz, con su historia, su régimen concordatario, su experiencia transfronteriza y la memoria de Robert Schuman, puede así dar testimonio de una Iglesia llamada a asumir su presencia en la ciudad”, concluye el padre Cédric Burgun, “no para imponer una visión confesional, sino para recordar que la fe cristiana puede inspirar una cultura del encuentro, de la responsabilidad, de la paz y de la esperanza”.
(Agencia Fides 28/8/2026)