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por Marie-Lucile Kubacki
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Una jornada para integrar la misión en la vida cotidiana de las parroquias, a través de la oración, el conocimiento de comunidades lejanas y la puesta en común de las ofrendas. Inspirado en esta sugerente idea, el 14 de abril de 1926 Pío XI aprobó la institución de la Jornada Mundial de las Misiones.
Con esta iniciativa, el papa Ratti acogía y hacía suya una petición de la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe. Pero su intuición había tomado forma a partir del impulso misionero que por aquellos años animaba a toda la Iglesia y que se expresaba también en las iniciativas de las comunidades locales. Entre ellas, en aquellos años la comunidad de la diócesis sarda de Sassari constituía un dinámico espacio de formación y cooperación misionera: una realidad en la que la decisión pontificia encontraría un terreno fértil y una experiencia ya viva sobre la que desarrollarse.
1. De ‘Maximum illud’ a ‘Rerum Ecclesiae’
Con la carta apostólica ‘Maximum illud’, de 1919, Benedicto XV había subrayado la necesidad de desvincular la evangelización de los intereses nacionales y favorecer la formación del clero local. Pío XI desarrolló estas orientaciones. En 1922, el motu proprio ‘Romanorum Pontificum’, el traslado a Roma de la Obra de la Propagación de la Fe y el reconocimiento pontificio de las Obras Misionales reforzaron el carácter universal de la cooperación. Los recursos recaudados debían responder a las necesidades de las misiones, más allá de las pertenencias nacionales.
La encíclica ‘Rerum Ecclesiae’, del 28 de febrero de 1926, precisó la responsabilidad de todo el pueblo cristiano: obispos, sacerdotes y fieles estaban llamados a colaborar mediante la oración, el apoyo material y el cuidado de las vocaciones. A esta participación se sumaba la voluntad de formar sacerdotes y comunidades religiosas locales, para que en los territorios de misión crecieran Iglesias capaces de recorrer su propio camino en la historia de sus pueblos y con sus propias fuerzas.
La misión no debía ser, por tanto, un compromiso reservado a quienes partían. Era una responsabilidad que también debía cultivarse en las diócesis y las parroquias, mediante el conocimiento de la vida de otras comunidades y la disposición a sostenerlas.
En este horizonte se sitúa el nacimiento de la Jornada Mundial de las Misiones.
2. De la Exposición Misionera al nacimiento de Fides
La Exposición Misionera Vaticana del Año Santo de 1925 hizo visible esta perspectiva universal. Impulsada por Pío XI, presentaba la difusión de las misiones católicas en su relación viva y siempre novedosa con las tradiciones culturales, artísticas y espirituales de los pueblos con los que entraban en contacto.
Las más de 100.000 piezas procedentes de todo el mundo se expusieron en veintiséis pabellones. Según recuerdan las crónicas del congreso internacional «A un siglo de la Exposición Misionera Vaticana, punto de inflexión de un mundo global», celebrado los días 5 y 6 de noviembre de 2025, la muestra recibió más de un millón de visitantes. El congreso, promovido por la Pontificia Universidad Urbaniana, la Universidad IULM, los Museos Vaticanos y el Comité Pontificio de Ciencias Históricas, volvió a poner de relieve el significado de aquel encuentro entre la experiencia misionera y el conocimiento de las culturas.
En ese mismo horizonte nació Fides. Según la historia de la Agencia, fue fundada el 5 de junio de 1927 por iniciativa del Consejo Superior General de la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe, con la bendición de Pío XI. Dar a conocer las misiones a través de la prensa debía fomentar la cooperación espiritual, las vocaciones y el apoyo material. La información se convertía así en uno de los instrumentos para acercar los corazones de las personas a la vida de la Iglesia en el mundo.
3. Sassari, un laboratorio misionero en los seminarios
En Sassari, esta sensibilidad tenía raíces concretas. Así lo explica el padre Diego Pinna, entrevistado por Fides, profesor encargado de las Facultades de Teología y de Historia y Bienes Culturales de la Iglesia de la Pontificia Universidad Gregoriana y antiguo rector del Seminario Arzobispal de Sassari.
Al reconstruir aquel contexto, Pinna evoca la imagen de Cerdeña como «isla misionera», gracias a la presencia de numerosas comunidades religiosas y, en particular, de los vicencianos que trabajaban en los seminarios. Según su reconstrucción, estos ambientes despertaban en los jóvenes el interés por la evangelización de los pueblos. Los relatos de los misioneros, la lectura de publicaciones y la oración les permitían conocer realidades lejanas a jóvenes que, en muchos casos, estaban destinados a ejercer su ministerio en las diócesis de la isla.
La formación misionera no equivalía necesariamente a prepararse para partir: ayudaba a comprender el ministerio sacerdotal dentro del horizonte de la Iglesia universal.
También el Círculo Misionero «San Francisco Javier» del Seminario de Sassari nació, a comienzos de los años veinte, con este propósito. El padre Pinna destaca su vinculación con la comunidad ciudadana: los seminaristas llevaban una vida recogida dentro del seminario, pero salían para animar las celebraciones litúrgicas en la rectoría del Rosario, en el centro de la ciudad. A través de este servicio, la sensibilidad cultivada durante la formación llegaba también a los fieles.
El semanario católico ‘Libertà’ documenta esta actividad. En mayo de 1926, el Círculo organizó un triduo en la iglesia del Rosario y publicó un número especial dedicado a las misiones. La oración se acompañaba de la difusión de publicaciones periódicas y de la recogida de ofrendas: el seminario se convertía así en un punto de encuentro entre la formación de los futuros sacerdotes y la participación de la ciudad.
4. Marzo de 1927: un entusiasmo que ya estaba presente
Cuando monseñor Luigi Drago, presidente del Consejo Central de las Obras Misionales Pontificias, llegó a Sassari en marzo de 1927 junto con el jesuita padre Grimaldi, antiguo misionero en China, la Jornada Mundial ya había sido aprobada, aunque la noticia todavía no se había anunciado en la ciudad. Según cuenta el padre Pinna, ambos encontraron un Círculo Misionero activo y una comunidad comprometida: un terreno fértil en el que la iniciativa de Pío XI podía echar raíces y desarrollarse, entrelazándose con una experiencia de oración y cooperación ya viva.
Al triduo celebrado del 17 al 19 de marzo le siguieron la fiesta misionera del día 20 y otros encuentros. El programa combinaba celebraciones en la iglesia de Santa Catalina, reuniones de estudio y conferencias con proyecciones en el Teatro Cívico. Participaron sacerdotes, religiosas, asociaciones católicas, estudiantes y fieles de localidades cercanas. El periódico ‘Libertà’, en su edición del 25 de marzo, atribuía buena parte de la preparación a los seminaristas y recogía las palabras de los delegados romanos, a quienes se había agradecido haber llevado un nuevo impulso misionero: «En Sassari hemos encontrado ya el entusiasmo por las misiones». Para el padre Pinna, esta experiencia da consistencia a la tradición local que reconoce en Sassari un espacio de impulso y experimentación misionera.
Hay un elemento que merece especial atención: la ayuda material a las misiones. Como recuerda el padre Pinna, en Sassari se tomó como referencia el modelo de la Jornada por la Universidad Católica, iniciada en 1924, como ejemplo de movilización colectiva para recaudar fondos. La oración se unía así a una ayuda concreta, que implicaba a toda la comunidad en la cooperación misionera.
5. Una jornada universal de oración y puesta en común
La petición dirigida a Pío XI por el Consejo Superior General de la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe proponía una «jornada de oración y propaganda en favor de las Misiones» en todas las diócesis, parroquias e instituciones católicas. Aprobada el 14 de abril de 1926, fijaba la celebración para el penúltimo domingo de octubre, entonces anterior a la fiesta de Cristo Rey. La oración constituía el núcleo de la jornada, junto con la predicación misionera, la inscripción en la Obra y las ofrendas. El rescripto preveía añadir la oración ‘Pro propagatione Fidei’ a las misas y conceder una indulgencia plenaria en las condiciones establecidas. La nueva celebración no debía sustituir las fiestas misioneras locales ni impedir las demás colectas prescritas.
Como recuerda el padre Pinna, el documento se publicó en los ‘Acta Apostolicae Sedis’ el 15 de enero de 1927. ‘Libertà’ informó de ello el 29 de abril y acompañó después los preparativos de la celebración de Sassari, prevista para el 23 de octubre. Las crónicas describen celebraciones litúrgicas y ofrendas procedentes de parroquias, del seminario, del hospital y de comunidades religiosas.
Sassari muestra así cómo una iniciativa universal podía encontrar una acogida favorable en una comunidad ya dispuesta a cooperar. Seminaristas, sacerdotes, familias y enfermos participaban según sus posibilidades. La Jornada impulsada por Pío XI daba a estos gestos una cita común e invitaba a las comunidades católicas a mirar más allá de sus propias fronteras y a sostener juntas el anuncio del Evangelio.
(Agencia Fides 13/10/2026)