© UNICEFSaid Fadhaye
Mogadiscio (Agencia Fides) – Las Naciones Unidas han lanzado una nueva alerta sobre la crisis humanitaria en Somalia. Según las últimas estimaciones de la plataforma Integrated Food Security Phase Classification - IPC, que monitorea la inseguridad alimentaria a nivel mundial, el número de personas afectadas por inseguridad alimentaria aguda podría alcanzar los 6,5 millones durante el primer trimestre de 2026.
De esa cifra, alrededor de 1,8 millones serían niños menores de cinco años, y casi medio millón de ellos padecerían malnutrición aguda.
En la base de esta nueva alarma se encuentra la sequía que azotó al país en la segunda mitad de 2025, interrumpiendo un período de dos años en el que las lluvias habían permitido una leve mejora de la situación alimentaria. En el primer trimestre de 2025, las personas en situación de inseguridad alimentaria aguda se estimaban en 3,4 millones, prácticamente la mitad de la proyección actual.
Los más afectados son pastores, pequeños agricultores y desplazados internos. La crisis alimentaria se entrelaza, además, con los problemas estructurales del país, marcado por el terrorismo yihadista y una prolongada inestabilidad política. Las regiones centrales y meridionales -donde la subsistencia depende principalmente de la agricultura y la ganadería- son las más golpeadas, mientras que las zonas del norte presentan una situación relativamente menos grave.
A la emergencia contribuyen también el encarecimiento de los productos alimentarios importados y la drástica reducción de la ayuda internacional. En enero, la asistencia humanitaria alcanzó apenas al 17 % de la población necesitada. En los próximos meses, el panorama podría deteriorarse aún más: se prevé que solo el 9 % de las personas en situación de vulnerabilidad reciba apoyo.
La plataforma IPC es un instrumento de las Naciones Unidas que clasifica la inseguridad alimentaria en cinco niveles: mínima, bajo presión, crisis, emergencia y hambruna (Minimal, Stressed, Crisis, Emergency, Famine) Estas cinco fases van desde una situación alimentaria adecuada (Minimal) hasta la hambruna extrema (Famine). De acuerdo con los datos disponibles, en Somalia -con una población estimada en 19 millones de habitantes- un tercio se encuentra actualmente en la fase 3 (crisis), mientras que una parte significativa de estos se sitúa ya en la fase 4 (emergencia). Aunque la presión derivada de la sequía podría disminuir hacia junio, otros factores, como la fragilidad política y social, podrían mantener la inseguridad alimentaria en niveles similares a los registrados a comienzos de año.
En medio de un contexto ya gravemente comprometido -con riesgos que afectan incluso a la integridad territorial del país, dada la situación en Somaliland- el Gobierno de Mogadiscio ha celebrado en las últimas semanas varias reuniones para abordar la crisis. En los encuentros han participado representantes de los ministerios de Educación y Cultura, de la Oficina del Primer Ministro y de la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (Sodma).
Sin embargo, las deliberaciones no han desembocado hasta ahora en medidas concretas capaces de revertir la tendencia. El director de Sodma, Mahmoud Moallim Abdulle, ha hecho un llamamiento a la población somalí y a los miembros de la diáspora para que respalden con aportaciones financieras las acciones destinadas a mitigar los efectos de la sequía.
(CG) (Agencia Fides 3/3/2026)