(Photo by Jacob Wiegand | St. Louis Review)
Por Marie-Lucile Kubacki
Saint Louis (Agencia Fides) – Saint Louis, Misuri, 24 de septiembre. Para muchos peregrinos, la jornada ha comenzado temprano. Algunos se han apresurado hacia las entradas del America’s Center, el enorme complejo situado en el centro de la ciudad, cerca del estadio del legendario equipo local de béisbol, los Cardinals.
En el interior del amplio centro de convenciones, que casi parece una pequeña ciudad, una exposición recorre la vida del arzobispo Fulton J. Sheen. La recreación de un típico salón estadounidense alberga un televisor en el que se proyectan imágenes en blanco y negro de ‘Life Is Worth Living’, su programa de los años cincuenta. Sobre una mesa hay ejemplares de la revista ‘Life’, entre ellos uno dedicado al comunismo, en alusión a uno de los temas que Sheen abordaba con frecuencia en antena.
La exposición reúne una ecléctica colección de puestos y expositores: vendedores de artículos devocionales dedicados a Sheen, entre ellos rosarios, monedas conmemorativas y estampas; un puesto que ofrece figuras de Lego de sacerdotes celebrando la Misa, incluida una figura coleccionable de Sheen; universidades que presentan sus programas; órdenes religiosas, asociaciones y librerías. En un puesto de la capellanía del Ejército estadounidense, los niños se agolpan para recibir pulseras de plástico negras y amarillas con el lema «Be all you can be».
En el exterior, una larga fila para confesarse serpentea mientras, alrededor de las mesas, grupos de personas se calientan las manos con grandes vasos de café americano.
Recuerdos en blanco y negro
Los peregrinos han llegado de 49 estados de Estados Unidos y de más de diez países, según ha explicado el obispo de Peoria, Louis Tylka, quien durante la rueda de prensa ha señalado que también se ha constatado un gran interés procedente de Italia, Polonia y Brasil.
«Somos de la diócesis de Peoria, y mi hija ha venido en avión desde la archidiócesis de Seattle para participar en este acontecimiento», cuenta a Fides Colleen Murphy, una mujer vivaz, de unos setenta años, cuidadosamente peinada. Murphy recuerda que, cuando era niña, veía los programas de televisión de Sheen junto a su padre. «Cuando lo mirabas a los ojos, parecía que te estuviera hablando precisamente a ti y a nadie más». También le atrae su devoción a María. Ahora pide a Sheen que vele por sus hijos y sus nietos y los proteja.
Para María Cervantes, catequista de la parroquia de San Bonifacio, en Lafayette (Indiana), hispanohablante, Sheen es «un ejemplo de cómo alcanzar la santidad en una vida ordinaria», a través de la espiritualidad y de la atención a los pequeños momentos de cada día. Explica que el párroco de su comunidad presentó a Sheen a un grupo de catequistas y les ayudó a organizar el viaje. Así ha llegado hasta Saint Louis.
Jim Sabatier y Marty Stark han venido desde Oxford, Misisipi. Sabatier recuerda haber visto a Sheen en televisión, en blanco y negro, junto a sus padres y sus siete hermanos. «Recuerdo simplemente que se quitaba la capa y después... era realmente especial», cuenta Stark. «También me llamaban la atención sus ojos y su voz, y recuerdo que escribía en la pizarra con una letra muy ordenada».
Todos se dirigen hacia la gran cúpula del America’s Center, una estructura construida para acoger grandes acontecimientos deportivos y otras concentraciones multitudinarias, preparada para una jornada de oración y celebración. El programa ha comenzado varias horas antes de la Misa de beatificación, con intervenciones, música y testimonios destinados a introducir a los peregrinos en un clima de oración. Las dimensiones del recinto hacen que la concentración resulte todavía más impresionante: pese a la presencia de decenas de miles de personas, el ambiente en el interior se mantiene, en su mayor parte, silencioso y atento.
Antes de la liturgia, el obispo Tylka ha descrito la beatificación como la culminación de años de oración y meses de preparación. «A través de él hemos podido encontrarnos con el Señor y con ese maravilloso mensaje que él comparte siempre: Dios te ha amado», ha afirmado. Considerando que la ocasión es significativa no solo para la diócesis de Peoria o para la Iglesia de Estados Unidos, sino para la Iglesia de todo el mundo. Un solideo que perteneció a Sheen ha sido colocado sobre el escenario durante el programa previo a la Misa.
“Bienaventurados vosotros cuando el Resucitado actúa con vosotros”
Durante la Misa, James Fulton Engstrom -el niño que permaneció sin pulso ni respiración durante 61 minutos y cuya recuperación ha sido reconocida como el milagro atribuido a la intercesión de Sheen- presentará una reliquia: un fragmento de la mandíbula de Sheen. Durante la rueda de prensa, su madre, Bonnie Engstrom, ha explicado que la familia puso al niño el nombre de Sheen y lo encomendó a su protección antes de su nacimiento. La procesión que entra en la cúpula lleva ante la asamblea una larga fila de sacerdotes y obispos. Se habían inscrito 89 obispos, junto con unos 1.000 sacerdotes, 850 religiosos, 850 seminaristas y 260 diáconos. El cardenal Luis Antonio Tagle, que preside la celebración, avanza visiblemente emocionado. En su homilía, define la beatificación no como un homenaje a una celebridad, sino como el reconocimiento de una vida modelada por la misión: proclamar el Evangelio y servir al prójimo, especialmente a los pobres y a los más vulnerables.
La popularidad de Sheen como presentador de televisión y escritor, sugiere el cardenal, no lo convirtió por sí misma en beato. Su verdadera importancia estaba en aquello a lo que remitía –Cristo- y en las relaciones que supo construir con las personas. «Predicar la propia sabiduría, en lugar de la de Jesús, significa falsificar la Palabra de Dios: no es misión; no es bienaventuranza», ha advertido el cardenal. «Bienaventurados y hermosos son vuestros pies cuando anunciáis la salvación y la paz de Dios, según el profeta Isaías. Recorrer tierra, mar y aire proclamando palabras destructivas y llevando a cabo actos violentos no es misión; no es bienaventuranza. Bienaventurados vosotros cuando el Señor resucitado actúa con vosotros y confirma el Evangelio que predicáis mediante signos milagrosos». Y añade inmediatamente después: «La autosuficiencia y la autoafirmación son una mala señal; no es misión, no es bienaventuranza. Por eso, un evangelizador misionero es conocido por Jesús y está llamado a conocer a Jesús y su Evangelio; está llamado a trabajar humildemente con Jesús. Y, en este camino, el evangelizador misionero llega a conocerse a sí mismo en Jesús. Bienaventurados vosotros cuando Jesús os ve, os conoce, os llama, os envía y actúa con vosotros. Bienaventurados vosotros cuando llegáis a conocer vuestro verdadero yo y vuestra misión porque Jesús os conoce y vosotros conocéis a Jesús. Bienaventurados los auténticos evangelizadores misioneros».
Un beato que quería ser solo “quien abre la puerta”
El cardenal recuerda la respuesta de Sheen cuando el Papa Pío XII le preguntó a cuántas personas había convertido. Sheen respondió que no las había contado, para no caer en la tentación de pensar que las conversiones eran mérito suyo. Se describió como «simplemente alguien que estaba en la puerta», que a veces podía acompañar a las personas hasta la puerta abierta de la casa de Dios.
Para el cardenal, esa imagen resume una cualidad esencial del ministerio de Sheen: la humildad respecto al papel del predicador y la confianza en el mensaje. El cardenal Tagle subraya asimismo la atención de Sheen a la pobreza, citando su célebre intervención de 1964 en el Concilio Vaticano II: «Así como solo un Cristo herido podía convertir a un Tomás escéptico, solo una Iglesia herida por la pobreza puede convertir a un mundo escéptico». Ante estas palabras, algunos fieles asienten en silencio.
La beatificación y las heridas de la ciudad y del mundo
Aunque la beatificación se celebra en el centro de la ciudad, en una zona animada y predominantemente comercial, las condiciones varían de un barrio a otro. La ciudad de Saint Louis registraba una tasa de pobreza del 20,6 % en 2024, frente al 12,1 % a nivel nacional. También la tasa de delitos contra la propiedad era considerablemente superior a la media nacional. En 2024, Saint Louis registró 150 homicidios; su tasa de homicidios se situó entre las más altas, en primer lugar dentro de la muestra de 24 ciudades de un estudio, aunque descendió en 2025.
La ciudad sigue marcada por profundas divisiones sociales y raciales, configuradas en parte por décadas de segregación y desigualdad entre los distintos barrios.
El cardenal recuerda después una historia contada por el propio Sheen, ocurrida durante una visita a personas afectadas por la lepra en Uganda. Sheen había llevado cruces de plata para regalárselas. Cuando retrocedió al ver la mano deformada de un hombre, comprendió que la cruz que ofrecía representaba a Cristo, que había abrazado la vulnerabilidad humana. Entonces tocó y estrechó la mano de aquel hombre, cuenta el cardenal, describiendo a Sheen como «la persona número 501 afectada por la lepra».
Y concluye: «¡Dichoso el vaso de barro que recibe su fuerza de Jesús! Dichoso el evangelizador convertido al contemplar y tocar las heridas de Cristo resucitado en los hermanos y hermanas heridos. Dichoso el misionero que se adentra hasta lo más profundo del corazón de los pobres para encontrarse allí con Jesús. ¡Dichoso Fulton J. Sheen!».
El Rosario de cinco colores
Después de estas palabras, la liturgia eucarística continúa en un silencio sorprendente, teniendo en cuenta la multitud congregada. Las filas para la comunión avanzan lenta y solemnemente; después, los peregrinos regresan a sus lugares para la conclusión de la Misa.
Entre los peregrinos está Michael Krzyzanowski, veterano del Ejército estadounidense, que escuchó hablar por primera vez de Sheen cuando estaba en el seminario, a mediados de los años sesenta. Había pensado hacerse sacerdote, pero finalmente eligió otro camino. Aun así, Sheen permaneció en su corazón.
«Era simplemente uno de los obispos que era... más conocido en Estados Unidos que otros. Para mí es un gran hombre del siglo», afirma con una sonrisa.
En el silencio de la cúpula, sus palabras resuenan casi como una oración. Desaparece entre la multitud, entre las personas que abandonan el America’s Center llevando consigo el recuerdo de la jornada y, en las bolsas de peregrino distribuidas a la entrada, un rosario misionero de cinco colores.
(Agencia Fides 25/9/2026)