LEÓN XIV EN ESPAÑA - El Papa en Tenerife: “El amor de Dios no conoce fronteras”, encuentro con migrantes en Las Raíces y La Laguna

viernes, 12 junio 2026 papa león xiv   migrantes   viaje apostólico   iglesias locales   acogida  

El Papa en el centro Las Raíces

Tenerife (Agencia Fides) – En el marco de su visita a España, el Papa León XIV ha llegado este 12 de junio a primera hora de la mañana a la isla de Tenerife, procedente de Gran Canaria. Durante la jornada de hoy, el Pontífice ha dedicado dos momentos centrales a la realidad de los migrantes: una visita al centro de acogida “Las Raíces” y un encuentro con las realidades encargadas de la integración en la Plaza del Cristo de La Laguna.
El santo Padre ha querido subrayar desde el inicio que “el amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad”, recordando que la experiencia migratoria interpela directamente a la conciencia cristiana y humana.

En “Las Raíces”: el amor de Dios no conoce fronteras

En el centro de primera acogida “Las Raíces”, el Papa ha sido recibido por los responsables del dispositivo y ha recorrido algunas de las instalaciones del campamento. Se ha detenido en varias tiendas donde residen los migrantes, a quienes ha saludado personalmente.
El Pontífice ha situado su mensaje en el contexto de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que ha definido como expresión del “amor misericordioso e infinito de Dios por cada ser humano”. Un amor que “no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad”.

Dirigiéndose a los migrantes, ha afirmado: “Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos”.

El Papa ha evocado la parábola del Buen Samaritano como ejemplo de un amor que trasciende fronteras culturales y religiosas, y ha recordado también la figura del santo Hermano Pedro y de san José de Anchieta, quienes partieron desde Canarias hacia América llevando consigo la fe, la esperanza y la caridad como impulso misionero. En este sentido, ha invitado a los migrantes a ofrecer “el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura” que han traído a estas islas, y a mantenerse abiertos a lo que reciben, en un intercambio basado en la responsabilidad y orientado a una “civilización del amor”.

El Pontífice ha afirmado que “todos -de algún modo- somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial”, y ha agradecido la colaboración de las instituciones y de las personas de buena voluntad que hacen posible la ayuda humanitaria.
Finalmente, ha destacado el nombre del centro, “Las Raíces”, y ha recordado una imagen utilizada por el Papa Francisco sobre la importancia de no olvidar los orígenes y de permanecer firmes en la confianza en Dios y ha concluido confiando a los presentes a la Virgen María, “Consuelo de los migrantes”.

La Laguna: “Integrar es impedir el Segundo Naufragio”

En el segundo encuentro de la mañana, en la Plaza del Cristo de La Laguna, a la que se ha desplazado directamente desde el centro de “Las Raíces”, el Pontífice ha señalado que “las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra; a veces se encuentran en la mirada, en el miedo o en la indiferencia”. Ha invitado por tanto a “aprender el lenguaje de la cercanía”, un lenguaje que “se comprende más con las manos que con las palabras”.
Remitiéndose al Evangelio, ha recordado que Cristo se hace presente en el hambriento, el sediento y el forastero, subrayando que la respuesta cristiana no puede quedarse en la teoría, sino que se expresa en gestos concretos de atención y cuidado.

En este sentido la continuidad entre acogida e integración es fundamental: “La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro”. No se trata solo de una gestión social, sino de un camino humano en el que la dignidad de la persona es siempre el centro.

León XIV ha recordado que “integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria”, sino construir una convivencia real, evitando tanto la exclusión como la creación de “mundos paralelos”. “Integrar es un camino recíproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro” ha insistido.

El Papa ha insistido en que toda persona debe ser reconocida en su dignidad, ya que “hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios”, y no de cifras o expedientes administrativos. “Tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado” ha dicho refiriéndose directamente a los migrantes.

Además, ha agradecido el compromiso de las comunidades eclesiales y sociales que acompañan estos procesos, destacando la dinámica de reciprocidad que nace de la acogida: “cuando quien necesitó una mano comienza a tender la suya, la caridad recibida se transforma en responsabilidad compartida”. Ha invitado también a no olvidar la aportación de los migrantes ya integrados en la vida de la Iglesia y de la sociedad, pidiendo a las comunidades que se dejen también “evangelizar por ellos”.

Dirigiéndose de manera particular a los católicos, ha añadido: “Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protección; y también debe encontrar una comunidad capaz de ofrecer, con el testimonio de la vida y de la palabra, caminos para conocer a Jesucristo, respetando siempre la conciencia y la libertad de cada persona”.

El Pontífice ha alertado sobre el riesgo del “segundo naufragio”, que se produce tras la llegada cuando las personas quedan solas, sin lengua, sin trabajo y sin vínculos. “Integrar es impedir ese segundo naufragio”, ha afirmado.

También ha dirigido una fuerte advertencia a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad de los migrantes “a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. Deténganse. Conviértanse. Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios”.

Por último, ha recordado que el “extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy”, confiando a la Sagrada Familia de Nazaret a todos los migrantes y refugiados como modelo de toda familia en camino.
(LGR) (Agencia Fides 12/06/2026)

Centro Las Raíces

Centro Las Raíces

Plaza del Cristo de la Laguna

Plaza del Cristo de la Laguna

Plaza del Cristo de la Laguna

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