Gran Canaria (Agencia Fides) – “La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana”. Con estas palabras, el Papa León XIV se ha dirigido esta mañana 11 de junio a las realidades de acogida de migrantes reunidas en el puerto de Arguineguín, en las Palmas de Gran Canaria, en el marco de su viaje apostólico a España.
El Pontífice ha situado su mensaje ante la imagen del mar, que ha descrito como lugar de paso y también de dolor. “Aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca NUNCA de su dignidad”, ha señalado, subrayando que el Evangelio “nos arranca del lugar cómodo del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega”. Partiendo del capítulo 25 del Evangelio de san Mateo, el Papa ha recordado que se trata de una advertencia que “ningún creyente puede tomar a la ligera” porque nos interpela a reconocer a Cristo en los migrantes.
Seguidamente, evocado la imagen bíblica del “pescador de hombres” confiada a Pedro, el Papa ha vinculado directamente la misión de la Iglesia con el drama de quienes cruzan el mar en condiciones extremas. “El Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles”, ha afirmado, recordando también la situación de lugares como El Hierro, “esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad que ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco”. “Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche”, ha añadido.
El Papa ha descrito el Mediterráneo y el Atlántico como espacios donde no solo actúa la naturaleza, sino también el mal humano. Ha denunciado la acción de mafias y traficantes que “esclavizan mujeres y niños”, así como la indiferencia de muchos que “permite que los pobres sean tragados por el olvido”. Frente a ello, ha recordado la acción de Dios que abre camino en medio del caos, evocando el paso del mar Rojo y la palabra de Jesús en la tormenta: “¡Calla, enmudece!”. “Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas”.
El Pontífice ha querido también detenerse en el testimonio de quienes trabajan en la acogida. A ellos ha agradecido su labor cotidiana, en la que “la misericordia comienza con gestos pequeños”, desde la asistencia inmediata hasta la cercanía humana. En este punto, ha advertido contra la reducción del migrante a una cifra: “cuando el migrante deja de ser ‘uno más’, deja de ser una categoría y una cifra, solo entonces comprendemos que esa niña podría ser nuestra hija, esos rostros parte de nuestra familia; y entonces, la conciencia se queda sin excusas”.
Uno de los momentos más intensos del encuentro ha sido el mensaje dirigido a una víctima de la trata de nacionalidad Nigeriana, que aunque no ha podido estar presente per razones de seguridad, ha visto poner voz a su experiencia ante el Papa. “En tus palabras escuchamos el drama de tantas personas obligadas a partir porque la pobreza, la guerra, la amenaza o la explotación les cerraron todos los caminos”. Le ha dicho León XIV. “Si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable”, ha afirmado, asegurando que la dignidad de cada persona permanece intacta incluso tras la explotación y la violencia. “Tu vida no es de quienes te dañaron […].Tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte. Y nosotros queremos caminar contigo hasta que esa verdad vuelva a sentirse más fuerte que el dolor”.
Dirigiéndose directamente a los migrantes, León XIV ha querido reiterar su dignidad: “No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar”, ha dicho, antes de alertar contra las redes criminales que ofrecen “paraísos fáciles” que ha calificado como “cantos de sirenas” e “industrias de muerte”, pidiéndoles no ceder ante estas promesas.
El Papa ha ampliado su reflexión hacia las responsabilidades políticas y sociales afirmando que la situación migratoria debe ser “examen de conciencia” para los países de origen, tránsito y destino, así como para Europa y la comunidad internacional. En este sentido, ha advertido que no se puede “acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”.
“También la Iglesia debe dejarse interpelar”. La acogida de los migrantes, ha subrayado, “no puede ser algo secundario”. “Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad… No podemos luego pasar de largo ante los cayucos y las pateras”, ha insistido, evocando la parábola del buen samaritano.
El Pontífice ha pedido finalmente políticas concretas y vías seguras de migración, cooperación internacional contra las mafias y condiciones de vida digna en los países de origen. Ha recordado que aunque existe el “derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar. El derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia…”.
Al concluir el encuentro, León XIV ha encomendado la realidad migratoria a la Virgen del Carmen y ha advertido contra la indiferencia: “No basta gestionar llegadas, distribuir cifras o reforzar fronteras”. Cada barca que llega, ha dicho, “no trae solo migrantes, trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?”. “Que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas”.
(LGR) (Agencia Fides 11/06/2026)