foto Fides - Samuele Massimi
Roma (Agencia Fides) – Para el cardenal Stephen Chow Sau Yan, obispo de Hong Kong, los aniversarios que celebra este año la Iglesia en China invitan a reflexionar sobre la formación.
Durante su intervención en el Congreso internacional celebrado el jueves 5 de noviembre en la Pontificia Universidad Urbaniana con motivo del centenario de la consagración de los primeros seis obispos chinos, el cardenal ha abordado los conceptos de «inculturación» y «sinización» y propuesto la «interculturalidad» como marco de referencia para la formación del clero, los religiosos y los laicos en China.
Su punto de partida ha sido la historia. La consagración episcopal de los seis obispos chinos en Roma, de manos del papa Pío XI, el 28 de octubre de 1926, «marcó el inicio de la indigenización de la Iglesia católica en China», ha recordado. Este acontecimiento condujo a la creación de la jerarquía eclesiástica china por parte de Pío XII en 1946, mediante la constitución apostólica ‘Quotidie Nos’, que situó a la Iglesia china «en pie de igualdad con las demás Iglesias de la Iglesia universal». Sin embargo, según ha señalado, «estos avances institucionales no han resuelto por sí solos el desafío permanente de formar a católicos cuya fe esté profundamente arraigada en la vida cultural china y que, al mismo tiempo, permanezcan en comunión con la Iglesia universal».
El cardenal jesuita se ha preguntado cómo podía plantearse esa formación, «teniendo en cuenta la historia de la Iglesia en China y la actual política del Gobierno sobre las religiones en el país». El objetivo, ha indicado, es una formación que responda «a las exigencias de ser una Iglesia universal y local, y de vivir una fe religiosa que los chinos puedan acoger fácilmente como propia». Como ejemplo, ha mencionado el budismo en China, reconociendo que esta religión es percibida como «china», y añadido que «el cristianismo es claramente distinto del budismo».
A continuación, el cardenal Chow ha examinado tres conceptos que ha presentado como «ideas que no son del todo nuevas, pero que ya han despertado el interés de los estudiosos en China».
El primero es la inculturación, que ha definido como «un diálogo bidireccional y continuo, en el que el Evangelio transforma una cultura y, al mismo tiempo, permite que los valores y las expresiones culturales locales enriquezcan la vida de la Iglesia». Entre los ejemplos ha citado los ritos chinos y las representaciones de María y su Hijo vestidos con atuendos chinos. También ha señalado sus límites: la inculturación «plantea dos problemas relacionados entre sí: la evangelización de las culturas y la comprensión cultural del Evangelio sin una participación plena en la fe».
El segundo concepto es la sinización. El cardenal ha descrito la política del Partido Comunista Chino, que bajo la presidencia de Xi Jinping ha puesto formalmente el acento en la «sinización de la religión» como política nacional. Esta línea exige a las religiones, incluido el catolicismo, «alinearse con la ideología del PCCh, los valores socialistas y el espíritu del patriotismo». Ha recordado que Xi ha definido esta política como «la única vía» para garantizar la estabilidad a largo plazo del país. También ha mencionado la remodelación de los lugares de culto, como la sustitución de las cúpulas de las mezquitas por tejados de estilo chino, y aludido a los estudiosos que consideran que las campañas actuales tienen menos que ver con la asimilación cultural han (Han hua) que con el concepto de Zhongguohua, entendido como «chinización» o alineamiento político con el Partido-Estado. Sobre este punto, ha expresado su valoración: «Ser patriotas y creyentes fieles puede ayudar al Gobierno a ejercer una gobernanza deseable para todos los que viven en China, en la medida en que sea posible y oportuno».
La interculturalidad, el tercer concepto, es el eje sobre el que el cardenal ha construido su propuesta. Basándose en definiciones académicas, la ha presentado como la «construcción conjunta y negociación de significados, actitudes y perspectivas» en los encuentros interculturales, en los que los participantes «se abren a dejarse influir o incluso transformar por otras tradiciones» y examinan su propio etnocentrismo. Además ha relacionado este enfoque con Joseph Ratzinger, quien, cuando era cardenal, había dado prioridad al diálogo intercultural frente a la inculturación en un discurso pronunciado en Hong Kong en 1993. Según el cardenal Chow, el futuro Benedicto XVI concebía la interculturalidad -una interculturalidad «fundada en la universalidad de la ley natural y de la razón humana, así como en una cultura de la fe presente en cada cultura en la que puedan producirse encuentros»- como un espacio en el que las culturas y las tradiciones religiosas se encuentran y «se corrigen mutuamente». Entendida de este modo, observó, la interculturalidad «presenta similitudes con la sinodalidad promovida por nuestra Iglesia».
De ello ha extraído las consecuencias.
La formación intercultural, ha explicado, «se toma en serio tanto la fe cristiana como la política del Estado, ya que ambas configuran la realidad de los católicos chinos», y plantea la cuestión de «qué podría significar ser un católico fiel y, al mismo tiempo, patriota de su propio país». Ha descrito un método basado en «diálogos intencionados, caracterizados por la palabra sincera, la escucha empática y la identificación de intereses comunes al servicio del bien común», que permite mantener las diferencias «respetando las acciones que se emprendan posteriormente». Asimismo, ha señalado que «las diferencias que alimentan las tensiones suelen responder a necesidades que no han sido reconocidas ni atendidas». Una formación de este tipo debería ayudar a quienes la reciben a tomar conciencia de sus «puntos ciegos» y a buscar aspiraciones compartidas para «crear una vía alternativa que permita abordar de manera constructiva las distancias o las tensiones». Al recordar la controversia de los ritos chinos como «un proceso doloroso de la historia, pero cuyos resultados siguen siendo útiles hoy», ha añadido: «Sin embargo, el diálogo podría no haber concluido».
El cardenal también ha evocado la experiencia de su diócesis, donde se ha pedido a las parroquias que utilicen el método de la «Conversación en el Espíritu» para elaborar sus planes trienales. Según han referido algunas parroquias, ha explicado, ha sido «una experiencia reveladora, que ha reforzado entre los feligreses el sentido de la corresponsabilidad». Ha concluido que, gracias a la formación intercultural, el clero, los religiosos y los laicos «contarán con las competencias necesarias para llegar a ser auténticamente católicos y ciudadanos al mismo tiempo».
(MLK) (Agencia Fides 6/11/2026)
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