TRINITARIOS EN MADAGASCAR IV - Cien años de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos: El peregrinaje del obispo Berardi a las raíces de su vocación

domingo, 2 agosto 2026

O.SS.T.

Por Antonella Prenna

Cerfroid (Agencia Fides) – Desde el primer encuentro con los misioneros españoles hasta la guía del Vicariato Apostólico de Arabia del Norte: un camino entre memoria, fe y misión. Con motivo del centenario de la presencia de la Orden en la isla, el obispo Aldo Berardi recorre el itinerario que hace cuarenta años lo llevó a elegir la familia religiosa de los Trinitarios.

El obispo Berardi, Vicario Apostólico de Arabia del Norte, jurisdicción que comprende Bahréin, Qatar, Kuwait y Arabia Saudí, se prepara para viajar a Madagascar para participar en las celebraciones del centenario de la presencia de la Orden de la Santísima Trinidad en la isla, una conmemoración que evoca las raíces de su vocación religiosa.

El prelado se encuentra actualmente en Cerfroid, en Francia, cuna histórica de la Orden de los Trinitarios y sede de la casa madre, donde ha hecho una parada después de celebrar, el pasado 26 de julio, el 35º aniversario de su ordenación sacerdotal en la iglesia de Saint-Martin, en Ars-sur-Moselle (véase Agencia Fides 29/7/2026).

En una entrevista con la Agencia Fides, el obispo Berardi ha repasado las etapas de su historia vocacional, nacida del encuentro con el carisma trinitario y con el testimonio de los primeros misioneros de la Orden.

«El centenario de la presencia de los Trinitarios en Madagascar representa para mí una fecha de especial significado. Regreso después de cuarenta años: hasta ahora nunca había podido hacerlo, porque cada vez surgía algún obstáculo. Durante la pandemia de Covid era responsable de la formación y había previsto visitar las casas de formación, pero nos quedamos bloqueados en Roma. Cuando finalmente parecía posible partir, llegó el nombramiento episcopal. Este viaje es para mí un regreso a las raíces de mi vocación. Como seminarista diocesano, todavía en búsqueda, precisamente en Madagascar encontré mi familia religiosa. Regreso como peregrino: celebraremos juntos con la comunidad y después llegaré a la zona de Tsiroanomandidy, donde viví durante dos años. Fue precisamente un obispo malgache quien me ordenó sacerdote».

Lo que le conquistó desde el principio, explica, fueron la sencillez y la espiritualidad de la Orden, capaces de unir la dimensión monástica con la apostólica. «También me impresionaron el compromiso, el valor y los sacrificios de los primeros misioneros, que partían sabiendo que probablemente nunca regresarían a su patria».

La vida del prelado ha sido un continuo camino entre continentes y culturas. «Mi vocación nació en Francia, en la región de Metz, donde crecí, estudié, participé en la pastoral vocacional y pasé por los seminarios menor y mayor. Después llegó Madagascar, donde descubrí mi familia religiosa; luego Roma, para los estudios, y finalmente Montreal, donde permanecí tres años en el seminario mayor».

Ingresó en el seminario en Francia a los dieciséis años, después de sus estudios en el seminario menor y posteriormente en el seminario mayor de Villers-lès-Nancy para la diócesis de Metz, y decidió dedicar dos años al servicio civil como alternativa al servicio militar. Fue entonces cuando fue enviado a Madagascar, donde conoció a los Trinitarios españoles comprometidos en las misiones de la diócesis de Tsiroanomandidy. De aquella experiencia nació la decisión definitiva de entrar en la Orden de la Santísima Trinidad.

Hoy los Trinitarios son protagonistas de la vida de la Iglesia en el origen de cuatro diócesis de Madagascar -Miarinarivo, Tsiroanomandidy, Ambatondrazaka y Maintirano-, donde su compromiso misionero continúa contribuyendo al crecimiento de las comunidades eclesiales.
(Agencia Fides 2/8/2026)


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