OFM Cap Pakistan
Lahore (Agenzia Fides) - El padre Mahboob Evarist, primer sacerdote capuchino de origen punyabí en Pakistán, ha fallecido el 27 de julio de 2026 a los 75 años de edad. La misa funeral se ha celebrado el 28 de julio en el convento de Santa María de Lahore y ha sido presidida por el arzobispo de Lahore, Mons. Khalid Rehmat, OFM Cap., quien ha rendido un emotivo homenaje a las décadas de entrega del padre Mahboob al ministerio sacerdotal. También el arzobispo Joseph Arshad, de Islamabad-Rawalpindi, ha recordado con afecto el camino compartido con el religioso fallecido, mientras que el padre Ajaz Bashir, OFM Cap., Custodio de la Custodia Capuchina de Mariam Siddeeqa (la Provincia capuchina de Pakistán), lo ha definido como “una verdadera figura paterna y un querido hermano mayor dentro de la fraternidad”.
La celebración fúnebre ha reunido a una amplia representación de sacerdotes diocesanos y religiosos, religiosas, autoridades civiles y sociales, así como a numerosos fieles laicos cuyas vidas han sido tocadas por su humilde servicio.
El padre Mahboob, ha recordado el arzobispo Rehmat, “encarnaba el espíritu de la minoritas franciscana, viviendo con profunda humildad, alegre sencillez, auténtica comunión fraterna y una constante vida de oración, como un verdadero Pobrecillo de Cristo en el corazón de Pakistán”. “Sociable, alegre y profundamente perspicaz, poseía un carácter fascinante que hacía sentirse cómodas a las personas y favorecía vínculos profundos de fraternidad”, ha añadido.
Un testimonio duradero de su legado artístico y espiritual se encuentra en la parroquia del Santo Rosario de Faisalabad, donde diseñó y construyó el Santuario de la Bienaventurada Virgen María. Esta magnífica “gruta mariana” es hoy “un monumento vivo de fe, arte arquitectónico y profunda devoción mariana, que seguirá inspirando a generaciones de peregrinos”, ha subrayado.
“Siguiendo el espíritu franciscano, el padre Mahboob cultivaba también un amor tierno por la creación de Dios, descubriendo la armonía divina en las plantas y en los animales”, ha señalado a Fides el padre Lazar Aslam, OFM Cap., coordinador de la Comisión “Justicia, Paz y Ecología” de los Capuchinos en Pakistán.
El padre Mahboob era también un escritor de talento y un orador elocuente. “Prestaba una profunda atención a la lengua y a la cultura punyabí –recuerda el padre Aslam–. Consideraba las tradiciones culturales locales un canal privilegiado para la encarnación del Evangelio, integrando con maestría el color regional, las expresiones populares y las tradiciones autóctonas en sus homilías, escritos y en su acompañamiento pastoral, convirtiéndose así en un pionero de una auténtica inculturación de la fe”. “Él, ha permanecido como un fiel testigo de Cristo con sus palabras y sus obras, encarnando la belleza de la vida comunitaria, la oración contemplativa y la fraternidad franciscana, ofreciendo consuelo a los pobres y a las personas más vulnerables”, ha observado.
El padre Mahboob ha sido sepultado en el histórico cementerio de los Capuchinos de Sahowala, donde descansan numerosos misioneros capuchinos belgas y otros religiosos, pakistaníes y extranjeros, que han entregado su vida al anuncio del Evangelio en el Punjab.
En una reseña histórica compartida con Fides por el padre Lazar Aslam, se recuerda que el 15 de noviembre de 1888 la Congregación vaticana de “Propaganda Fide” confió el territorio de la misión de Lahore a los frailes capuchinos de la Provincia de Bélgica. Los Capuchinos belgas enviaron ocho sacerdotes y ocho hermanos religiosos que, en 1889, fueron acogidos por el primer obispo de Lahore, monseñor Symphorien Mouard, OFM Cap.
La obra de evangelización comenzó en Sialkot y en los pueblos cercanos, donde los misioneros visitaban las comunidades, enseñaban y anunciaban la Palabra de Dios. Ya en 1889, setenta adultos recibieron el bautismo. Cada misionero atendía alrededor de ochenta pueblos y los Capuchinos fundaron dieciocho escuelas para la educación de los niños. A pesar de las dificultades, durante el primer año el número de fieles alcanzó aproximadamente las mil personas. “Esta obra misionera continuó, por la gracia de Dios, también gracias a la valiosa contribución de los primeros catequistas”, recuerda el padre Aslam.
Ante las necesidades de la población, el obispo de Lahore abrió dos importantes estaciones misioneras en Adah y Sahowala, donde se construyeron sendas iglesias. Desde estos centros, los misioneros franciscanos llegaban a numerosos pueblos, anunciando el Evangelio, distribuyendo medicamentos, abriendo dispensarios y atendiendo a pobres y marginados. Muchas personas pertenecientes a los sectores sociales más desfavorecidos y a las castas más bajas se sintieron atraídas por el cristianismo.
En 1892 la diócesis adquirió un amplio terreno para fundar una comunidad cristiana estable: nació así el pueblo de Mariamabad, concebido como modelo misionero, que acogía a familias católicas favoreciendo el crecimiento de la presencia cristiana y de la vida comunitaria. En 1900 el padre Henri Finck, conocido como “padre Félix”, asignó terrenos agrícolas a varias familias cristianas en la localidad de Khushpur, que prosperó hasta convertirse en lo que hoy se conoce como el “Vaticano de Pakistán”. Para consolidar aún más las comunidades cristianas y mejorar sus condiciones de vida, los Capuchinos fundaron también los pueblos de Francisabad en 1904, Anthonyabad en 1916 y otros núcleos de mayoría cristiana.
Durante la Partición entre India y Pakistán, los misioneros afrontaron enormes dificultades. Con el nacimiento de Pakistán en 1947, parte del territorio de la diócesis de Lahore quedó en India, pero la obra misionera continuó. Ya en 1939 la diócesis de Lahore había sido dividida y en 1947 se introdujeron nuevas modificaciones con la creación de la diócesis de Rawalpindi.
Actualmente, los Capuchinos trabajan principalmente en las archidiócesis de Lahore, en el Punjab septentrional, corazón histórico de su presencia, y de Karachi, la gran metrópoli costera de la provincia de Sindh. La Orden gestiona casas de formación, seminarios y numerosas obras educativas, registrando un crecimiento constante de las vocaciones franciscanas. Continúa además custodiando el Santuario nacional de Mariamabad, uno de los principales lugares de peregrinación y devoción mariana de Pakistán.
En un país de amplia mayoría musulmana, los Capuchinos siguen construyendo relaciones de paz y fraternidad y, siguiendo el espíritu de san Francisco de Asís, promueven encuentros con líderes musulmanes, favoreciendo el diálogo interreligioso, la integración, la paz, la justicia y la defensa de la dignidad y los derechos humanos.
(PA) (Agencia Fides 30/7/2026)