ASIA/VIETNAM - El arzobispo Joseph Vu Van Thien: “La Iglesia en Vietnam, agradecida a los misioneros y a los mártires, canta su Magnificat”

lunes, 18 mayo 2026 iglesias locales   misión   bautizo   catecismo   mártires   obras sociales   caridad  

Archdiocese of Hanoi

Por Paolo Affatato

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Con cerca de 30.000 nuevos bautizados cada año, la Iglesia católica en Vietnam da testimonio de una fe viva y dinámica, incluso en el contexto de una sociedad marcada por numerosas complejidades y dificultades. Así lo ha afirmado Joseph Vu Van Thien, arzobispo de Hanói y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Vietnam, en una entrevista concedida a la Agencia Fides al término de la visita ad limina apostolorum.
El arzobispo ha explicado que la comunidad católica vietnamita, inspirada por el testimonio de los primeros misioneros y fortalecida por el ejemplo de los mártires, cuenta actualmente con 7,5 millones de fieles, 7.400 sacerdotes, 27.000 religiosos y religiosas, 2.500 seminaristas en formación y alrededor de 70.000 jóvenes catequistas.

- Arzobispo Joseph Vu Van Thien, ¿cómo describiría la vida de la Iglesia en Vietnam?
- Se podría hablar largo y tendido de las maravillas que el Señor ha obrado en la Iglesia en Vietnam. Y la mejor manera de hacerlo es con el espíritu del Magnificat. Me gustaría destacar, ante todo, la vitalidad y el dinamismo de nuestra Iglesia, en medio de una sociedad marcada por no pocas complejidades y dificultades. En cierto modo, la propia vida de los cristianos vietnamitas es un Magnificat, porque está llena de maravillas.
Gracias a esta vitalidad, las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada siguen siendo numerosas. Son muchos los jóvenes que deciden entregar su vida al Señor en el sacerdocio o en la vida religiosa, o bien comprometerse activamente en la pastoral de sus parroquias.
Para entender el porqué de esta fecundidad, hay que reconocer, en primer lugar, que se trata de una gracia y de una voluntad de Dios. Pero, desde el punto de vista humano, el gran secreto está en la familia, que es el verdadero fundamento de una fe vivida y transmitida en el hogar.
En las comunidades católicas vietnamitas, la formación en la fe comienza muy pronto. El catecismo arranca en la propia familia y, a partir de los siete años, los niños inician la preparación para la Primera Comunión y la Confirmación. En general, existe un itinerario de iniciación cristiana muy bien estructurado, que ayuda a afianzar y profundizar la fe de los niños y de los jóvenes.
Quisiera añadir, en particular, que uno de los caminos más habituales por los que muchos muchachos descubren la vocación sacerdotal es el servicio al altar. Muchos comienzan como monaguillos. Esa experiencia les permite crecer en una fe sólida, familiarizarse con la liturgia y sentirse como en casa junto al altar. Y, por supuesto, todo ello se ve reforzado por el apoyo de la familia. Al final, todo empieza ahí.

- ¿Puede ofrecer algunos datos sobre la comunidad católica vietnamita?
- La Iglesia en Vietnam sigue siendo todavía un “pequeño rebaño”, con 7,5 millones de fieles sobre 102 millones de vietnamitas, lo que equivale al 7,3% de la población. La Iglesia está organizada en 27 diócesis. Aproximadamente entre el 75% y el 80% de los fieles practica activamente su fe, y la Iglesia en Vietnam continúa dando abundantes frutos.
Según datos de 2025, hay 7.453 sacerdotes, entre diocesanos y religiosos; 27.000 religiosos y religiosas; y 2.500 seminaristas en formación, repartidos en once seminarios mayores. En los consejos pastorales y asociaciones católicas, 70.000 jóvenes catequistas prestan servicio en las parroquias.
Quisiera señalar que en nuestro país vivimos un tiempo histórico en el que la revolución informática, el progreso científico y el crecimiento económico son a la vez un don y una tentación, y pueden alejar a muchos de Dios. Ante estas dificultades y desafíos, tanto en la Iglesia como en la sociedad, como pastores nos esforzamos por formar a cada bautizado como auténtico discípulo y como discípulo-misionero.
Cada año acogemos alrededor de 30.000 nuevos bautizados; en 2025 fueron aproximadamente 33.000. Este es un gran don. Las comunidades parroquiales y religiosas llevan a cabo numerosas iniciativas y actividades para dar testimonio y anunciar el Evangelio. Y muchos sacerdotes vietnamitas, tanto diocesanos como religiosos, son misioneros en diversos países.

- En la sociedad, ¿cuál es la opinión que se tiene de la Iglesia católica y de los católicos?
- La sociedad vietnamita está dirigida por el Partido Comunista, que es ateo. Los católicos son solo una minoría en una sociedad mayoritariamente budista o que sigue creencias animistas y populares. Por un lado, existe una propaganda que intenta afirmar que el cristianismo es “llegado del extranjero”, que fue llevado por forasteros y, por tanto, permanece ajeno a nuestra cultura y a la nación. Este tipo de propaganda se percibe no solo en la información, sino también en el sistema educativo. Se intenta vincular a los primeros misioneros con el colonialismo, presentando una imagen negativa. Es un error histórico, pero deliberado. Sabemos que los primeros misioneros llegaron a Vietnam en el siglo XVII, mientras que los franceses solo llegaron a finales del siglo XIX.
Desde otra perspectiva, a ojos de los no católicos, la Iglesia católica es valorada como una realidad bien organizada, bien estructurada jerárquicamente y, por tanto, sólida, que ofrece certezas. Los católicos, en general, son apreciados por su contribución al bien de la sociedad mediante obras sociales y caritativas. E incluso los funcionarios gubernamentales -cuando tenemos la oportunidad de dialogar con ellos- observan que, allí donde hay muchos católicos, hay menos criminalidad.
En las grandes ciudades, donde la población tiene un nivel de educación más elevado, la gente comprende mejor el catolicismo y tiene una buena opinión de nuestras comunidades, por sus obras caritativas y porque ofrecen valores positivos a la sociedad y a los jóvenes. En los pequeños pueblos y en las zonas remotas, en cambio, la imagen de la Iglesia no es tan positiva debido a los efectos de la propaganda.

- ¿Los católicos se presentan como “buenos ciudadanos y buenos cristianos”: sigue siendo siempre esta la postura?
- Esta es la expresión que fue utilizada con respecto a nosotros por el Papa Benedicto XVI durante la visita ad limina en 2009. Esta perspectiva es muy clara desde el punto de vista evangélico, y también el gobierno la utiliza con frecuencia, aunque dándole un matiz un poco más “político”. Para nosotros significa que los fieles tienen una profunda fe en Dios y, al mismo tiempo, son excelentes ciudadanos y aman su país, aportando con su trabajo y su vida una contribución concreta a la sociedad.
Los funcionarios comunistas intentan a veces transformar el concepto de patriotismo en “amor por el socialismo”. Quisiera recordar la importancia de la carta pastoral de 1980, punto de partida de la Conferencia Episcopal, que dice: “vivir la fe en el corazón o en medio del pueblo”. Fue un excelente punto de partida para la relación con la comunidad civil.

- Parece que ha habido una mejora gradual de las relaciones bilaterales con las autoridades gubernamentales. En este marco, ¿se inserta la invitación dirigida por el presidente vietnamita al Papa a visitar el país?
- Desde 1980 hasta hoy ha habido una mejora, en paralelo con las relaciones con la Santa Sede. Un punto importante, por ejemplo, fue 1989, con la visita a Vietnam del cardenal Roger Etchegaray: podemos decir que entonces comenzó una nueva fase y desde entonces empezamos a hablar de diálogo.
Años después, en 2011, fue nombrado el primer “representante pontificio no residente” de la Santa Sede en Vietnam; en 2023 el representante pontificio se convirtió en residente, y hoy es el arzobispo Zalewski. En este proceso se ha creado el grupo de trabajo mixto Santa Sede-Vietnam, que ha comenzado a dar frutos concretos.
Quisiera recordar que ya el anterior presidente había invitado al Papa. Ahora el nuevo presidente Tô Lâm, que es también secretario general del Partido, el pasado abril ha invitado al Papa León XIV a visitar Vietnam. Como ciudadanos vietnamitas y como católicos esperamos con gran esperanza esta visita. Este era también el deseo del Papa Juan Pablo II durante la ceremonia de canonización de los 117 santos mártires vietnamitas en 1988, en Roma. Confiamos en la milenaria experiencia de la diplomacia pontificia, que sabrá cómo actuar para el bien no solo de la Iglesia en Vietnam, sino también del pueblo vietnamita. Durante la visita ad limina, también nuestro presidente de la Conferencia Episcopal, Joseph Nguyễn Năng, arzobispo de Ho Chi Minh (Saigón), ha invitado oficialmente al Papa a visitar Vietnam.

-¿Cómo ha ido vuestro encuentro con el Papa?
- Ha sido un encuentro muy cálido y amistoso. León XIV ha habaldo de la Iglesia vietnamita con afecto: sabe que es pequeña, pero activa y ferviente de juventud. La impresión más importante para nosotros, cuando venimos a Roma y nos encontramos con el Papa, es la de un “retorno a casa”. En todos los dicasterios que hemos visitado ha reinado siempre este espíritu; ha habido una acogida cálida. Nos han dicho: están aquí no solo para rendir cuentas, sino para construir la comunión y la unidad en la familia. El Papa nos ha dado consejos sobre cómo llevar a cabo nuestro ministerio.

- ¿Qué consejos les ha dado?
- El primer buen consejo es prestar atención a la formación de los sacerdotes y seminaristas. El segundo se refiere al papel de los laicos no solo en la colaboración pastoral, sino también en el ámbito administrativo. El tercer punto es el cuidado especial de la pastoral juvenil. El cuarto es permitir que las mujeres puedan participar activamente en la vida de la Iglesia, protegiendo su dignidad y sus derechos. Finalmente, nos ha invitado a cuidar a los menores y a los más vulnerables, salvaguardando su vida y su presencia en la comunidad. Hemos salido consolados y animados por las palabras del Papa.
Quisiera recordar que el 2 de julio de 2026 un legado apostólico pontificio visitará nuestro país para la beatificación del padre Francisco Javier Trương Bửu Diệp, mártir que dio la vida en 1946 como testigo de la caridad hacia los pobres y los sufrientes. Este evento será sin duda una alegría y un precioso estímulo para el Pueblo de Dios en Vietnam e inspirará a todos a vivir y testimoniar el Evangelio con aún mayor celo.

- Si llegara a realizarse, ¿qué podría significar la visita del Papa a Vietnam para la Iglesia local?
- Podría significar mucho porque sería la primera vez en la historia que un Papa visita Vietnam. Sería significativo para los católicos: podemos imaginar la alegría y el entusiasmo, y cómo reforzaría la fe; pero también lo sería para los no católicos. El Papa es el supremo jefe de la Iglesia universal. También los no católicos valoran mucho a nuestro Papa como promotor de la paz, por lo que su presencia sería sin duda muy significativa y recibiría una cálida acogida.

- ¿Qué recuerdos tienen de los primeros misioneros que llevaron la fe a Vietnam y qué relación existe con esa memoria?
- Los vietnamitas, al pensar en los misioneros, sienten una inmensa gratitud. Estamos felices de haber recibido el don de la Buena Nueva del Evangelio gracias a los misioneros. Recordamos, en particular, al jesuita francés Alexandre de Rhodes, una figura muy importante, que llegó a Vietnam en el siglo XVII y tuvo la oportunidad de colaborar con otro misionero, el portugués Francisco de Pina, para transcribir la lengua local usando caracteres latinos. Ellos crearon un nuevo sistema de escritura de la lengua vietnamita, que seguimos usando hoy. Gracias a ellos, Vietnam es el único país de Asia que utiliza el alfabeto latino, mientras que otros países tienen su propia escritura. Inventar una nueva escritura para un pueblo es una obra de altísimo valor. Los gobiernos vietnamitas y también las universidades vietnamitas, aunque a veces son reticentes a mencionar la obra de los misioneros, no pueden negarlo y reconocen debidamente a Alexandre de Rhodes y a sus compañeros.
Hemos tenido en Vietnam misioneros de muchísimas otras órdenes religiosas, como los jesuitas, agustinos, dominicos, franciscanos, los sacerdotes de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París (MEP) y muchos otros. Los dos primeros misioneros del MEP fueron también los dos primeros obispos nombrados por la Santa Sede en Vietnam, en el sur y en el norte: Mons. Lambert de la Motte y Mons. François Pallu. Para ellos, en 2024 hemos iniciado la investigación diocesana para la causa de beatificación.
Quisiera recordar que a menudo nuestras comunidades organizan peregrinaciones para visitar las tumbas de los misioneros, siempre con gran y profunda gratitud. Muchos misioneros están enterrados en Vietnam, han ofrecido su vida hasta el final, son misioneros ad vitam. Nosotros nos emocionamos y sentimos un profundo afecto cuando vemos las tumbas de los misioneros. Nos han dejado un testimonio vivo de fe. La influencia de los misioneros en Vietnam es muy profunda, no solo en la mentalidad, sino también en la cultura y en la estructura de la Iglesia vietnamita. Sobre todo les agradecemos porque, a través de su presencia, hemos recibido el don de la fe.

- ¿Qué relación existe todavía hoy con los mártires vietnamitas, con su espiritualidad? ¿Qué significan hoy para la vida de la Iglesia?
- Los católicos vietnamitas en general están muy orgullosos y agradecidos hacia nuestros mártires. Esto se puede ver con mucha claridad en las comunidades católicas de la diáspora, en Europa, en Estados Unidos y en otras partes del mundo. Cuando se reúnen para formar una comunidad o para fundar una capilla, el nombre a menudo hace referencia a los Santos Mártires Vietnamitas o la Virgen de La Vang. Nutrimos un profundo amor y devoción por los mártires vietnamitas y, por eso, a lo largo de todo el país se ven muchísimos santuarios dedicados a ellos, en el lugar de su nacimiento o del martirio.
Imaginemos que, en 200 años de vicisitudes y persecuciones, se calcula que los mártires vietnamitas son alrededor de 130.000. También está el caso de una aldea entera de mártires: personas que fueron quemadas vivas solo por ser creyentes en Cristo. De este grupo, 117 fueron canonizados en 1988 y uno fue beatificado en el 2000.
En Hanoi hemos completado un nuevo santuario dedicado a los mártires. Se espera que esté listo a finales de 2026 y será inaugurado el próximo año, con el primer encuentro de la Conferencia Episcopal en el santuario nacional. El 2027 es el 400º aniversario de la llegada de Alexandre de Rhodes a Thăng Long (hoy Hanoi).
La espiritualidad de los mártires es la fidelidad a Dios. Tratamos de enseñar a nuestros fieles que hoy ya no existe la persecución como en el pasado, pero la fidelidad sigue siendo la misma. En la sociedad moderna, donde existen fenómenos como el consumismo y la secularización, que alejan de Dios, hay una gran necesidad del espíritu de los mártires: la fidelidad.

- Ha citado a la Virgen de La Vang: ¿por qué es tan importante para los fieles vietnamitas y qué significa esta devoción?
- La Vang es el nombre de un lugar en el centro de Vietnam, donde hace más de 200 años muchos fieles, que habían huido a causa de la persecución, se refugiaron. Era una selva. A nivel terminológico -entre varias hipótesis- el nombre La Vang se refiere al nombre de un tipo de hojas de esa selva.
Mientras esos fieles estaban rezando el Rosario, vieron la aparición de la Virgen, que los animó a ser auténticos en la fe y permanecer siempre fieles, porque “Yo estoy siempre con vosotros”, les dijo la Virgen. Y prometió que quienquiera que llegara a ese lugar a rezar sería escuchado. Así, poco a poco, La Vang se convirtió en un lugar que atrajo peregrinaciones y hoy allí se levanta un santuario mariano nacional.
Hace más de veinte años la Conferencia Episcopal de Vietnam decidió crear una estatua de la Virgen con rasgos y vestimenta vietnamitas. Una de las primeras estatuas fue bendecida por el Papa Juan Pablo II para ser venerada después en Vietnam. El significado espiritual de este lugar es la profunda y filial devoción mariana del pueblo. El pueblo vietnamita tiene un gran amor por la Virgen también porque la imagen de una madre, en nuestra cultura, es una imagen y figura maravillosa que encarna la resiliencia, el sacrificio, el amor incondicional y es la columna vertebral de la familia y de la sociedad.
Existe un vínculo cultural, porque los vietnamitas aman mucho la figura de la “madre”. Y así no solo los católicos rezan a la Virgen: también los budistas encuentran fácil dirigirse a ella. En nuestra tradición poética y literaria hay innumerables cantos y dichos sobre la figura de la madre. También gracias a esto, es tradición que todos los fieles acudan a María para expresar su devoción y pedir gracias. Van a María para que María los lleve a Cristo.
(Agencia Fides 18/5/2026)

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