El obispo Martinelli: la “Iglesia de los trabajadores inmigrantes” puesta a prueba por la guerra

lunes, 16 marzo 2026 iglesias locales   Áreas de crisis   inmigrantes   trabajo   conflictos armados   geopolítica  

avosa.org

por Gianni Valente

Abu Dabi (Agencia Fides) – En los territorios del Vicariato Apostólico de Arabia del Sur -que comprende Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen- quienes comparten la fe católica, empezando por el obispo, son todos inmigrantes. Así han nacido las comunidades eclesiales hoy dispersas por la Península Arábiga. No por cálculos programados, sino a través de las necesidades de la vida real: encontrar un trabajo para vivir y sostener a los propios seres queridos.
Ahora, la sombra de la guerra también se proyecta sobre ellos y sobre su condición. Los Emiratos Árabes forman parte de los objetivos de drones y misiles iraníes tras el ataque israelo-estadounidense contra Irán. Y para los cristianos que trabajan en las metrópolis, en las obras de construcción y en las instalaciones industriales, el futuro se vuelve aún más incierto.
La incógnita es si podrá perdurar una comunidad formada por expatriados que trabajan lejos de sus casas, ahora que el conflicto comienza a afectar también al trabajo. O si por el contrario se dispersará con el tiempo como polvo en el viento, al detenerse los flujos económicos y productivos de los que los trabajadores obtienen su modesto salario.
El obispo Paolo Martinelli, vicario apostólico, suele visitar a las comunidades y parroquias durante el tiempo de Cuaresma. Tras ver y escuchar a narrado a la Agencia Fides que ha podido encontrar consuelo «en las oraciones de los niños por la paz». Y ha experimentado que, incluso en esta situación que corre el peligro de convertirse en precariedad, «el pueblo de Dios es un pueblo fiel». Y ha querido repetir las palabras del apóstol san Pablo: «nada puede separarnos del amor de Cristo».

- Los católicos del Vicariato apostólico son trabajadores inmigrantes. ¿Qué impacto tiene la guerra en su condición de trabajadores? ¿Están cerrando las empresas?
- Nuestros fieles comparten las condiciones laborales de todos los demás trabajadores extranjeros. En los Emiratos Árabes Unidos el 90 por ciento de la población es migrante; en Omán, alrededor del 50 por ciento. Los países del Golfo tienen en los trabajadores extranjeros un recurso esencial. En este momento, en los Emiratos, ante los ataques procedentes de Irán, el gobierno está promoviendo el teletrabajo, sobre todo en el sector privado, para reducir el tráfico y evitar largos desplazamientos hacia el lugar de trabajo. También las escuelas han pasado a la modalidad en línea.
El sector turístico es el que más está sufriendo en este momento. Sabemos que un cierto número de empleados de ese sector no está trabajando, por ahora solo temporalmente, a la espera de comprender cómo evolucionará la situación. Las autoridades locales se han mostrado cercanas a todos los residentes y a los trabajadores. Su deseo es que la vida continúe con normalidad a pesar de las dificultades. Mucho dependerá de la perspectiva a medio y largo plazo.

- ¿Hay quienes han empezado a pensar en regresar a sus países de origen?
- No me parece que, por el momento, se hayan tomado decisiones drásticas; algunos han salido del país temporalmente, aprovechando las dos semanas de vacaciones escolares de los estudiantes. Todos tratan de entender cómo evolucionará la situación para luego valorar qué hacer. La esperanza de todos es poder regresar pronto, esperando el fin de las hostilidades.
Tenemos una buena colaboración con las autoridades civiles también para ayudar a quienes están aquí sin familia y viven en los campamentos de trabajo, para que nadie se sienta solo y aprenda a afrontar con serenidad esta circunstancia de incertidumbre. La religión es considerada un recurso para humanizar la vida, sostener el camino y crear solidaridad entre la gente.

- El rasgo de “provisionalidad” de las comunidades cristianas del Vicariato era un signo fecundo y consolador para todos: comunidades que no nacieron por esfuerzo o planificación, sino de manera gratuita. ¿La guerra ha aumentado aún más la percepción de que esa “provisionalidad” puede convertirse en “precariedad”?
- El sentido cristiano de esta provisionalidad nos lleva a vivir la vida como una gran peregrinación. Nuestros fieles viven intensamente las circunstancias tal como son dadas por la Providencia. Basta ver cómo participan en las celebraciones, cómo se ayudan unos a otros, la pasión que tienen por transmitir la fe a sus hijos y la seriedad con la que se comprometen en el trabajo.
Sin embargo, sabemos que el destino último está en otra parte: el objetivo de la vida es el Reino de Dios, la vida eterna. Y el camino que recorremos es importante precisamente porque conduce a otra parte; cada paso es precioso porque nos acerca a la meta y está sostenido por la virtud de la esperanza. «Todo contribuye al bien de los que aman a Dios», nos recuerda san Pablo en la Carta a los Romanos.
Me parece que esta actitud permite a nuestros fieles atravesar también un momento como este, de mayor incertidumbre en las circunstancias, con la fuerza de la esperanza cristiana. El Señor no nos abandona y camina con nosotros, incluso dentro de la provisionalidad de estos días. Estamos juntos y caminamos juntos; juntos afrontamos también estos nuevos problemas.
La guerra es un shock: sorprende, tiende a desestabilizar y a poner en crisis las certezas que tenemos. Sin embargo, desde la perspectiva de la fe, también esta circunstancia hace aún más evidente que no somos nosotros quienes poseemos la vida y que la esperanza nunca debe ponerse en las circunstancias, que siempre cambian, sino en Cristo, que está presente incluso en la provisionalidad de la vida.

- ¿Cuáles son los efectos en la vida ordinaria de las comunidades (misas, sacramentos, catequesis)?
- Al principio hubo miedo y en los primeros días se registró una cierta disminución de fieles en la Santa Misa. Pero en los días siguientes el número de fieles volvió a ser sustancialmente regular. Incluso, en algunos casos, hemos visto aumentar a los fieles, deseosos de rezar más. Las autoridades civiles favorecen la continuidad de la vida normal. Solo nos han pedido evitar reuniones demasiado numerosas. Por eso, por ejemplo, el catecismo se ha trasladado a la modalidad en línea. Por lo demás, es posible acceder a todos los sacramentos en la parroquia.
En estos días sigo realizando visitas pastorales en nuestras parroquias, encuentro a niños, jóvenes, grupos y celebro la Misa. Siempre encuentro la vitalidad y la participación que caracterizan a este pueblo. También hablamos de la guerra y compartimos las preocupaciones por el futuro, pero siempre con la certeza de que nada puede separarnos del amor de Cristo.

- ¿Ha habido algún hecho, gesto o palabra de algún bautizado que lo haya reconfortado como obispo en estos días difíciles, marcados por el miedo?
- Quisiera recordar dos hechos. El primero se refiere precisamente al primer día, cuando estalló la guerra. Estaba en una parroquia cerca de la frontera con Omán. Celebramos la misa de los niños. No sabía bien qué decir; yo también estaba impactado por esta nueva situación. Pensé en enseñarles una canción sobre la paz: «La paz viene de lo Alto, entra en el corazón, se ve en el rostro». Me conmovió ver cómo la aprendieron enseguida y cómo la cantaban pronunciando y gritando con fuerza las palabras. Me pareció una gran oración de los niños dirigida a Dios para pedir la paz.
El 4 de marzo celebramos el décimo aniversario del asesinato de cuatro religiosas de las Misioneras de la Caridad, ocurrido en Adén (Yemen) en 2016. Con este conflicto recién iniciado, temía que la gente tuviera dificultad para participar; pero, con gran sorpresa, a las siete de la tarde, y a pesar de que durante el día se habían producido varias alarmas, la iglesia estaba llena de gente como en las grandes ocasiones, a pesar de ser un día laborable. El pueblo de Dios es un pueblo fiel.
(Agencia Fides 16/3/2026).


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