El Manual de las comunidades eclesiales latinoamericanas ante el desafío de las dependencias: una historia de comunión

viernes, 31 julio 2026 iglesias locales   droga   celam   papa león xiv  

Por Monica Poletto

Bogotá (Agencia Fides) – La cita está fijada en Roma para finales de agosto. Serán dos días de intenso trabajo para un grupo de personas procedentes de distintos países de América Latina que han participado en la elaboración y redacción del “manual”. Un viaje programado para concluir con un encuentro con el Papa León XIV, a quien se entregará una copia del manual junto con el relato de la gran implicación de las comunidades en su realización.
El “manual”, cuyo título en es “Manual de Adicciones”, ha sido promovido y elaborado por iniciativa de una oficina del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), precisamente la dedicada a la Pastoral Latinoamericana de Acompañamiento y Prevención de las Adicciones (PLAPA).
Se trata de una herramienta de trabajo de utilidad universal, ofrecida a todas las realidades, obras y grupos implicados en la atención y el acompañamiento “cuerpo a cuerpo” de quienes viven situaciones de dependencia. Es también fruto y testimonio de una nueva realidad eclesial, viva y fecunda, que desde hace casi veinte años crece espontáneamente en América Latina en torno a obras de acogida y acompañamiento fraterno dirigidas a personas vulnerables, especialmente en los barrios populares de las ciudades.
El pasado 25 de junio, víspera del Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1987, el manual fue presentado en la sede central del CELAM, en Bogotá.
En esa ocasión, el trabajo fue presentado por Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, y por el padre Charly Olivero, coordinador de la PLAPA.
El padre Charly, sacerdote de Buenos Aires, explica en diálogo con la Agencia Fides el origen y la finalidad del manual, concebido ante todo como una ayuda pastoral, teológica y metodológica para que las comunidades puedan acompañar a las personas que afrontan el problema del consumo de sustancias.

Liberar el camino de los “reduccionismos”

El manual -explica el padre Charly- también nació del deseo de las comunidades cristianas de los distintos territorios de América Latina de afrontar juntas el grave problema de la expansión de las drogas, sosteniéndose mutuamente en una mirada y un camino compartidos.
Un manual anterior, titulado “Iglesia, droga y drogodependencia”, publicado en 2001 durante el pontificado de san Juan Pablo II, durante mucho tiempo fue un texto de referencia y una valiosa ayuda. Sin embargo, hoy era necesario actualizarlo, teniendo en cuenta los avances de la ciencia y las respuestas pastorales desarrolladas a lo largo de estos años.
Desde distintos territorios surgía la petición de contar con una nueva herramienta que tuviera en cuenta las características culturales de cada país y, al mismo tiempo, no perdiera nunca de vista las causas estructurales de la expansión generalizada de las dependencias.
Durante sus muchos años de trabajo sobre el terreno en las villas miseria y en los barrios populares argentinos, el padre Charly había experimentado la importancia de una mirada y de un abrazo dirigido a la persona en su totalidad: sin esta perspectiva, ninguna técnica basada en una visión parcial puede ser realmente eficaz. A partir de ahí comenzó el diálogo con las numerosas personas que, en las distintas comunidades, comparten día tras día la vida de quienes están marcados por la dependencia.
Más de trescientas personas se implicaron así en la PLAPA, hasta constituir la amplia red que preparó el manual.
«Este instrumento -subraya el sacerdote argentino- nos permite reducir al máximo aquello que llamamos reduccionismos, que nos impiden caminar juntos. Cuando limitamos nuestra mirada a nuestro propio modo de hacer, a nuestra propia perspectiva, y no la abrimos a la totalidad de la realidad, nos llenamos de límites para comprender su complejidad. El manual ha intentado, gracias a la contribución de todos, abrirse a esta complejidad».
El proceso que guió la elaboración compartida del manual recuerda uno de los principios retomados por el Papa Francisco en la exhortación apostólica “Evangelii gaudium”: la realidad es más grande que la idea. No se trata de confrontar ideas, sino experiencias vividas.
El manual, continúa el padre Charly, está construido según el enfoque pastoral y social en tres etapas -ver, juzgar y actuar- adoptado históricamente por las Iglesias latinoamericanas y codificado por san Juan XXIII en la encíclica “Mater et magistra”.
«En el momento del “ver” -explica el padre Charly- se analiza la situación. El “juzgar” parte de las preguntas que surgen en el corazón de una persona que quiere responder desde un lugar concreto: una parroquia, una diócesis, una escuela, la calle. Del encuentro con esa realidad comienzan a aparecer preguntas que, a su vez, abren nuevas cuestiones. Hemos elegido el método escolástico para estructurar esta parte: ver las preguntas, las respuestas y las posibles objeciones, siempre con la intención de ampliar la mirada hacia la complejidad de la realidad».
Y añade: «Sobre el tema de la droga existen muchas hipótesis, muchos intentos y muchas objeciones. Las analizamos para iniciar a partir de ellas un proceso de discernimiento. Queremos que nuestra mirada sea integral, no abstracta, y que tenga en cuenta todos los factores de la realidad. El manual nace de lugares concretos, de nuestros territorios. Hemos sido tocados por una realidad que, de distintas maneras, ha condicionado nuestras vidas».

La trampa de las abstracciones

Al entrar en la génesis del trabajo, el padre Charly recuerda que todo comenzó en 2018, cuando el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral convocó una reunión en la que participó como representante de la Familia Grande Hogar de Cristo.
«En aquella reunión también estaban presentes representantes de la Secretaría de Estado de Estados Unidos, quienes me comunicaron su intención de elaborar un texto sobre el tema de las dependencias que pudiera ser utilizado por la Iglesia».
La idea tuvo continuidad en una reunión organizada por la CICAD (Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas), dentro de la OEA (Organización de los Estados Americanos). En aquella ocasión se presentó la propuesta formativa en la que estaban trabajando, pero aquel material tenía un fuerte enfoque científico al que se intentaba añadir una dimensión espiritual.
Según el padre Charly, ese planteamiento seguía estando lejos de la amplitud de mirada necesaria para contemplar a la persona en su integridad. Reducía la complejidad, porque un enfoque exclusivamente empírico aborda algunas dimensiones de la realidad dejando de lado otras.
«Por ejemplo, no habla del amor. Y, sin embargo, ¡cuántas personas comienzan un camino para salir de la droga gracias a la presencia de personas que las aman!».
Muchos cursos desarrollados por organismos internacionales, observa, dejan de lado elementos decisivos y factores reales que influyen en la vida y en las decisiones de las personas. Por ejemplo, parten de un dualismo entre la vida real y el sentido religioso, como si este último fuera un añadido y no una dimensión constitutiva del corazón humano.

El contagio de la comunión

Ante su negativa a adherir a aquella perspectiva, se le pidió implicar a personas que trabajaban sobre el terreno para escribir un texto propio. Así nació una primera versión que, en 2023, se desarrolló también en módulos formativos.
Gracias a la propuesta de actividades de formación, el grupo recorrió distintos países de América Latina, profundizando en el conocimiento de los territorios y creando progresivamente una red de personas implicadas en el trabajo del Manual y en la naciente PLAPA.
De este camino surgió también la necesidad de desarrollar dentro del CELAM una línea pastoral específica para las personas que afrontan situaciones de dependencia. El tema fue compartido con el obispo Jorge Lozano, entonces secretario del CELAM, quien inició el proceso en esa dirección. Poco a poco, las personas implicadas en las actividades formativas pasaron a formar parte de la PLAPA.
Realidades comprometidas en comunidades dispersas por todo el continente comenzaron a unirse en este espacio eclesial, a participar y a dialogar. En ese intercambio surgió la necesidad de una mirada común que generara también una herramienta común, construida a partir del encuentro entre experiencias diversas.
Las reuniones implicaron a cientos de personas y abordaron diferentes temas, trabajando a menudo en pequeños grupos: el acompañamiento de las mujeres, la atención a las personas consumidoras privadas de libertad, la realidad de quienes viven en la calle, la expansión y globalización del crimen organizado y la forma en que este condiciona los territorios. Cada participante aportaba desde su propia experiencia.
Para integrar toda esta riqueza en el manual, el grupo contó también con la ayuda de la inteligencia artificial, utilizada para identificar elementos comunes entre regiones diferentes y organizar el material recogido. «Nos ayudó, pero no nos sustituyó», precisa el padre Charly. El trabajo de lectura y comprensión de toda esa riqueza requirió mucho tiempo; solo después comenzó la redacción.
La visión integral desemboca en lo que el padre Charly define como ética del cuidado. Entre dos posiciones extremas -la reducción del daño y el abstencionismo-, la ética del cuidado se sitúa en otro nivel: es una continuidad de la mirada dirigida a la persona y a su corazón.
A veces una persona necesita una ducha, y se hace todo lo posible para que pueda darse esa ducha; cuando después comienza un camino de abandono del consumo, se la acompaña para que pueda llevarlo adelante.
Ahora comienza la fase de difusión del manual, también mediante itinerarios formativos destinados a las diócesis y a los agentes implicados en este trabajo.
«Los itinerarios formativos -explica el padre Charly- quieren ser una ayuda concreta para la labor de las parroquias y las comunidades, y una forma de continuar el método utilizado para crear el manual. Proponen experiencias de referencia. Y cuando alguien te cuenta su propia experiencia, es fácil que nazca una relación. Lo más importante es que este trabajo de intercambio continúe entre nosotros y con todos aquellos que quieran implicarse».
La riqueza de experiencias y contactos compartidos en torno al manual seguirá alimentando esta herramienta, concebida como un instrumento en continua actualización.
No se trata de cerrar una etapa, sino de comenzar a ofrecer este trabajo a todos.
(Agencia Fides 31/7/2026)


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