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Por Antonella Prenna
Nemi (Agencia Fides) – «¿Cómo puedo ejercer mi ministerio episcopal no solo como administrador o responsable, sino como servidor de la comunión, llamado a guiar, escuchar, acompañar, coordinar y fortalecer la Iglesia misionera que se me ha confiado?». Es una de las preguntas compartidas con la Agencia Fides que se plantea el vicario apostólico de Jimma-Bonga, en Etiopía, el obispo Markos Gebremedhin, C.M.
El obispo lazarista ha participado, junto con otros 20 obispos de países africanos de lengua inglesa, en el curso de formación «Servidores de la comunión en la Iglesia», organizado por el Dicasterio para la Evangelización, a través de la Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares (véase Agencia Fides, 13/9/2026), que concluyó el sábado 19 de septiembre de 2026, en el Centro Ad Gentes de Nemi.
«Ha sido un momento lleno de gracia y de significado. Después de más de diez años de servicio episcopal, un obispo lleva consigo una sólida experiencia pastoral, pero también necesita tiempo para detenerse, escuchar, discernir y permitir que el Espíritu Santo renueve su visión misionera», subraya. Esta experiencia en Nemi no puede entenderse simplemente como un curso, sino como una renovación espiritual y un fortalecimiento del ministerio episcopal. «La formación me ha dado la oportunidad de hacer una pausa en medio de las responsabilidades cotidianas de gobierno y administración pastoral y de volver al corazón de mi vocación como obispo. Estar junto a otros obispos que llevan más de diez años de servicio crea una fraternidad única. Podemos compartir nuestras experiencias, nuestros desafíos, nuestros fracasos, nuestras esperanzas y nuestros descubrimientos sin sentirnos solos en el ministerio. La novedad no consiste necesariamente en aprender información teológica completamente nueva. Más bien, estamos mirando nuestro ministerio episcopal con ojos renovados. La experiencia, las reflexiones y los desafíos de los años pasados se releen a la luz del Evangelio, del Espíritu Santo y de la misión de la Iglesia».
Entre los temas abordados durante estos días, han tenido especial impacto en el vicario de Jimma-Bonga la evangelización misionera, el gobierno pastoral, la sostenibilidad financiera, el conflicto y la reconciliación, la comunicación, la sinodalidad, la protección, los jóvenes, las mujeres y la colaboración con sacerdotes, religiosos y laicos.
«Entre las cosas que considero especialmente útiles para mí y para el futuro de mi Vicariato están sugerencias concretas como la de una renovación espiritual antes de la renovación pastoral. La primera persona que necesita evangelización y conversión es el propio pastor. Un obispo renovado puede contribuir a renovar al clero, a los religiosos y a los laicos. O cuestiones como pasar de la administración al liderazgo misionero me llevan a preguntarme no solo: “¿Cómo administro el Vicariato?”, sino también: “¿Cómo guío Jimma-Bonga hacia una Iglesia más misionera?”». El obispo Markos subraya asimismo que «escuchar a los demás obispos refuerza la convicción de que un obispo no lleva adelante la misión él solo. Sacerdotes, religiosos, catequistas, jóvenes y fieles laicos deben participar en el discernimiento y en la realización de la misión. Esta experiencia puede ayudarme a desarrollar una cultura más sólida de formación permanente, fraternidad, acompañamiento y renovación espiritual entre los 42 miembros del clero del Vicariato».
El vicario apostólico se ha detenido también en los jóvenes. «La Iglesia debe ver a los jóvenes no simplemente como destinatarios de programas pastorales, sino como protagonistas de la misión y constructores de comunión, esperanza y paz».
«Muchos de los temas tratados, directa o indirectamente, han tocado el núcleo mismo de mi ministerio y de mi responsabilidad como obispo y pastor del Vicariato Apostólico de Jimma-Bonga. Para mí, ha sido mucho más que una simple experiencia formativa, académica o pastoral. Ha sido un tiempo para detenerme, escuchar, reflexionar y, sobre todo, permitir al Señor que me renueve en mi vocación y misión como obispo. Compartir experiencias con otros hermanos obispos me ha recordado, además, que, aunque cada uno de nosotros proceda de una realidad pastoral diferente, compartimos la misma llamada a servir a Cristo y a su pueblo con humildad, valentía y esperanza».
«Estos días de reflexión me ayudan a volver a Jimma-Bonga con una pregunta: ¿qué nos pide el Evangelio en nuestro contexto social, cultural, económico y religioso concreto? Esto puede fortalecer el anuncio, la catequesis, la vida sacramental y el compromiso misionero. Si me pregunto qué hay de nuevo de cara al futuro, por lo que he comprendido, la novedad no consiste simplemente en adquirir nuevos conocimientos, sino en recibir una visión espiritual y misionera renovada para ejercer mi ministerio episcopal. En cuanto a mis responsabilidades como vicario apostólico de Jimma-Bonga, los frutos podrían ser muy concretos: un plan pastoral renovado, unas estructuras sinodales más sólidas, una mejor formación del clero y de los laicos, una mayor participación de los jóvenes, una expansión de la misión, una gestión financiera responsable y una colaboración más profunda con la Iglesia local y con los demás agentes eclesiales».
«En definitiva, la ventaja más importante es que vuelvo a Jimma-Bonga no simplemente para poner en práctica las ideas que han madurado en Nemi, sino con una energía renovada, una fraternidad más profunda con mis hermanos obispos, una mayor apertura al Espíritu Santo y una conciencia más clara de mi responsabilidad como pastor y guía de la Iglesia misionera. Regreso a mi Vicariato con un espíritu renovado, tanto en el plano espiritual como en el misionero. Me siento animado a fortalecer la comunión entre nuestros sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles laicos, a escuchar con mayor atención a los jóvenes y a las familias y a promover una Iglesia más participativa, sinodal y misionera. Vuelvo también con un deseo renovado de servir a los pobres y a los más vulnerables y de buscar formas sostenibles de sostener la misión evangelizadora de nuestro Vicariato».
Al concluir, el obispo Markos ha expresado su gratitud a la Santa Sede y, de manera especial, al Dicasterio para la Evangelización por haberle ofrecido esta oportunidad. «Ha sido un tiempo verdaderamente fecundo para mí. Que el Espíritu Santo siga guiándonos, renovando nuestros corazones de pastores y dándonos la sabiduría y el valor necesarios para conducir a nuestro pueblo hacia Cristo».
(Agencia Fides 20/9/2026)