EUROPA/HUNGRÍA - El Papa Francisco a los católicos húngaros: en tiempos de secularismo, mirad al rostro de vuestros Santos

viernes, 28 abril 2023 papa francisco   iglesia católica   iglesias locales   santos   secularización  

VaticanMedia

Budapest (Agencia Fides) - «Las respuestas vienen del Señor y no del mundo; del Sagrario y no del ordenador». En Budapest, en la catedral de San Esteban, el Papa Francisco muestra a la Iglesia de Hungría la brújula a seguir en el camino de la historia, ahora que también ese pueblo bendecido por el don de una «fe granítica» (palabras del Pontífice) aborda las incógnitas del secularismo y el debilitamiento de la memoria cristiana.
Al final de su discurso, el Papa ha besado el relicario que contiene la mano derecha de San Esteban, la reliquia más venerada de Hungría. En primer lugar, el Obispo de Roma ha exhortado a los católicos húngaros a vivir el tiempo presente «haciendo de la evangelización una prioridad» y huyendo de las tentaciones del «derrotismo catastrofista y del conformismo mundano». Sus palabras se han dirigido a los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas reunidos en la catedral, mientras en la plaza, abarrotada por una multitud atenta y serena, han resonado también su discurso.
En el segundo mensaje público de su viaje apostólico a Hungría, el Papa Francisco ha expuesto sin tapujos las urgencias a las que se enfrenta la labor apostólica en Hungría, al igual que en otros países de la antigua cristiandad. Ha recordado la crisis de vocaciones que conlleva un «sobrecarga de trabajo de los sacerdotes». Ha evocado «modelos de vida marcados por el materialismo y el hedonismo» que conforman la experiencia de las jóvenes generaciones. Incluso en esta condición -ha insistido el Papa, haciéndose eco del lema del viaje- se puede reconocer y experimentar que «Cristo resucitado, centro de la historia, es el futuro», y «Nuestra vida, aunque marcada por la fragilidad, está puesta firmemente en sus manos. Si olvidamos esto - ha proseguido el Pontífice - también nosotros, pastores y laicos, buscaremos medios e instrumentos humanos para defendernos del mundo, encerrándonos en nuestros confortables y tranquilos oasis religioso; o, por el contrario, nos adaptaremos a los vientos cambiantes de la mundanidad y, entonces, nuestro cristianismo perderá vigor y dejaremos de ser sal de la tierra».
En su camino a través del tiempo, y especialmente en esta fase histórica, la Iglesia - ha reiterado el Papa - debe prevenirse contra estas dos tentaciones: «una lectura catastrofista de la historia presente, que se alimenta del derrotismo de quienes repiten que todo está perdido, que ya no existen los valores del pasado, que no sabemos dónde iremos a parar». Y la lectura ingenua del conformismo mundano, que «nos hace creer que al fin de cuentas todo está bien, que el mundo ha cambiado y debemos adaptarnos». La respuesta cristiana a las incógnitas del tiempo presente no puede ser «la de volverse rígidos, la de encerrarse y la de adoptar una actitud de “combatientes”». Y mucho menos el camino a seguir puede ser el de «caer en la mundanidad". Durante su discurso, el Papa ha subrayado repetidamente que la mundanización y la mundanidad espiritual son “lo peor” que puede ocurrir en la Iglesia. Por el contrario, es mejor afrontar el tiempo que viene «con sus cambios y sus desafíos» - ha sugerido el Papa, recordando el Evangelio - porque a través de todo esto «el Señor se acerca. Y mientras tanto, estamos llamados a cultivar la época que nos ha tocado, a leerla, a sembrar el Evangelio, a podar las ramas secas del mal, a dar fruto. Estamos llamados a una acogida con profecía». Citando un discurso de su predecesor, el Pontífice ha sugerido que incluso la época actual puede ser propicia para agradecer el don de la fe. «Benedicto XVI afirmó que las distintas épocas de secularización vienen en ayuda de la Iglesia porque “han contribuido de modo esencial a su purificación y reforma interior. En efecto, las secularizaciones [...] han significado siempre una profunda liberación de la Iglesia de formas mundanas”». Así, las emergencias y las mismas dificultades relacionadas con el declive de las vocaciones pueden llevar a «actualizar la vida pastoral», hasta reconfigurar con libertad « la parroquia en el territorio, pero haciendo de la evangelización una prioridad e iniciando una colaboración activa entre sacerdotes, catequistas, agentes de pastoral y profesores». También sobre el “hermoso trabajo” y el “antiquum ministerium” de los catequistas, el Papa ha querido añadir unas palabras al texto escrito. «Hay lugares en el mundo —pensemos en África, por ejemplo— donde la evangelización la llevan adelante los catequistas. Los catequistas son las columnas de la Iglesia».
El Papa ha identificado lo contrario de la pasión eclesial de la que son testigos tantos catequistas y catequizandos con los impulsos divisorios que se infiltran en las comunidades eclesiales cuando «en vez de jugar en equipo, jugamos al juego del enemigo: el diablo es el que divide, y es un artista en hacer esto, es su especialidad. Y vemos a los obispos desconectados entre sí, sacerdotes en tensión con el obispo, sacerdotes mayores en conflicto con los más jóvenes, diocesanos con religiosos, presbíteros con laicos, latinos con griegos; nos polarizamos en temas que afectan a la vida de la Iglesia, pero también en aspectos políticos y sociales, atrincherándonos en posiciones ideológicas. No dejen entrar las ideologías". El Papa ha pedido en particular a los sacerdotes que eviten la rigidez, que tengan «una mirada misericordiosa, un corazón compasivo, que perdona siempre», para « transmitir el consuelo del Señor en las situaciones de dolor y pobreza del mundo, acompañando a los cristianos perseguidos, a los migrantes que buscan hospitalidad, a las personas de otras etnias, a cualquiera que lo necesite». Y para huir de las trampas diabólicas de la división, ha invitado a todos a mirar a los numerosos santos, mártires y confesores de la fe que han marcado la historia de la nación húngara, desde San Esteban (que «iba a dar limosna disfrazado para no ser reconocido» al Cardenal Jozsef Mindszenty el Primado de Hungría detenido y perseguido durante el régimen comunista. El Papa Francisco también ha recordado el valiente y paciente testimonio «de las hermanas húngaras de la Sociedad de Jesús, a las que conocí en Argentina, después de que abandonaran Hungría durante la persecución religiosa. Aquellas eran mujeres de testimonio, buenas. Con su testimonio me hicieron mucho bien».
(GV) (Agencia Fides 28/4/2023)


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