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El Alamein (Agencia Fides) – En un momento en que las tensiones geopolíticas y los conflictos internos sacuden el Cuerno de África, los presidentes de Egipto, Somalia y Eritrea, junto con el jefe del Consejo de Transición de Sudán, se reunieron el domingo 4 de octubre en El Alamein para abordar los principales problemas que afectan a la región. Durante el encuentro, los cuatro países reafirmaron sus posiciones tanto sobre la situación interna de algunos de ellos como sobre las cuestiones regionales.
Al término de la reunión se publicó un breve comunicado en el que se establecieron varios principios para rebajar las tensiones y prevenir nuevos conflictos: el respeto de la soberanía, la independencia y la integridad territorial de los Estados, conforme al derecho internacional; el respeto de la integridad territorial de Sudán y el apoyo a sus instituciones; el respeto de la integridad territorial de Somalia y el respaldo a su lucha contra el terrorismo; la garantía de la libre navegación en el mar Rojo; y la cooperación en el aprovechamiento de los recursos hídricos de los ríos, especialmente del Nilo.
La declaración final también permite conocer las posiciones de los cuatro países sobre cuestiones que no figuraban expresamente en el orden del día, como la creciente actividad política de Etiopía en la región o el papel que intenta desempeñar Somalilandia, territorio del norte de Somalia que se autoproclamó independiente.
La cuestión etíope ocupa, sin duda, un lugar central entre las preocupaciones de los cuatro dirigentes reunidos en la cumbre. Entre Etiopía, Egipto y Sudán persiste la disputa sobre el funcionamiento de la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), construida en el Nilo y cuya construcción concluyó en 2015. El Cairo la cuestiona porque teme que reduzca el agua disponible para Egipto. En un país cuya población se concentra en gran medida a lo largo del río, el acceso a sus aguas constituye una de las principales cuestiones de seguridad regional.
Para Sudán, la declaración final supone un respaldo político regional, especialmente para el Consejo de Transición, vinculado a las Fuerzas Armadas sudanesas en el contexto de la guerra civil. El Consejo ha acusado al Gobierno etíope de apoyar a las Fuerzas de Apoyo Rápido (Rapid Support Forces, RSF), organización paramilitar enfrentada al Ejército sudanés. Addis Abeba ha rechazado estas acusaciones.
En el caso de Eritrea, la principal preocupación está relacionada con el reciente estallido del conflicto en Tigray. Ambos países se encuentran actualmente enfrentados, mientras Eritrea mantiene alianzas con milicias tigriñas y otras formaciones locales.
Para Somalia, el respaldo obtenido durante la cumbre sirve para reafirmar que los países de la región no apoyarán los esfuerzos de Somalilandia por separarse del resto del país. También en este caso, sin embargo, la posición de Etiopía suscita preocupación.
Desde hace años, Addis Abeba busca una salida al mar Rojo y al golfo de Adén, cuyo acceso ha dependido hasta ahora principalmente de Yibuti. Para Etiopía, disponer de acceso al puerto de Berbera, situado en Somalilandia y considerado una posible vía de salida al golfo de Adén, supondría diversificar sus conexiones marítimas y contar con una alternativa a la ruta de Yibuti.
Este interés por las infraestructuras portuarias de Somalilandia mantiene tensas las relaciones entre Etiopía y Somalia, que interpreta las iniciativas etíopes como un respaldo directo a las aspiraciones secesionistas del territorio.
La cumbre ha confirmado algunos puntos de convergencia entre los intereses de los cuatro Estados, pero todavía no puede considerarse el embrión de una alianza. Una eventual aproximación de este tipo podría producirse únicamente como consecuencia de un deterioro generalizado, y potencialmente grave, de la seguridad en la región, si los conflictos que ya la azotan terminaran confluyendo y agravando la inestabilidad del conjunto del Cuerno de África.
(CG) (Agencia Fides 11/10/2026)