La Asamblea de las Obras Misionales Pontificias peregrina tras las huellas del beato Paolo Manna

domingo, 31 mayo 2026 obras misionales pontificias   misión   jornada mundial de las misiones  

Ducenta (Agencia Fides) – «Toda la Iglesia, todas las Iglesias para todo el mundo». La célebre frase-motivo del beato Paolo Manna, que expresa la dimensión universal del impulso misionero como rasgo esencial de toda comunidad eclesial viva, ha resonado nuevamente en la capilla hexagonal de Ducenta, en la diócesis de Aversa, donde desde 2005 reposan los restos mortales del beato.
La expresión ha sido retomada por el recién nombrado arzobispo de Benevento, Michele Autuoro, durante la homilía pronunciada en la celebración eucarística de la mañana de este domingo 31 de mayo, solemnidad de la Santísima Trinidad.
Ante él han estado los participantes de la Asamblea general 2026 de las Obras Misionales Pontificias (OMP), reunidos estos días en Roma, entre ellos más de cien directores y directoras nacionales de la red mundial llegados desde los cinco continentes.
En medio de una intensa semana de sesiones de trabajo, celebradas en el Colegio Internacional San Lorenzo da Brindisi, la visita dominical a tierras campanas ha sido vivida por los responsables nacionales como una auténtica peregrinación a uno de los lugares significativos de la memoria compartida de las OMP.
En Ducenta, en 1921, Manna había fundado el “Seminario del Sagrado Corazón”, hoy centro de espiritualidad misionera animado por el Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras, con el objetivo de sostener las vocaciones misioneras del sur de Italia.

La inquietud misionera de Manna

Paolo Manna (1872-1952), beatificado en 2001 durante el pontificado de Juan Pablo II, con su apasionada inquietud misionera sigue ofreciendo a las OMP claves de lectura actuales para vivir la vocación apostólica en el presente.
Manna es reconocido como fundador de la Pontificia Unión Misional, una de las cuatro Obras Misionales Pontificias, instituida por Benedicto XV en 1916 con el nombre de “Unión Misionera del Clero”. Según su intuición, todos los sacerdotes -y no solo los misioneros “ad gentes”- debían asumir la responsabilidad misionera de la Iglesia, orientada hacia el mundo entero.
Durante su etapa como superior del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras, Manna realizó un viaje de 14 meses alrededor del mundo para conocer de primera mano las experiencias misioneras. A raíz de aquella experiencia, en 1929 redactó un texto mecanografiado (“Observaciones sobre el método moderno de evangelización”) que permaneció inédito hasta después del Concilio Vaticano II. En dicho escrito, Manna defendía con firmeza la necesidad de reformar la formación de los seminaristas y de confiar progresivamente la guía de las Iglesias locales a sacerdotes y obispos autóctonos.
La Asamblea anual de las OMP ofrece también un espacio de evaluación de solicitudes de financiación para proyectos vinculados a la actividad misionera y a las necesidades de las comunidades locales. Sin embargo, el legado de Manna sigue recordando que la misión no puede reducirse a una mera gestión de recursos materiales.
«Las misiones, por su carácter marcadamente occidental», escribía Manna, en el lenguaje de su época, en sus “Observaciones”, «se presentan ante los no creyentes como organizaciones de extranjeros. Los paganos -los que comprenden, los que cuentan- no ven a Jesucristo en primera línea en la difusión de la fe. Ven la escuela, el hospital, grandes y bellas obras, ven sobre todo a extranjeros ricos y poderosos, y en los convertidos a hombres dependientes de esos extranjeros por los beneficios recibidos o esperados».
«Hoy», añadía también Manna, «es preocupante comprobar cómo la idea de la indispensabilidad del dinero ha penetrado en la mente de los misioneros actuales».

La fuente de la misión y el misterio trinitario

El arzobispo Autuoro ha recordado en la conclusión de su homilía que Manna «llevaba en el corazón el deseo de que el Evangelio fuese anunciado a todos y de que todos los miembros de la Iglesia, todos los bautizados, sintiesen esta urgencia para que el Evangelio llegase a todos y todos, en Cristo y en el amor trinitario, fuesen santos».
El arzobispo, nombrado por León XIV el pasado 13 de mayo al frente de la archidiócesis de Benevento, preside la Comisión episcopal para la evangelización de los pueblos y la cooperación entre las Iglesias. Entre 2013 y 2018, como director de Missio Italia, ha participado también en las asambleas de las Obras Misionales Pontificias.
En su homilía, Autuoro ha subrayado que el dinamismo misionero de la Iglesia no nace de proyectos estratégicos ni de campañas de propaganda, sino del misterio de la comunión trinitaria, celebrado precisamente en la solemnidad del día.
«Y es hermoso pensar», ha añadido el arzobispo, «que en este día también ustedes celebran la Asamblea de las Obras Misionales Pontificias». Asimismo, ha recordado las palabras del Papa León XIV con motivo del mensaje para la próxima centésima Jornada Mundial de las Misiones: «No solo la misión nace de la unidad, sino que es eficaz cuando estamos todos unidos. Y las Obras Misionales, en todo el mundo, son precisamente expresión de esta unidad».
En un tiempo marcado por divisiones, violencia, muerte y guerras, el arzobispo ha subrayado que la Iglesia -también a través del compromiso de las Obras Misionales Pontificias- está llamada a construir relaciones entre todos los pueblos de la tierra: relaciones de fraternidad, de comunión y de paz. Porque, ha recordado, el primer don del Resucitado a la Iglesia y a la humanidad es precisamente la paz.
(GV) (Agencia Fides 31/5/2026)


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