EUROPA/FRANCIA - El cardenal Aveline, el arzobispo de Moulins-Beaufort y la renovación misionera en Francia

domingo, 5 julio 2026 misión   secularización   vocaciones   migrantes  

Por Marie-Lucile Kubacki

Roma (Agencia Fides) – A finales de junio, el Papa León XIV nombró al cardenal Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella, y a Éric de Moulins-Beaufort, arzobispo de Reims, miembros del Dicasterio para la Evangelización, respectivamente en la Sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares y en la Sección para las cuestiones fundamentales de la evangelización en el mundo. Ambos nombramientos han puesto el foco en dos de las figuras más representativas de la renovación misionera en Francia, a dos meses del viaje del Papa al país. Los dos han forjado su comprensión de la misión afrontando las urgencias y los fenómenos concretos de la realidad francesa: la secularización, las migraciones, el pluralismo religioso, la disminución del número de sacerdotes, la crisis social y la precariedad.

Jean-Marc Aveline y Éric de Moulins-Beaufort son también dos teólogos. Mientras el arzobispo de Reims obtenia el doctorado con una tesis sobre la antropología de Henri de Lubac, titulada «Antropología y mística según Henri de Lubac: “el espíritu del hombre”, es decir, la presencia de Dios en el hombre», en la Pontificia Universidad Gregoriana, el arzobispo de Marsella fundaba y dirigia el Instituto de Ciencias y Teología de las Religiones (ISTR) de Marsella, impulsando una reflexión teológica y pastoral moldeada en el crisol del Mediterráneo, espacio por excelencia de encuentro e intercambio.

En su libro “Dios ha amado tanto al mundo”, el cardenal Aveline define la misión como la respuesta de la Iglesia a la llamada a imitar a Cristo en su amor por el mundo, tal como proclama el Evangelio de san Juan: «Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único (...) no para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él». Convencido de que la misión debe replantearse en una Europa secularizada, propone tres horizontes de reflexión: la misión como diálogo de salvación, en el horizonte de la promesa y en la dinámica de la catolicidad. Estos tres ejes hunden sus raíces en experiencias concretas de su propia vida: la herida del exilio de los pieds-noirs, la dureza de la experiencia migratoria y la fundación y dirección del Instituto de Ciencias y Teología de las Religiones de Marsella.

Muy consciente de las tensiones que rodean el «diálogo» con las demás religiones, entre quienes lo consideran una concesión al relativismo y quienes lo reducen a una forma de proselitismo o a una estrategia hipócrita para «convencer» o hacer que otros se sumen a unos supuestos «valores comunes» sin un auténtico intercambio, Aveline sostiene que el misionero vive por naturaleza en diálogo permanente, porque el diálogo es una expresión del amor al ser humano, una curiosidad llena de afecto por la alteridad. Asimismo, advierte contra la tentación de reducir la acción misionera a un proceso mecánico que termine instrumentalizando el encuentro. Para él, evangelizar significa «encomendar el Evangelio», que es una palabra viva; hacer que el otro perciba que es amado por Cristo, sabiendo que en el diálogo también se produce una conversión mutua. El cardenal suele citar una frase de Michel de Certeau: «Descubrimos a Dios en el encuentro que Él mismo provoca». Esta visión inspira su acción pastoral en la archidiócesis de Marsella, marcada por un intenso dinamismo de la religiosidad popular y por importantes desafíos sociales y migratorios, puestos especialmente de relieve durante la visita del Papa Francisco en 2023.

La trayectoria de Éric de Moulins-Beaufort representa otra faceta de esta renovación misionera. Nombrado arzobispo de Reims en 2018, tras varios años de ministerio en París, se encontró con una diócesis marcada -como tantas otras en Francia- por la escasez de sacerdotes y por profundas transformaciones. Lejos de resignarse, optó por cambiar la perspectiva y maravillarse del don de «los que permanecen», al tiempo que reorganizaba la diócesis. Su proyecto pastoral lleva por título «En camino para la misión». En este marco se han creado «espacios misioneros», atendidos por equipos formados por sacerdotes, diáconos y laicos. Los lugares donde celebrar la Eucaristía dominical han sido fijados en función de las posibilidades reales, mientras que se ha puesto en marcha un «ministerio más itinerante»: equipos que permanecen durante un tiempo en una localidad, proponen actividades adaptadas a sus necesidades, visitan a los enfermos, a las personas aisladas y a las familias que lo desean. Se trata, al mismo tiempo, de acoger y salir al encuentro de quienes viven en la periferia, favorecer la vida cristiana y suscitar una fraternidad de proximidad.

El arzobispo de Reims no es el único obispo francés que ha impulsado una verdadera conversión misionera, pero sí uno de sus pioneros. Recientemente, la diócesis de Arras ha anunciado un plan de transformación pastoral destinado a fortalecer la vida local en pequeñas fraternidades, reduciendo al mismo tiempo los desplazamientos y concentrando los recursos disponibles, pasando de 89 a 11 parroquias.

En el contexto francés, los nombramientos de Jean-Marc Aveline y Éric de Moulins-Beaufort al servicio del Dicasterio para la Evangelización constituyen un signo significativo de cómo la Iglesia en Francia intenta responder a la realidad con la que se enfrenta al comienzo del tercer milenio: la de un país que en otro tiempo fue un gran «exportador» de misioneros hacia todo el mundo y que hoy vuelve a ser tierra de misión. Un país profundamente secularizado, donde solo el 2 % de la población participa en la Misa dominical, pero en el que uno de cada dos franceses sigue declarándose católico y no duda en entrar en una iglesia para encender una vela cuando atraviesa una dificultad. Un país que posee un extraordinario patrimonio religioso y en el que sociólogos de la religión como Danièle Hervieu-Léger han hablado de la «exculturación» del catolicismo, pero donde continúa vivo el debate sobre la laicidad y donde, en los últimos años, se ha registrado un notable aumento de las solicitudes de bautismo por parte de jóvenes y adultos. Un país que Henri Godin e Yvan Daniel definían ya en 1943 como «país de misión» en su célebre ensayo “La France, pays de mission?”, y que, con el paso de las décadas, lo es aún más.
(Agencia Fides 5/7/2026)


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