Diocese of Dinajpur
Por Paolo Affatato
Dinajpur (Agencia Fides) – «La esperanza de la Iglesia en Bangladés está en las poblaciones indígenas. Podemos decir que el futuro de la Iglesia está allí». Con estas palabras, el obispo de Dinajpur, Sebastian Tudu, describe a la Agencia Fides la vitalidad de la diócesis situada en el noroeste de Bangladés, donde la comunidad católica sigue creciendo gracias al anuncio del Evangelio entre los pueblos indígenas, especialmente los Santal y los Orao.
Erigida en 1927, la diócesis de Dinajpur cuenta con unos 100.000 católicos sobre una población de alrededor de 18 millones de habitantes, lo que representa aproximadamente el 0,6 % de la población. Está organizada en más de 30 parroquias y numerosas estaciones misioneras repartidas por las aldeas indígenas del territorio, donde sacerdotes, religiosos, religiosas y catequistas trabajan en la evangelización, la educación y la promoción humana. La inmensa mayoría de los fieles católicos pertenece a grupos étnicos indígenas, especialmente los Santal y los Orao, comunidades de las que siguen surgiendo familias que abrazan la fe cristiana.
«En el territorio de Dinajpur viven numerosas comunidades indígenas, mezcladas entre sí. Es una de las diócesis donde la presencia católica está extendida principalmente entre estas poblaciones», explica el obispo a Fides. «Entre los Santal y los Orao vemos una gran oportunidad para la evangelización. La Iglesia de Dinajpur crece y se expande cada año».
El proceso, explica, nace siempre de la iniciativa de las propias comunidades. «Nuestra manera de evangelizar consiste, ante todo, en llevar un primer anuncio y un primer testimonio de fe a lugares remotos. Enviamos catequistas, sacerdotes y religiosas a aldeas donde todavía no hay ningún cristiano. Muy a menudo son los propios habitantes quienes nos invitan. Piden conocer la fe cristiana y manifiestan el deseo de escuchar el Evangelio».
A partir de ese primer encuentro comienza un itinerario catecumenal que requiere tiempo y preparación. «Los sacerdotes y catequistas empiezan a visitar regularmente la aldea y algunos de sus habitantes pasan a ser oficialmente catecúmenos. Tras un camino de aproximadamente un año pueden recibir el bautismo; a veces hace falta más tiempo, porque queremos que estén bien preparados. Aprenden la liturgia, las oraciones, comprenden y experimentan la vida cristiana. Así preparamos el nacimiento de una comunidad cristiana en esa aldea».
No se trata únicamente de conversiones individuales. «A veces bautizamos a diez, quince o veinte familias juntas. En ocasiones, un pueblo entero acoge el Evangelio». Así, observa el obispo, «la comunidad católica sigue creciendo constantemente, gracias a Dios». Ese crecimiento también se refleja en la organización pastoral de la diócesis. «Casi todos los años abrimos una nueva parroquia», afirma monseñor Tudu. «Cada año tenemos más de mil nuevos bautizados. Las comunidades existen y están preparadas. Pero, para erigir una nueva parroquia, debemos disponer de todo lo necesario: la iglesia, la casa parroquial y las demás infraestructuras. A veces las dificultades económicas ralentizan este proceso. Sin embargo, la gente está ahí. Para nosotros, eso es un gran signo de esperanza».
Según el obispo Tudu, el dinamismo misionero de la Iglesia en Bangladés está estrechamente ligado a los pueblos indígenas. «La Iglesia en Bangladés puede crecer sobre todo entre las poblaciones indígenas. La mayoría de los católicos de nuestro país, de amplia mayoría musulmana, pertenece a estas comunidades. Por eso decimos que la esperanza y el futuro de la Iglesia están precisamente en los pueblos indígenas». En Bangladés no existe una ley que prohíba a los musulmanes convertirse al cristianismo y la Constitución garantiza formalmente la libertad religiosa, incluido el derecho a profesar, practicar y difundir una fe. Sin embargo, en el ámbito social y familiar, la conversión de un musulmán al cristianismo puede acarrear fuertes presiones. Un converso procedente del islam puede sufrir aislamiento, ruptura de los vínculos familiares, discriminación, pérdida del trabajo e incluso amenazas o agresiones por parte de grupos extremistas. En este contexto, y para preservar la armonía interreligiosa, la labor de anuncio y evangelización de la Iglesia católica se dirige principalmente a las poblaciones indígenas no musulmanas.
El obispo Tudu señala también las razones de la apertura de estos pueblos al cristianismo. «Ciertamente existen algunos elementos culturales que facilitan el encuentro con nuestra fe, pero ese no es el motivo principal. Cuando reciben educación, cuando aprenden a reflexionar y a razonar, redescubren su propia dignidad. La Iglesia promueve la educación y ellos están profundamente agradecidos por ello». «Pero lo que realmente les atrae –continúa- es el Evangelio. Las palabras de Jesús, como “Bienaventurados los pobres”, hablan directamente a su corazón. En el Evangelio encuentran una Palabra de vida. Estos pueblos todavía practican cultos tradicionales y formas de animismo, y en la Palabra de Dios descubren una guía para su existencia. Para ellos es un gran don y un punto de referencia firme, una guía segura».
El mismo obispo Tudu pertenece al pueblo Santal. «Soy santal. Mi padre ya había sido bautizado y yo heredé la fe de mi familia. Hoy veo a tantos miembros de nuestro pueblo abrazar el cristianismo, y eso me llena de alegría». El crecimiento de la Iglesia también se refleja en el aumento de las vocaciones. «Entre las poblaciones indígenas surgen muchas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El entusiasmo es grande porque son comunidades que han conocido la fe hace relativamente poco tiempo. Vemos la obra de Dios en ellas. Es un gran regalo para nosotros».
El obispo destaca además el clima de convivencia pacífica que caracteriza a las aldeas de la diócesis. «No tenemos problemas ni con los musulmanes ni con los indígenas que no se han convertido. Todos viven unos junto a otros. Entre los pueblos indígenas, algunos siguen practicando el animismo y otros son cristianos, pero todos participan juntos en las actividades sociales y culturales, en las bodas, las celebraciones y las fiestas de la aldea. Son personas sencillas, pacíficas y felices».
Muchas de estas familias viven en zonas rurales, en los márgenes de los bosques, y se dedican principalmente a la agricultura. «El nivel educativo –señala- sigue siendo bajo. Por eso una parte fundamental de la misión de la Iglesia consiste en promover la educación y acompañar a los niños y a los jóvenes en su proceso formativo. Las familias valoran mucho este servicio».
Al recordar la historia de la diócesis, monseñor Tudu expresa una profunda gratitud hacia los misioneros que sentaron las bases de la Iglesia local. «Hemos recibido un don inmenso de los misioneros, como los del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras (PIME). Muchos de ellos son ya ancianos o han fallecido. Les profesamos una inmensa gratitud. No solo fundaron nuestra Iglesia, sino que también contribuyeron al desarrollo humano, social y educativo de nuestras comunidades».
Por último, la mirada de monseñor Tudu se dirige al futuro. «Tengo mucha confianza. Esperamos que la Iglesia universal siga apoyando a nuestra pequeña Iglesia. Todavía lo necesitamos, porque la misión continúa y el Señor sigue llamando a nuevas personas a la fe».
(Agencia Fides 13/7/2026)