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Malabo (Agencia Fides) – “Siempre es una alegría ver los lugares del mundo donde la Iglesia está creciendo”, ha confiado León XIV a los periodistas durante el vuelo que lo ha llevado de Luanda a Malabo, en Guinea Ecuatorial, última etapa de su primer viaje apostólico en África. Desde su llegada, el Pontífice ha sido acogido con entusiasmo por una multitud de fieles. En su primer discurso, pronunciado en el Palacio presidencial ante autoridades, cuerpo diplomático y representantes de la sociedad civil, se ha declarado “feliz de visitar al amado pueblo de Guinea Ecuatorial”.
A recibirlo ha sido el presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, el mismo que acogió hace 44 años a Juan Pablo II. Un dato que evoca la continuidad de liderazgos políticos prolongados en diversos países africanos. En aquella ocasión, el Pontífice polaco definió a Obiang como “el centro simbólico al que convergen las aspiraciones de un pueblo hacia un clima de auténtica libertad, justicia y respeto de los derechos de cada persona o grupo, y de mejores condiciones de vida, que permitan a todos realizarse como personas y como hijos de Dios”. León XIV ha retomado esas palabras, subrayando que “siguen siendo actuales e interpelan a quienes ejercen responsabilidades públicas”.
El Pontífice agustiniano ha citado en varias ocasiones a San Agustín, quien en su obra “De Civitate Dei” “interpretaba los acontecimientos y la historia según el modelo de dos ciudades: la de Dios, eterna, caracterizada por su amor incondicional (amor Dei), unido al amor al prójimo, especialmente a los pobres; y la terrena, lugar de morada provisional, en el que el hombre y la mujer viven hasta la muerte. En esta perspectiva – ha recordado el Obispo de Roma- las dos ciudades coexisten hasta el fin de los tiempos”. Y los cristianos están llamados “a habitar en la ciudad terrena con el corazón y la mente orientados hacia la ciudad celestial, su verdadera patria”.
Precisamente este “descentramiento” puede hacer valiosa e inconfundible la contribución de los cristianos a la convivencia, incluso política, en la ciudad terrena. Porque “todo ser humano puede apreciar la antiquísima conciencia de vivir en la tierra como de paso”. Y sigue siendo esencial para todos percibir la diferencia “entre lo que permanece y lo que pasa”, para mantenerse libres “de la riqueza injusta y de la ilusión del dominio”.
Por ello –ha reconocido y reafirmado el papa Prevost- “la Doctrina Social de la Iglesia representa una ayuda” también para quienes desean afrontar las nuevas emergencias “que desestabilizan el planeta y la convivencia humana, buscando ante todo el Reino de Dios y su justicia”. Y esto constituye una parte crucial “de la misión de la Iglesia: contribuir a la formación de las conciencias, mediante el anuncio del Evangelio, la propuesta de criterios morales y de auténticos principios éticos, en el respeto de la libertad de cada individuo y de la autonomía de los pueblos y de sus gobiernos”.
Mirando también hacia Guinea Ecuatorial y a otros países africanos, León XIV ha repetido que “la exclusión es el nuevo rostro de la injusticia social”, recordando que la brecha entre una “pequeña minoría”, el 1% de la población, y la inmensa mayoría “se ha ampliado de forma dramática”. Además, ha señalado que “la rapidísima evolución tecnológica a la que asistimos ha acelerado una especulación vinculada a la necesidad de materias primas”, con una codicia voraz que “parece hacer olvidar exigencias fundamentales como la protección de la creación, los derechos de las comunidades locales, la dignidad del trabajo y la tutela de la salud pública”. El Pontífice ha retomado las palabras de Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii gaudium sobre una economía que “mata”. Observando que la actual “proliferación de conflictos armados tiene entre sus principales causas la colonización de yacimientos petroleros y mineros, sin respeto por el derecho internacional ni por la autodeterminación de los pueblos”. Asimismo, las nuevas tecnologías “parecen concebidas y utilizadas principalmente con fines bélicos”.
Pero Dios –ha continuado el Sucesor de Pedro, con palabras claras y realistas- “no quiere esto”. Y “su santo Nombre no puede ser profanado por la voluntad de dominio, la prepotencia y la discriminación: sobre todo, nunca debe ser invocado para justificar decisiones y acciones de muerte”.
Las últimas palabras del primer discurso de León XIV en Guinea Ecuatorial han sido de aliento: “el vuestro – ha afirmado el Pontífice- es un país joven. Estoy seguro, por tanto, de que en la Iglesia encontraréis ayuda para la formación de conciencias libres y responsables, con las que avanzar juntos hacia el futuro”. El Papa recuerda que “en un mundo herido por la prepotencia, los pueblos tienen hambre y sed de justicia”, y que “es necesario valorar a quienes creen en la paz y atreverse a promover políticas contracorriente, centradas en el bien común”, reconociendo que “la ciudad de Dios, ciudad de la paz”, debe ser acogida “como un don que viene de lo alto, hacia el cual orientar el deseo y todos nuestros recursos”. “Caminemos juntos, con sabiduría y esperanza, hacia la Ciudad de Dios, que es ciudad de la paz”, ha concluido el Santo Padre.
(GV) (Agencia Fides 21/4/2026)