PAPA EN FRANCIA/XI - León XIV en Metz: en la “Linterna del Buen Dios”, Europa busca la paz

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VaticanMedia

Por Marie-Lucile Kubacki

Metz (Agencia Fides) – «Un Papa estadounidense que habla desde Metz, en la frontera con Alemania, de “De Gasperi” con acento francés», escribe el periodista italiano Iacopo Scaramuzzi en la red social X. Quizá en esta frase se condensa lo que ha sucedido durante la visita de León XIV a la ciudad de las tres fronteras, donde las huellas de la guerra siguen siendo visibles en las piedras de algunas casas y en la historia de sus habitantes. Ese es el significado de la visita del Obispo de Roma a esta ciudad del este de Francia, que quizá más que ninguna otra recuerda por qué algunos de sus hijos, como Robert Schuman -que descansa a pocos kilómetros de aquí, en el municipio de Scy-Chazelles-, quisieron construir un día Europa.

Al término de su viaje a Francia, el Papa ha celebrado la Misa en la catedral de San Esteban, en el corazón de una ciudad marcada por los conflictos y por los cambios de las fronteras. Allí ha encomendado al Señor «el camino de la comunidad diocesana de Metz y el de toda Europa». La paz, ha recordado, es un don de Dios, pero exige también una respuesta humana: «la paz, que es don de Dios, exige una respuesta por parte de los hombres en un esfuerzo compartido».

Partiendo de las imágenes del profeta Isaías -el desierto, el jardín y la casa-, León XIV ha evocado el derecho, la justicia y la paz, para detenerse después en el perdón, la misericordia y la reconciliación.

La luz y las diferencias

La imagen más sugestiva de la homilía es la de la catedral, conocida como «Linterna del Buen Dios» por sus 6.500 metros cuadrados de vidrieras historiadas. Sus constructores parecen haber «reducido al mínimo las paredes, que sin embargo permanecen sólidas, para que la luz pudiera llegar en abundancia a los fieles». Las vidrieras convierten la catedral en una 'biblia pauperum', «fuente de oración y meditación, a través de reflejos de miles colores». Esta luz se ha enriquecido con el genio de Marc Chagall. Las obras del «gran pintor judío», instaladas en las vidrieras de la catedral, transforman, según León XIV, la «Linterna del Buen Dios» en «un extraordinario símbolo ecuménico y de diálogo interreligioso». Una imagen de unidad que no significa uniformidad: «la luz del Señor no suprime la especificidad, sino que une historias y culturas diferentes en un único y maravilloso mosaico de paz».
«El futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias», ha proseguido. En esta armonía, ha añadido, «la herida del pasado se convierte en una fisura que deja filtrar la luz». En Metz, ciudad donde las cicatrices de la historia siguen siendo visibles, la idea de que las diferencias y las heridas pueden contribuir a una obra común resuena de manera especial bajo las bóvedas de la catedral, cuyas paredes conservan aún las huellas dejadas por las balas y las esquirlas durante los combates por la liberación de la ciudad, en otoño de 1944.
Aplicando esta metáfora a la Iglesia, el Papa ha subrayado que sus estructuras «sólo tienen sentido en la medida en que nos ayudan a llevar al mundo la luz del Evangelio». Sin las vidrieras, las ventanas de la catedral serían únicamente «espacios inundados de una luz enceguecedora». Con ellas, «se convierten en libros que nos reúnen para recordar historias maravillosas, llenas de heroísmo, de bondad, de misericordia, de amor y de belleza moral».

En las raíces de Europa

Por la mañana, en el Centro de Congresos Robert Schuman, el Papa ya ha situado la etapa de Metz bajo el signo de la memoria europea. Al dirigirse a los participantes en el encuentro «A las raíces de Europa por la paz y la unidad», ha rendido homenaje a Robert Schuman, cuya vida estuvo marcada por las vicisitudes de esta región y por el cambio de sus fronteras. La Declaración del 9 de mayo de 1950, ha recordado, fue al mismo tiempo «el punto de partida y de llegada» de su compromiso con la reconciliación y la unidad del continente.
León XIV ha situado la construcción europea en una historia de encuentros, atravesada por crisis y conflictos, pero capaz de renacer cuando los pueblos saben acoger al otro y reinterpretar su propia herencia. Ha recordado en particular la contribución del cristianismo y del monacato a la formación cultural y social de Europa, evocando también a san Crodegango y el espíritu de fraternidad, comunión y vida compartida vinculado a Metz.
La herencia de Schuman, ha subrayado, invita hoy a defender el diálogo, el derecho internacional y el multilateralismo, mientras la guerra ha vuelto a golpear Europa. La paz no puede confundirse con un «irenismo ingenuo»: exige «esfuerzos creadores» y valentía en la negociación. También requiere estar dispuestos a sacrificar algunas posiciones por el bien superior de la paz. El Papa ha invitado a no dejarse llevar por la ilusión del rearme y a preguntarse si realmente se están realizando esfuerzos creativos para promover la paz.

El “Llamamiento de Metz” y la responsabilidad de los creyentes por la paz

Durante el encuentro interreligioso, celebrado en el Centro Robert Schuman, el Papa ha insistido en la responsabilidad común de los creyentes. Metz, «ciudad de fronteras y de encrucijadas», recuerda que las líneas de fractura pueden transformarse en puentes, ha dicho. «Dialogar no disminuye nuestra identidad, sino que la expresa con simplicidad y verdad, abriéndose a la diferencia del otro». Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión, ha advertido, «es una profanación de este nombre». «Nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar como una auténtica inspiración divina», ha proseguido, exhortando al discurso religioso a «desarmar los corazones y las palabras». Según el Papa, las tradiciones religiosas tienen además una responsabilidad en la protección de la vida y de los más vulnerables: «La grandeza de una civilización no se mide por sus éxitos materiales, sino por la manera en la que abraza, protege y eleva la persona humana».
El encuentro ha estado marcado por la firma del «Llamado de Metz» por parte de representantes de distintas confesiones religiosas, cuarenta años después del encuentro interreligioso de Asís. El texto subraya que, en un mundo en el que el aumento de los conflictos amenaza el derecho internacional, las tradiciones religiosas tienen la responsabilidad de contribuir al diálogo y a la paz.
Desde el homenaje a Schuman hasta el encuentro entre las comunidades de creyentes, pasando por la homilía en la catedral, la etapa de Metz ha reunido así tres exigencias: recordar las fracturas, reconstruir la confianza y abrir espacio al otro sin renunciar a la propia identidad.
Al término de su viaje a Francia, León XIV ha deseado que la comunidad de Metz sea «un faro de esperanza para este país, para Europa y para el mundo». En la «Linterna del Buen Dios», su imagen final ha sido la de una luz que no aplasta las diferencias con una intensidad deslumbrante, sino que permite que estas se armonicen.
(Agencia Fides 28/9/2026)


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