Por Gianni Valente
Roma (Agencia Fides) – El Niño Jesús encontró refugio en Egipto, junto a José y María, para huir de la amenaza de Herodes. Quizá también hoy el continente africano, aunque herido por guerras, tribalismos y neocolonialismos “inculturados”, pueda representar un paradójico lugar de acogida para lo que proviene de Jesús, mientras que en el Occidente postcristiano a menudo se ignora, se combate o se desnaturaliza todo aquello que lleva el nombre de Cristo.
Resulta sugestiva la reflexión propuesta por el arzobispo nigeriano Fortunatus Nwachukwu, secretario del Dicasterio para la Evangelización, en vísperas de la Visita apostólica que llevará al Papa León XIV a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Se trata de un viaje en cuatro etapas -señala el secretario del Dicasterio misionero en la entrevista concedida a la Agencia Fides- que conduce al Sucesor de Pedro a encontrarse con los tesoros y las heridas abiertas de las comunidades eclesiales y de los pueblos de los países visitados, en un tiempo en el que algunas guerras oscurecen otras, tanto en África como en el resto del mundo.
- Como nigeriano, ¿tiene alguna expectativa personal ante el viaje de León XIV a cuatro países africanos?
- Como nigeriano, mi deseo sería poder ver pronto al Papa también en mi país. Cuando el padre Robert Francis Prevost se convirtió en superior general de la Orden de San Agustín, el primer país africano que visitó fue Nigeria. Los obispos nigerianos han realizado recientemente en Roma la visita ad limina y han invitado también al Papa León a visitar el país. Esperamos que Nigeria pueda recibir en un futuro próximo la bendición de acoger al Papa.
Una visita del Papa da un impulso especial, genera entusiasmo ya desde la fase de preparación y de espera. Se convierte en una ocasión de conversión interior, que hace surgir el deseo de mejorar las cosas no solo en la dimensión de la fe, sino también en la dimensión más amplia de la vida social.
- ¿Hay un “hilo conductor” que une las visitas a los cuatro países?
- Este impulso, este “tónico” que supone la visita del Papa alcanza a cuatro países muy distintos, pero que comparten el hecho de estar viviendo un momento crucial de su historia.
Argelia, después de tantos años de crisis y tensiones internas, está renaciendo y recuperando la paz y la tranquilidad. La visita del Papa tiene como símbolo dos palomas que beben de una fuente, y evoca la necesidad de fortalecer esta comunión, esta solidaridad fraterna que tanto bien haría al país.
Esa misma solidaridad y reconciliación sería muy deseable también en Camerún, desgarrado desde hace tiempo por tensiones y conflictos. La visita del Papa puede recordar tanto a la población como a los gobiernos que existe un punto en común: para los cristianos es la fe en Jesucristo, y con los musulmanes, el hecho compartido de ser creyentes.
-¿Y los otros países?
-También Angola ha salido desde hace años de varios conflictos internos y se está reconstruyendo. Es un gran productor de petróleo, y lo que podría ser una bendición, lamentablemente genera también mucha corrupción en la gestión de los recursos.
También en Guinea Ecuatorial la producción de petróleo se ha convertido en la principal fuente de ingresos. Y los gobernantes están llamados a aprovechar estos recursos para el bien común, en lugar de que acaben en bolsillos privados.
- En Occidente hay quienes se esfuerzan por delinear supuestos “objetivos estratégicos” del viaje papal, y se habla de manera indistinta de “viaje a África”…
- La tentación en Occidente es meter a los cuatro países en el mismo saco, como si fueran un único país. Se habla de “viaje a África”, mientras que si el Papa va a Argentina o a Perú, nadie se limita a decir que ha ido “a América”.
Entre los cuatro países hay similitudes y diferencias que no se pueden uniformar. Cabe señalar que las lenguas habladas en los países que visitará el Papa -junto con las lenguas y dialectos locales- son precisamente las que se hablan en todo el continente africano: árabe, francés, inglés, español y portugués.
- ¿Cuáles son los dones y las riquezas que las comunidades eclesiales de los cuatro países pueden compartir con la Iglesia universal?
- La visita a Argelia recordará a la Iglesia universal la necesidad del diálogo, especialmente el diálogo con los creyentes del islam. Presentará al mundo las comunidades cristianas que viven en medio de musulmanes, y que necesitan ser sostenidas en su urgencia de vivir en un clima de diálogo y de acogida recíproca, para poder seguir viviendo y floreciendo.
He vivido en Argelia como secretario de la Nunciatura, y también a la luz de esa experiencia quiero subrayar que necesitamos poner de relieve la dimensión del diálogo interreligioso y del diálogo con el islam, también por el bien del “pequeño rebaño” en Argelia.
- Un momento importante de la visita a Argelia será la visita a Annaba, la antigua Hipona, donde fue obispo san Agustín…
- Sí, esto ayudará a recordarnos que la Iglesia, en los primeros siglos, floreció en Argelia y en el norte de África. Pero ya en el Evangelio es muy fuerte el vínculo entre Tierra Santa, la historia de la salvación y el norte de África.
Es Simón de Cirene quien ayuda a Jesús a llevar la cruz, y Cirene se encontraba en la actual Libia. María y José huyen a África, van a Egipto para salvar al niño Jesús de Herodes. Y quizá algo parecido está ocurriendo también ahora…
- ¿De qué manera?
- Es una sugerencia que me interpela desde la época en que era doctorando en el Pontificio Instituto Bíblico. Cuando estudiaba la Sagrada Escritura, veía que África había ofrecido refugio a la vida del Niño Jesús, amenazada por Herodes. Había sido un lugar de auxilio y protección. Luego, cuando pasó el peligro, Jesús regresó con María y José a Tierra Santa. Quizá también hoy el cristianismo, la vida que brota de Jesús, vuelve a estar amenazada en el Occidente postcristiano, donde muchas personas parecen sentir una aversión inexplicable hacia todo lo que lleva el nombre de Cristo. Y entonces, en esta situación de presión por parte de una ideología amenazante, me preguntaba -y me sigo preguntando- si este no será otro momento en el que África puede ofrecer de nuevo una especie de lugar de refugio para lo que viene de Jesús, como ocurrió cuando Él era niño. Esto también podría ayudar a comprender lo que sugiere el crecimiento actual del cristianismo en África subsahariana. También en Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial la Iglesia católica y otras Iglesias y comunidades eclesiales están creciendo.
- Cuando se hace referencia a este crecimiento, a veces se habla de él como de un fenómeno auto generado, sin siquiera recordar la labor de los misioneros y las misioneras…
- Cuando el Señor quiere prepararse un lugar de refugio, lo hace siempre de una manera singular y sorprendente. En este caso, el Señor ha comenzado a prepararse ese lugar de acogida también a través de los misioneros y las misioneras. Son personas que han entregado y siguen entregando su juventud, que han dejado una vida más cómoda y a sus seres queridos, y han partido hacia lugares desconocidos, donde acechaban la muerte y enfermedades incurables; muchos han llegado incluso a sacrificar su propia vida.
Nosotros, con todas nuestras capacidades y nuestra elocuencia, ya no tenemos ese valor, ni esa fe, ni esa pasión que lleva hasta dar la vida para anunciar el Evangelio.
- ¿Cuáles son, en cambio, las heridas abiertas, los puntos de sufrimiento de las Iglesias de los países subsaharianos que visitará el Papa León?
- Algunas de las heridas están relacionadas con el tribalismo, el etnocentrismo, y son formas de cierre y de repliegue sobre uno mismo. Yo lo llamo la “mentalidad del selfie”.
Es la mentalidad que hoy se expresa también en la moda de hacerse fotos girando el teléfono hacia uno mismo. Una introversión de la que, de algún modo, ya se habla en el primer libro de la Biblia…
- ¿Dónde lo dice?
- En el Génesis vemos que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. El ser humano debería ser como un espejo, un espejo o una cámara fotográfica enfocada en Dios, que capta y reproduce la imagen y la semejanza de Dios.
En la condición originaria de la creación, el hombre y la mujer no están replegados sobre sí mismos, no se miran a sí mismos, hasta el punto de que ni siquiera se dan cuenta de que están desnudos, y no sienten vergüenza.
Con el pecado, la situación se invierte: el hombre y la mujer se repliegan sobre sí mismos. El objetivo de la cámara se gira hacia ellos mismos, como ocurre ahora con los “selfies” hechos con los teléfonos móviles. En el centro están ellos, y solo entonces se dan cuenta de su desnudez, comienzan a avergonzarse, a dividirse y a reprocharse mutuamente. Es a partir de ahí que entramos en el “dominio del selfie”; de ahí nacen las divisiones, los tribalismos y las guerras fratricidas, desde Caín y Abel hasta hoy, hasta las guerras en Ucrania e Irán, pasando por el genocidio en Ruanda.
Todas las formas de tribalismo y etnocentrismo, que también condicionan la vida de las comunidades eclesiales, nacen de ahí. Y solo pueden superarse si el encuentro con Jesús vuelve a abrir nuestros ojos y libera nuestra mirada de este auto replegarse.
Como ocurre con los discípulos de Emaús, en el capítulo 24 del Evangelio según Lucas: cuando Jesús parte el pan delante de los dos discípulos -dice el Evangelio-, solo entonces “se les abrieron los ojos”. Solo entonces dejan de mirarse a sí mismos y reconocen a Jesús.
- En los países que visitará el Papa, la misión de la Iglesia ha tenido que ver con el colonialismo y con los procesos de descolonización. ¿Y ahora?
- Creo que el colonialismo es algo verdaderamente diabólico, que trata a las personas y a los pueblos como instrumentos, con el único objetivo de reducirlos a un nivel de sometimiento para explotarlos. La raíz del colonialismo es lo que yo también llamaría la “cultura del selfie”. El colonialista solo se mira a sí mismo; sus intereses se convierten en la medida de todas las cosas. Y los demás, pueblos y personas, son solo instrumentos para perseguir sus propios intereses.
En África, después de haber sufrido el colonialismo, hemos vivido los años de la independencia. A los africanos se les ha dado al menos en parte la posibilidad de dirigir sus propios países. ¿Lo están haciendo bien? Yo digo que solo hasta cierto punto podemos echar toda la culpa de los males actuales de África a Occidente. No podemos seguir con este juego de acusar siempre a los otros, de señalar siempre hacia afuera.
Hemos tenido ejemplos de gobiernos africanos que han tomado la situación en sus manos y han empezado a cambiar las cosas en sus países. Pero, por desgracia, también hay gobernantes que gestionan su poder con arrogancia y casi aplican de forma “inculturada” las mismas prácticas del colonialismo, adaptándolas al nepotismo y al tribalismo. Favorecen a sus propias familias, a sus propias etnias, buscando borrar a las demás.
Así, si las compañías occidentales vienen a África a explotar las minas, lo hacen siempre implicando a personas y grupos locales que a menudo no piensan en el bien del país, sino solo en sus bolsillos. ¿A quién debemos culpar cuando hay trabajo esclavo o trata de personas? A veces, las propias víctimas de la trata son entregadas a los traficantes por sus propios familiares y conocidos.
- El Papa deja Roma y viaja a África en tiempo de guerra. ¿En los países africanos cómo se ven y se sufren los conflictos que monopolizan la atención del mundo?
- El viaje del Papa podrá llamar la atención también sobre las guerras olvidadas de África. En Occidente se tiene la percepción de que las únicas guerras en curso son las de Irán, Líbano y Ucrania. Sin embargo, hay conflictos en Myanmar, y el que ha enfrentado a Pakistán y Afganistán.
Desde hace años hay una guerra civil en Camerún, y nadie habla de ello. No se habla de cristianos y musulmanes secuestrados o asesinados en Nigeria. Y también hay guerras y violencias en Sudán del Sur o en el Cuerno de África…
El número de personas asesinadas, heridas y desplazadas en estos conflictos es impresionante. Y la visita del Papa puede hacer que todo esto vuelva a la atención del mundo.
(Agencia Fides 13/4/2026)