ÁFRICA/UGANDA - Llevar a la salvación a los propios asesinos: la aventura cristiana del misionero Raffaele Di Bari

sábado, 17 enero 2026 misioneros   misioneros asesinados   mártires   evangelización  

Casa editrice Rotas

Kampala (Agencia Fides) – «Sin duda, el mártir padre Raffaele ha sido y sigue siendo un don para nuestra Iglesia diocesana. Un hombre de gran libertad y de un gran amor por cada persona. A pesar de los peligros y de la creciente hostilidad de los adversarios, a pesar del miedo y de las amenazas, llevó adelante su apostolado como hermano, amigo y sacerdote, como “Loribamoi”, hombre que crea comunión en lengua ugandesa». Así escribe el arzobispo de Trani-Barletta-Bisceglie, Leonardo D’Ascenzo, en la introducción del volumen “El sueño de Rafa: Padre Raffaele Di Bari, misionero para siempre en su África”.

El volumen, escrito por Maria Antonietta Binetti y publicado por la editorial Rotas, presenta a los lectores el perfil humano y espiritual del padre Raffaele Di Bari, misionero comboniano en Uganda, originario de Barletta, asesinado en una emboscada el 1 de octubre de 2000 mientras se dirigía a celebrar la misa y los bautismos en Acholi Bur, un pueblo de su parroquia.

Nacido en 1929, Raffaele Di Bari fue ordenado sacerdote en 1956 y expresó inmediatamente a sus superiores el deseo de ser enviado a África, deseo que se cumplió en un plazo de tres años. Misionero entusiasta de su vocación, de personalidad valiente y generosa, llegó a Uganda en 1959 y permaneció allí más de cuarenta años, hasta su muerte, combinando la obra evangelizadora con un incansable trabajo de promoción humana. Introdujo molinos en la zona, construyó escuelas y capillas, fomentó la labor de los catequistas, distribuyó azadas y arados para cultivar la tierra, impulsó el cultivo de arroz, maíz y girasol, y facilitó estudios en el extranjero a numerosos jóvenes.

Pero, sobre todo, nunca dejó de denunciar las injusticias, la violencia y los abusos cometidos por los opresores de aquel pueblo que había hecho suyo. Sobrevivió a varios atentados y pocos días antes de ser asesinado en una entrevista telefónica a la agencia MISNA (Missionary Service News Agency), dirigida entonces por su cofrade padre Giulio Albanese, declaró: «En tantos años de África, la misión más grande que el Señor me ha confiado ha sido dar voz a esta gente, denunciando las atrocidades que los rebeldes cometen casi a diario contra ancianos y niños».

Alcanzado por una ráfaga de disparos, el padre Rafa murió en el acto. El automóvil en el que viajaba fue incendiado, de modo que también el cadáver del sacerdote sufrió la misma suerte.

En el posfacio del volumen, el padre Albanese escribe: «Puedo declarar sin reservas que nuestro hermano fue asesinado a causa del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Por la Buena Nueva que lo obligaba proféticamente a estar de la parte de esa humanidad sufriente que, en ese determinado contexto histórico, estaba siendo sacrificada en el altar del egoísmo humano. La población de Pajule (la misión donde residía y donde fue sepultado) lo venera aún hoy como santo. El mismo joven rebelde de la LRA (Ejército de la Salvación del Señor) que el 1 de octubre de 2000 le disparó para rematarlo, me confesó en una entrevista que su conversión se debía al padre Raffaele. Este joven se benefició de la amnistía concedida por el presidente ugandés y pasó tiempo en la misión de Kitgum. Fue el padre Tarcisio Pazzaglia, fiel compañero de misión, quien me lo presentó».

Precisamente en padre Tarcisio, padre Giulio y padre Carlos se centra el inicio del libro, que comienza con una escena muy intensa ocurrida exactamente un año después de la muerte de padre Raffaele Di Bari. Los tres misioneros combonianos, junto a un periodista -personaje inventado por la autora como recurso narrativo para relatar la historia de padre Raffà- están a punto de ser fusilados, cuando ocurre lo inesperado: el comandante del pelotón de ejecución reconoce al padre Giulio Albanese, que había sido uno de sus monaguillos en Kampala. Todos son liberados, y en la posfación del libro, padre Albanese atribuye esta liberación a la intercesión de padre Raffà, a quien había invocado en oración en aquel terrible momento.

El volumen, que también cuenta con una versión ilustrada para niños, reúne la “geografía de los lugares y del corazón” del padre Raffà, como lo definió don Ferdinando Cascella, exdirector del Centro Misionero Diocesano de Trani-Barletta-Bisceglie, y concluye con una oración escrita por el propio padre que publicamos a continuación:

“Hijo mío,
que estás en esta tierra,
preocupado, triste y tentado,
te llamo por tu nombre,
te conozco y te amo.
No tengas miedo,
nunca estarás solo,
siempre estaré a tu lado,
juntos sembramos la semilla de la vida
que te dejo en herencia.
Solo deseo que cumplas
mi voluntad.
No te preocupes:
te daré alimento cada día
para compartir con tu prójimo
más pobre, en solidaridad.
Debes saber que te perdono todo pecado
incluso antes de que lo cometas;
solo te pido que perdones
a todos los que te ofenden.
Para no sucumbir a la tentación,
toma mi mano
con fuerza y confianza.
Te liberaré del mal,
hijo mío,
tan querido para mí”.
(EG) (Agencia Fides 17/01/2026)


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