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Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – La emoción era palpable esta mañana entre los participantes en la Misa celebrada en la plaza de San Pedro, pendientes de la evolución del estado de salud del Papa León XIV, operado ayer en el Policlínico Gemelli.
La celebración debía estar presidida por el Pontífice, según el programa previsto, y poner fin al encuentro organizado en el Vaticano desde el 7 de octubre con motivo del décimo aniversario de la exhortación apostólica ‘Amoris laetitia’. En su lugar, a las diez de la mañana, ha sido el cardenal Luis Antonio Tagle, recientemente elegido decano del Colegio Cardenalicio, quien ha presidido la Eucaristía.
Durante la oración de los fieles, la asamblea ha rezado también «por nuestro Papa León, para que sienta el consuelo de la presencia del Señor y el apoyo de la oración de toda la Iglesia, y pueda vivir una convalecencia serena que le permita recuperarse pronta y plenamente».
En la Misa, el pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización ha leído la homilía preparada por el Pontífice, una invitación a re-descubrir la familia como primera escuela del amor y a reconocer el rostro de una Iglesia que acompaña, sostiene y acoge, especialmente a quienes atraviesan situaciones de fragilidad.
«La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia». Con estas palabras, que abren la exhortación apostólica del Papa Francisco, fechada el 19 de marzo de 2016, ha comenzado la reflexión de León XIV, leída por el cardenal Tagle. Diez años después de la publicación del documento, la celebración ha ofrecido al Pontífice la oportunidad de invitar a recoger los frutos del camino recorrido, profundizar en su riqueza y llevar sus enseñanzas a la práctica pastoral.
Al centro de la homilía ha estado el «himno a la caridad» de san Pablo, al que 'Amoris laetitia' dedica una amplia reflexión en su cuarto capítulo. El Papa ha recordado que la alegría del amor nace de un camino en el que la presencia del otro ayuda a cada persona a madurar. «La verdadera alegría del amor consiste en ir fundiéndose poco a poco, de modo que la singularidad de cada uno florezca, como un don, gracias a la presencia del otro», ha escrito León XIV. La comunión no borra las diferencias, sino que las acoge en una relación sostenida por la gracia y por la disposición a entregarse al otro.
San Pablo dirigía sus palabras a una comunidad rica en dones y carismas, pero que aún necesitaba crecer en la caridad. Sin amor, recuerda la homilía, el ser humano corre el riesgo de convertirse en «bronce que resuena o címbalo que retiñe».
Es precisamente esa caridad la que Amoris laetitia invita a reconocer como fuente de la vida familiar y como fundamento del acompañamiento a los jóvenes que se preparan para el matrimonio. La homilía ha subrayado la importancia de las virtudes y, entre ellas, de la castidad, definida en la exhortación como «condición preciosa para el crecimiento genuino del amor interpersonal». También se ha destacado el valor de los itinerarios de formación que se ofrecen en las parroquias y en las distintas zonas pastorales, aunque se ha advertido de que no bastan por sí solos. La preparación al matrimonio debe ir precedida y acompañada de una educación en el amor que abarque todo el proceso de crecimiento, desde la infancia. «Aprender a amar a alguien no es algo que se improvise», observaba Francisco. Tampoco cabe pretender que este aprendizaje sea el resultado de un simple curso prematrimonial.
León XIV ha invitado a valorar y apoyar a las familias que viven su vocación en ciudades y pueblos «sin hacer ruido, pero con una fidelidad a veces heroica». Su vida cotidiana constituye una primera escuela, preciosa e insustituible, para aprender la «alegría del amor».
El Evangelio de la liberación y la sanación llega al mundo a través del testimonio diario de padres, hijos, abuelos, jóvenes y ancianos. Una misión que se vive también en el seno de la familia y que forma parte inseparable de la misión de la Iglesia. La homilía ha relacionado este testimonio con el mandato de Jesús recogido en el Evangelio de Juan: «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado».
De ahí la invitación a crecer como una Iglesia que sea «familia de familias», donde todos cuiden de todos. Una comunidad que acompañe a los matrimonios jóvenes, sostenga a los padres, a menudo desbordados por las exigencias de la crianza, y reconozca con gratitud a los ancianos como testigos de sabiduría y virtud, incluso cuando sus fuerzas físicas empiezan a flaquear.
En esta red de relaciones también deben encontrar apoyo quienes atraviesan dificultades o crisis familiares. La homilía ha pedido que se vean rodeados de afecto y protegidos «de juicios y prejuicios», recordando las palabras del documento final del Sínodo de los Obispos: «Por muy herida que esté una familia, siempre puede crecer a partir del amor». La fragilidad no cierra, por tanto, la puerta a un nuevo camino, sino que interpela a toda la comunidad y reclama su compromiso.
La caridad familiar es también la raíz de la apertura a la vida y del respeto a esta desde la concepción hasta su fin natural. El Papa ha vinculado esta responsabilidad al futuro de la sociedad y ha subrayado la importancia de las familias sólidas y abiertas a la vida.
En la homilía preparada por León XIV y leída por el cardenal Tagle se ha señalado asimismo que, en muchas partes del mundo, se ha perdido en buena medida la costumbre de rezar juntos en casa: antes de las comidas, al comenzar y terminar el día o en ocasiones especiales. Retomando las enseñanzas de ‘Amoris laetitia’, el Papa ha animado a recuperar la oración en familia, la participación en la Misa dominical y los encuentros entre familias, para compartir la fe y apoyarse también ante las dificultades cotidianas. Así podrán descubrir que la oración y los sacramentos son «un alimento sólido y una medicina saludable».
La celebración ha incluido también la expresión pública de la comunión eclesiástica concedida por León XIV a Su Beatitud Polis III Nona, patriarca de Bagdad de los caldeos, presente en la Eucaristía. No se trata de una mera formalidad, subraya el texto, sino de una realidad viva que tiene su raíz en la comunión eucarística. A los fieles confiados al cuidado del patriarca, «probados desde hace tiempo, pero firmes y a menudo heroicos» en su testimonio de fe, se les ha transmitido el afecto de toda la Iglesia católica
La oración final a la Sagrada Familia de Nazaret ha encomendado a Dios a las familias y a toda la Iglesia. Retomando las palabras del Papa Francisco, ha pedido que los hogares sean lugares de comunión, cenáculos de oración y pequeñas Iglesias domésticas. También ha invocado la protección y la sanación para quienes sufren: «Que nunca más haya en las familias episodios de violencia, cerrazón y división» y que toda persona herida «reciba pronto consuelo y sanación».
(MLK) (Agencia Fides 14/10/2026)