Courtesy of Apostolic Vicariate of Southern Arabia
Salónica (Agencia Fides) – Los grandes movimientos migratorios que caracterizan nuestro tiempo se cruzan, de manera sorprendente y misteriosa, con los caminos de la acción apostólica.
En las últimas décadas, la llegada masiva de trabajadores inmigrantes a la península arábiga ha transformado esta parte del mundo en una especie de «laboratorio» donde está floreciendo una Iglesia plural e «intercultural», convertida también en espacio de encuentro entre pueblos y culturas. El obispo Paolo Martinelli, Vicario apostólico de Arabia Meridional, ha analizado este fenómeno en una amplia intervención dedicada a los cambios provocados por la movilidad humana.
Su intervención ha abierto el XVIII Simposio intercristiano de Salónica, una importante iniciativa ecuménica promovida por el Instituto Franciscano de Espiritualidad de la Pontificia Universidad «Antonianum» y por el Departamento de Teología de la Facultad Teológica Ortodoxa de la Universidad Aristóteles de Salónica. El encuentro de este año, dedicado a «La fe cristiana en un contexto multicultural», ha abordado las transformaciones que las migraciones están provocando en la sociedad.
El Papa León XIV, en un mensaje enviado a los participantes, ha señalado que «en la sociedad contemporánea, la fe cristiana ya no constituye el único referente cultural», y que esta situación «obliga a las Iglesias y a los creyentes a replantearse el modo de expresar y dar testimonio del Evangelio».
Bartolomé I, Patriarca ecuménico de Constantinopla, también ha enviado un mensaje al simposio recordando que «la multiculturalidad crea nuevas posibilidades de comunicación y colaboración, pero al mismo tiempo plantea ante los cristianos la pregunta de cómo pueden dar testimonio de la fe en estas condiciones».
Procesos que suceden “sin pedir nuestro permiso”
En su ponencia, titulada «La fe cristiana en un contexto multicultural. Panorama de las cuestiones en juego», el obispo Martinelli ha recordado que la movilidad forma parte, desde siempre, de la historia de la humanidad, de la historia de la salvación y de la propia Iglesia. Sin embargo, hoy el movimiento y la mezcla de los pueblos se producen «en unas proporciones que nunca antes se habían alcanzado».
La península arábiga ofrece, precisamente, un punto de observación privilegiado para comprobar algunos de los efectos imprevisibles de este fenómeno histórico.
En los Emiratos Árabes Unidos, ha señalado Martinelli, más del 90 % de la población está formada por migrantes, y conviven allí más de 200 etnias y nacionalidades. Los católicos que participan en la vida de las parroquias también proceden de más de cien países y forman una comunidad «multicultural, multiétnica, multiespiritual».
Martinelli habla de ella como de «un laboratorio de Iglesia intercultural». De ahí surge una cuestión decisiva: ¿cómo vivir la diferencia sin eliminarla y sin convertirla en motivo de separación? El Vicario apostólico considera que el proceso de encuentro y mezcla entre culturas no puede detenerse: «No se trata de una decisión política […] sino de un proceso que sucede sin pedir nuestro permiso. Este proceso requiere ser gobernado con sabiduría y visión de futuro».
Ni asimilación ni “melting pot”
A partir de ahí, el obispo, capuchino, ha examinado tres posibles modelos: «asimilación», «multiculturalismo» y «melting pot». Ninguno de ellos, a su juicio, ofrece una respuesta suficiente.
El camino pasa, en cambio, por la «interculturalidad», entendida como apertura y disponibilidad para «hacer interactuar las diferencias y no superarlas». Para una mirada creyente, el referente fundamental es Pentecostés: «En Pentecostés no se produce la superación de las lenguas, sino la unidad que se manifiesta en la diversidad de las lenguas y las culturas». Esta dinámica, ha explicado, se articula en tres dimensiones: la inculturación del Evangelio, la evangelización de las culturas y la interculturalidad de la fe.
El “paradigma” de Pentecostés
La inculturación -ha explicado el Vicario de Arabia Meridional- permite que la fe en Cristo se encuentre con la cultura de cada pueblo y la asuma; la evangelización de la cultura recuerda que el Evangelio interpela y transforma toda cultura; y la interculturalidad hace posible que culturas diferentes, cada una con sus rasgos propios, se encuentren en torno a una misma fe.
La clave está, por tanto, en la reciprocidad. «La Iglesia -ha reconocido el obispo franciscano- no vive de la autonomía de las distintas culturas en las que está presente, sino de la fecunda reciprocidad de las diferencias culturales». Las migraciones están teniendo también consecuencias directas en las propias comunidades cristianas: están cambiando su rostro y haciendo que la interculturalidad deje de ser una cuestión teórica para convertirse en una experiencia concreta de la vida eclesial.
De este modo, la pregunta planteada por León XIV y por Bartolomé -cómo expresar y dar testimonio del Evangelio en una sociedad multicultural- encuentra en la reflexión de Martinelli una posible perspectiva: favorecer «la interacción de las diferencias culturales en torno a la única fe cristiana» y ofrecer, como comunidad eclesial, una contribución específica a la convivencia y a la paz.
(EG) (Agencia Fides 29/9/2026).
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