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Yangon (Agencia Fides) – En un Myanmar sacudido por casi cinco años de guerra civil, iniciada tras el golpe de Estado del 1 de febrero de 2021, la junta militar ha puesto en marcha una consulta electoral para elegir el Parlamento nacional bicameral. De las listas electorales han sido excluidos partidos de oposición como la Liga Nacional para la Democracia, que estaba en el gobierno en 2021. El proceso electoral se ha organizado en tres fases distintas: la primera tuvo lugar el 28 de diciembre en 102 municipios; la segunda se celebra el 11 de enero en cerca de 100 municipios de 12 estados, mientras que la última está prevista para el 25 de enero. La votación ha sido boicoteada tanto por el Gobierno civil de Unidad Nacional (NUG), en el exilio y vinculado a las fuerzas de la resistencia, como por las organizaciones armadas étnicas, históricamente presentes en Myanmar.
Las urnas se abren mientras continúan los combates en más de un tercio del país. Según un análisis reciente publicado por la emisora británica BBC y basado en datos de organizaciones locales, aproximadamente el 21 % del territorio de Myanmar, en la zona central, está controlado por la junta militar; el 42 %, en las áreas periféricas, se encuentra bajo el control de las fuerzas de la resistencia y de milicias étnicas, mientras que el resto del país (alrededor del 37 %) corresponde a zonas disputadas, donde todavía se combate y donde no será posible votar.
En la primera fase de la votación, caracterizada por una participación del 70 % del electorado, según la Comisión Electoral, el Union Solidarity and Development Party (USDP) obtuvo el 90 % de los votos. En sus listas figuran funcionarios públicos y personalidades políticas vinculadas al régimen.
A pesar de los límites de una consulta organizada por un régimen militar, «las elecciones siguen siendo un paso que la población vive con expectativas y con la esperanza de que algo pueda cambiar», señala en conversación con la Agencia Fides John Aung Htoi, sacerdote de la diócesis de Myitkyina, ciudad del estado Kachin, una de las localidades donde los ciudadanos pueden votar.
«La gente acude a las urnas, por un lado, por miedo a posibles represalias si no lo hace; y, por otro, porque espera algo nuevo que desbloquee el estancamiento en el que ha caído la nación», explica. «También en la historia pasada de Myanmar -recuerda el sacerdote- los militares han actuado siguiendo el mismo esquema, transfiriendo gradualmente el poder a un gobierno civil, pero manteniendo un férreo control del país». «El partido USDP, que está recibiendo la mayoría de los votos, es expresión de los militares, por lo que se prevé que forme el gobierno y que los dirigentes de la junta permanezcan en la cúpula del país, aunque como civiles», añade.
«La población -continúa el padre John Aung Htoi- espera, en cualquier caso, que con un gobierno civil haya mayores posibilidades de diálogo, también porque las Fuerzas de Defensa Popular y el gobierno en el exilio siempre han afirmado que un diálogo solo será posible con un gobierno civil. Habrá que ver qué sucede: lo que desea el pueblo birmano es que este proceso electoral produzca una evolución del sistema político y reabra espacios de confrontación y negociación con la oposición».
También entre los ejércitos de las minorías étnicas se perciben señales de apertura en este sentido: el Kachin Independence Army (KIA), una de las formaciones más fuertes y organizadas, ha declarado que podría iniciar un diálogo con el nuevo gobierno civil. «Si eso ocurre, todos los demás ejércitos étnicos seguirán el mismo camino. Entonces habrá una perspectiva y una esperanza de diálogo nacional», observa el padre John.
«Los católicos de Myanmar –concluye- lo esperan con todo el corazón. Estamos del lado del diálogo y de la paz, y deseamos que en 2026 el país pueda superar este conflicto que ha causado muerte, destrucción y desplazamientos. Las comunidades cristianas viven este tiempo en intensa oración y continúan prestando ayuda a toda la población, que afronta una grave crisis humanitaria provocada por la guerra en curso, que ha generado 3,5 millones de desplazados internos».
(PA) (Agencia Fides 9/1/2025)