Korea Embassy to the Holy See
por Paolo Affatato
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – «Queremos dejar atrás la era de la confrontación e inaugurar una nueva etapa de coexistencia pacífica y crecimiento compartido, promoviendo una paz sostenible que garantice un futuro próspero para todos los pueblos de la península coreana. Renunciando a los actos hostiles y a la lógica de la asimilación, tendemos una mano de reconciliación a Corea del Norte». Las palabras de Hyung Sik Shin, embajador de la República de Corea ante la Santa Sede, marcan un cambio de rumbo respecto al pasado en el enfoque de las relaciones con Corea del Norte. Abogado católico, académico y comprometido con el estudio y la práctica de los procesos democráticos -en entidades como Asia Democracy Network, la Korea Democracy Foundation y el Institute for Popular Sovereignty-, el embajador Shin lo explica en una entrevista concedida a la Agencia Fides.
– Embajador Shin, tras los dramáticos acontecimientos de hace un año, con el impeachment del presidente Yoon Suk Yeol, ¿cómo está viviendo la población coreana la vida social y política?
– Para muchos en Corea, el año pasado fue un período de transformación y recuperación. Atravesamos un cambio doloroso pero fundamental, dejando atrás una era de confrontación para abrazar una de reconciliación y unidad. Nuestro pueblo ha vivido una verdadera “lección de democracia”, viendo con claridad cómo puede ser puesta en cuestión y cómo puede restaurarse mediante la voluntad colectiva.
En este momento, la opinión pública coreana experimenta un profundo sentido de eficacia de la voluntad popular sobre la política. Los ciudadanos están más activos y críticos que nunca, precisamente porque comprenden el impacto directo de la gobernanza en su bienestar. Está en marcha la maduración de nuestra democracia, un sano proceso de normalización que está haciendo nuestra sociedad más sólida y transparente.
– ¿Existen nuevos “anticuerpos” para prevenir tendencias autoritarias?
– Corea ha desarrollado un robusto “sistema inmunitario social” que opera en dos niveles. Primero, hemos cultivado un “anticuerpo cultural” a través del “control cívico”. Nuestros ciudadanos han interiorizado profundamente el principio de que ninguna autoridad está por encima de la Constitución y del Estado de derecho. La capacidad de nuestra sociedad civil para supervisar la gobernanza y responder de inmediato a los abusos de poder ha alcanzado un nivel de madurez sin precedentes.
En segundo lugar, existe el anticuerpo estructural de los “parapetos sistémicos”: hemos rediseñado meticulosamente nuestros marcos jurídicos e institucionales para garantizar que los controles y equilibrios funcionen de manera constante.
– Tras un período difícil, ¿la población ha recuperado plena confianza en las instituciones democráticas?
– Construir confianza es un proceso continuo, más que un destino. El impeachment, aunque fue un momento doloroso de crisis institucional, representó un punto de inflexión en el que nuestro orden constitucional demostró su fuerza. Nuestros ciudadanos lograron transformar la “voz de la calle” en una renovación pacífica y respetuosa de la ley. Esto confirmó que nuestras instituciones son fundamentalmente sólidas cuando operan con integridad.
Hoy estamos redefiniendo la relación entre el Estado y su pueblo, garantizando que “el Estado me proteja y escuche mi voz”. Estamos colocando la inteligencia colectiva de nuestros ciudadanos en el centro de la administración. A través de medidas innovadoras como sesiones informativas transmitidas en vivo y recomendaciones políticas guiadas por los ciudadanos, estamos aplicando la transparencia en cada departamento público. Reconstruir una confianza profundamente arraigada requiere tiempo, pero las bases para una Corea más transparente e inclusiva están ahora sólidamente asentadas.
– ¿Cuáles son los temas internos más relevantes que el nuevo presidente y el gobierno deben afrontar hoy y en los próximos años?
– En su discurso de Año Nuevo, el presidente Lee trazó un camino audaz para Corea, centrado en un salto económico, un crecimiento inclusivo y la integración nacional. Esta visión marca un cambio de paradigma: pasar de un crecimiento centrado en el capital a un “desarrollo descentralizado y liderado por las regiones”, garantizando que los frutos de la prosperidad se distribuyan de manera equitativa. Es un compromiso hacia una sociedad en la que la seguridad es la base de la sostenibilidad y donde la cultura y la paz definen nuestra identidad nacional.
Además, en mi calidad de Embajador ante la Santa Sede, considero como nuestra misión más sagrada la de establecer una paz duradera en la península coreana. Las tragedias globales actuales nos recuerdan que la paz es un prerrequisito no negociable para la dignidad humana, la democracia y la prosperidad. Nuestro gobierno permanece firme en sus esfuerzos por aliviar las tensiones militares y restaurar la confianza mutua con Corea del Norte. Creemos que el intercambio y la cooperación son las herramientas más efectivas para la paz. Ampliando estos canales, buscamos superar la era de la disputa e inaugurar una nueva era de coexistencia pacífica y crecimiento compartido, una paz sostenible que garantice un futuro próspero para todas las personas de la península.
– El gobierno ha destinado 3 mil millones de won para apoyar la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de 2027, mientras los preparativos están en pleno desarrollo: ¿qué piensa sobre la próxima JMJ en Corea? ¿Qué significará para la nación?
– La Jornada Mundial de la Juventud 2027 en Seúl será un hito para Corea en su camino hacia un rol de liderazgo global. Más que un evento, es un mensaje universal de paz que se extiende desde la península coreana al mundo. Para garantizar su éxito, dedicaré el máximo compromiso diplomático para conciliar la visión de la Santa Sede con la excelencia administrativa del gobierno coreano.
Gestionar la llegada de un millón de jóvenes peregrinos requiere una precisión logística extraordinaria en alojamiento, transporte y seguridad pública; es una responsabilidad que nuestro gobierno asume con la máxima seriedad. Sobre todo, esperamos que la presencia del Papa León XIV proporcione el impulso necesario para abrir un nuevo capítulo de paz en Asia oriental. Si, además, se lograra un entorno favorable para la visita papal a Corea del Norte, sería un momento decisivo para la paz global. Como embajador, estaré en primera línea en este esfuerzo, actuando como puente diplomático para garantizar que la JMJ 2027 se convierta en un faro transformador de coexistencia pacífica y crecimiento compartido para todos.
– El gobierno surcoreano ha declarado su intención de reanudar el diálogo con Corea del Norte. ¿Cuáles son las perspectivas para 2026? ¿Será posible reabrir un canal de diálogo? ¿Qué condiciones serán necesarias? ¿Qué compromisos concretos asumirá el gobierno surcoreano?
– El gobierno coreano busca transformar la península en un espacio de confianza mutua y prosperidad. Renunciando a los actos hostiles y a la lógica de la asimilación, estamos tendiendo una mano de reconciliación a Corea del Norte. Creemos que construir la paz no es un episodio único, sino un proceso de normalización de las relaciones, a través de un intercambio constante.
El gobierno coreano busca transformar la península en un espacio de confianza mutua y prosperidad. Renunciando a los actos hostiles y a la lógica de la asimilación, estamos tendiendo una mano de reconciliación a Corea del Norte. Creemos que construir la paz no es un episodio único, sino un proceso de normalización de las relaciones, a través de un intercambio constante.
Nuestro enfoque se centra en gestos tangibles de buena voluntad. Al interrumpir las actividades de guerra psicológica, hemos señalado nuestra disposición hacia la paz. Ahora miramos a Corea del Norte para que restablezca los canales de comunicación como primer paso hacia la construcción de confianza mutua. Además, creemos que la humanidad debe preceder a la política. Abordar el sufrimiento de las familias separadas (cuyos miembros están divididos entre Norte y Sur, ndr) es un deber moral que la comunidad internacional y ambas Coreas deben considerar prioritario.
Nos coordinamos activamente con nuestros partner globales para crear un entorno favorable a la paz. La sólida cooperación demostrada en las cumbres Corea-EE. UU., junto con la renovada apertura al diálogo, brinda un fuerte impulso a nuestros esfuerzos diplomáticos. Corea seguirá actuando como mediador proactivo, asegurando que el sueño de una península pacífica se convierta en una realidad global compartida.
– Según encuestas recientes, el deseo de reconciliación y unificación con el Norte se ha debilitado notablemente entre las jóvenes generaciones surcoreanas. ¿Cree que sigue siendo importante mantener viva en la mente y el corazón de los coreanos, especialmente de los jóvenes, la esperanza de un futuro de reconciliación y unidad? ¿Cómo y qué se puede hacer?
– Al cumplirse el octogésimo año desde la división de Corea (en 1945, ndr), reconocemos que el deseo de unificación entre los jóvenes se define cada vez más por la razón que por el sentimiento. Por ello, el gobierno se concentra en crear un proceso de paz participativo. Nuestra misión es inspirar a los jóvenes coreanos a ver la paz como un puente de esperanza hacia un rol global más amplio. Buscamos demostrar que la reconciliación es el imperativo estratégico fundamental para una nación próspera. Mientras nos preparamos para la Jornada Mundial de la Juventud 2027, consideramos la JMJ una oportunidad histórica para fomentar una cultura del encuentro. Será un momento en que jóvenes de todo el mundo podrán solidarizarse con los jóvenes coreanos, volviendo a imaginar la península no como una tierra de división, sino como un punto de partida para la paz global y la conectividad eurasiática.
– El presidente Lee Jae-myung realizó una visita de estado a China (4-7 de enero), la primera en nueve años, para “restablecer la colaboración estratégica y la cooperación económica entre Corea del Sur y China”. ¿Cuál es el significado de esta visita en el contexto geopolítico internacional? ¿Cree que esta colaboración podría tener un impacto positivo también en el acercamiento entre Corea del Norte y Corea del Sur?
– El intercambio sin precedentes de visitas de Estado entre los presidentes Lee Jae-myung y Xi Jinping (quien estuvo en Corea el 30 de octubre de 2025) ha redefinido efectivamente la trayectoria de las relaciones entre Corea y China. Más allá del protocolo simbólico, esta cumbre consolidó una visión compartida hacia un Asia Oriental estable y próspera. El énfasis dado por los medios oficiales chinos refleja también un cambio significativo, señalando una renovada atención a nuestra cooperación bilateral.
Además, ambos líderes alcanzaron un consenso fundamental: la paz en la península coreana es un interés estratégico compartido. El compromiso del presidente Xi, involucrándose de forma constructiva en Corea, constituye una base fundamental para un contexto externo favorable, esencial para la normalización de las relaciones intercoreanas. El proyecto de un enlace ferroviario Seúl-Pyongyang-Pekín, del que se habló, es una prueba tangible de ello. Algo central para este cambio ha sido la filosofía diplomática del presidente Lee, que consiste en “reconocer las divergencias, ampliando al mismo tiempo las convergencias”. Este pragmatismo ha recalibrado nuestras relaciones, permitiéndonos superar las delicadas fricciones en materia de seguridad e iniciar un camino de progreso sostenible y respeto mutuo.
– Corea del Sur comparte con la Santa Sede la visión y el compromiso por un mundo pacífico. ¿Cómo se expresan y realizan concretamente esta visión y compromiso? ¿Cómo evalúa el constante llamamiento del Papa León XIV al desarme y la paz?
– La relación entre Corea y la Santa Sede se basa en un compromiso compartido por el desarrollo integral de la humanidad. Nuestra historia de resiliencia demuestra lo que es posible lograr cuando un pueblo elige el camino de la paz. Comprendemos, quizás más que cualquier otra nación, que la paz es el santuario indispensable de la dignidad humana.
Inspirada por el llamamiento profético del Papa León XIV al desarme global, Corea está orientando sus esfuerzos políticos para construir un futuro más seguro, particularmente mediante nuestra defensa del desarme. Creemos, además, que la verdadera seguridad no se encuentra en el silencio de las armas, sino en la transparencia de los corazones. Para nosotros, la búsqueda de un mundo libre de armas nucleares es un imperativo moral. Abrazando la sabiduría de “transformar las espadas en arados”, Corea pretende demostrar que una paz duradera, basada en el diálogo y el respeto mutuo, no solo es posible, sino también necesaria para la supervivencia de la familia humana.
– Basándose en el reciente discurso del Papa León al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, ¿quiere citar o comentar un pasaje que le parezca especialmente significativo y apropiado para la situación en Asia Oriental y que pueda inspirar su acción?
– El Papa dijo: «A una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso de todos, se va sustituyendo una diplomacia de la fuerza, de los individuos o de grupos de aliados». El Papa León XIV expresó una verdad que golpea el corazón de nuestra actual crisis global: el peligroso paso del diálogo a la diplomacia de la fuerza.
En calidad de representante de una nación que ha sufrido las lecciones más duras de la historia, apoyo firmemente la restauración de espacios diplomáticos en los que las voces sean escuchadas con respeto igualitario. La paz nunca es un estado pasivo; es, como nos recuerda el Papa, un “compromiso incansable” que se opone al nihilismo de la guerra. Nuestra historia global, marcada por las cicatrices de dos guerras mundiales, es prueba evidente de que la fuerza por sí sola no puede garantizar el futuro. La verdadera seguridad solo nace cuando tenemos el coraje político de elegir el consenso en lugar de la coerción. Inspirada por esta visión, Corea continuará apoyando una diplomacia que priorice la dignidad de la persona y la sacralidad de la paz mediante un compromiso constante.
(Agencia Fides 16/1/2026)