El cardenal Tagle: la misión no es una estrategia, sino participación en la “misión de Dios”

lunes, 1 junio 2026 dicasterio para la evangelización   obras misionales pontificias   cardenal tagle   misión  

foto Pascale Rizk

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – «La misión no es una estrategia o un simple plan estratégico, sino una verdadera participación en la misión de Dios». Con estas palabras, el cardenal Luis Antonio Tagle ha subrayado la dimensión profundamente espiritual de la acción misionera durante la homilía pronunciada en la Basílica de San Pedro. La celebración eucarística ha tenido lugar este 1 de junio en la capilla del Coro, con motivo del encuentro de la asamblea general de las Obras Misionales Pontificias.

El purpurado, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización –Sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares–, ha querido recordar el origen y el sentido más profundo del dinamismo misionero que impulsa a la Iglesia.

Al comentar el pasaje del Evangelio proclamado en la liturgia del día, tomado de Marcos (Mc 12, 1-12), en el que Jesús narra la parábola de los viñadores homicidas («Tomaron al hijo amado, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña»), el cardenal ha desarrollado una reflexión centrada en la responsabilidad de los creyentes como administradores y no propietarios de los dones de Dios.

«En el Evangelio –ha explicado– Jesús se dirige a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos. Su audiencia principal eran, por tanto, los judíos, los líderes religiosos, culturales y sociales de aquel tiempo. A través de la parábola, muestra que Dios cuida de su pueblo. La viña es una imagen del pueblo de Israel y expresa el cuidado constante de Dios por él».

Sin embargo, ha añadido el cardenal, el comportamiento del pueblo refleja una relación inestable con Dios: «A veces recuerdan las verdades de Dios, otras veces lo olvidan. A veces lo alaban, otras veces eligen otros dioses. Este es el pueblo llamado a ser pueblo de Dios. Pero Dios permanece fiel».

A pesar de la variabilidad del pueblo en su fidelidad a Dios existe una dinámica de memoria y olvido que ofrece una clave pastoral concreta. El cardenal ha observado: «tenemos una larga lista de problemas por resolver, pero no tenemos una lista, una memoria, de las bendiciones de Dios para nosotros». Esta contraposición entre la “lista de problemas” y la “memoria de las bendiciones” sugiere que las crisis de la fe no surgen únicamente de las dificultades reales -que no han de ser ni minimizadas ni negadas-, sino de la pérdida de la memoria de la acción de Dios. «Sí, las dificultades siempre las hemos tenido y las tendremos, pero abramos los ojos a la acción maravillosa de Dios en nuestra vida, incluso a pesar nuestro», ha insistido el cardenal.

En la parábola de los viñadores, ha continuado el purpurado, también se transmite un mensaje que invita a un serio examen de conciencia. «¿Por qué los viñadores comienzan a olvidar que eran administradores? No quieren compartir la cosecha, quieren quedársela para sí. Y eso les lleva a rechazar a quienes el dueño ha enviado para reclamar su parte. Y cuando incluso es enviado el hijo del dueño, dicen: “Si eliminamos al hijo, ya no habrá heredero. Nos convertiremos nosotros en herederos”», ha recordado, trazando un puente hacia la actualidad.

«Esta es la situación hasta nuestros días», ha afirmado el cardenal. «Hemos visto todos los conflictos, las guerras que han tenido lugar en el mundo y, lamentablemente, también dentro de la Iglesia». A continuación, ha advertido: «Si olvidamos nuestra identidad de administradores a quienes el Señor ha confiado el cuidado de su viña, podemos haber prestado un mal servicio a Dios e incluso haber arruinado la viña».

Este, ha insistido el cardenal, es un aspecto fundamental para la misión, que «es realmente una participación en la misión de Dios, el Padre que se ocupa de su pueblo».

El purpurado ha animado después a todos los presentes en la misa -entre ellos los más de cien directores y directoras nacionales de las Obras Misionales Pontificias llegados a Roma desde los cinco continentes- a alabar a Dios unos por otros: «Quizá no se hayan dado cuenta, pero cada uno de nosotros es un don precioso de Dios. Podemos tener límites, cada uno de nosotros, pero somos dones preciosos de Dios. Y queremos dar gracias y alabar a Dios unos por otros. A todos los que, de manera formal o informal, están unidos: les ruego que no olviden que somos parte, aunque indignos, de la bendición de Dios para la Iglesia. Cuidémonos unos a otros. Cuidemos la misión».

Un verdadero envío en misión que se ha producido instantes antes de la audiencia de los participantes en la Asamblea general de las Obras Misionales Pontificias con el Papa León XIV, y un recordatorio de que en la fuente del impulso misionero no hay estrategias ni planes de acción, susceptibles de ser cuestionados ante la mínima dificultad, ni el genio personal de unos u otros, sino el reconocimiento de un don inestimable y gratuito: el de Dios, al que se ha de cuidar. Un eco de la Primera Carta de san Pablo a los Corintios: «Y aunque repartiera todos mis bienes entre los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve».
(ML) (Agencia Fides 1/6/2026)


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