Santa Cruz de Tenerife (Agencia Fides) – La próxima visita del Santo Padre a Canarias, los días 11 y 12 de junio próximo, pone al centro de la atención eclesial y mediática la realidad migratoria en el Atlántico, una de las más peligrosas y mortíferas del mundo, por la que llegan a las islas miles de personas tras travesías marcadas por el sufrimiento y la esperanza de un futuro mejor. Según los datos más recientes, en 2024 llegaron a las costas canarias alrededor de 24.000 personas, mientras que desde 2020 más de 19.000 habrían perdido la vida en esta ruta.
La Agencia Fides ha entrevistado a Juan Pedro Rivero González, delegado episcopal de Cáritas Diocesana de Tenerife, profesor de Teología e Historia de la Iglesia y párroco en la diócesis nivariense. En sus palabras, la realidad migratoria “interpela profundamente nuestra conciencia colectiva” y obliga a no acostumbrarse al sufrimiento ni a reducir el drama humano a cifras o debates políticos. Desde Cáritas y las comunidades parroquiales, subraya, la Iglesia intenta responder desde la cercanía, la acogida y la defensa de la dignidad humana, en una tierra que históricamente también conoció la experiencia de la emigración.
- La realidad migratoria es especialmente visible en las islas, siendo la ruta Atlántica una de las más mortíferas del mundo, con más de 19 mil fallecidos desde 2020. ¿Qué desafíos humanos y espirituales plantea esta situación?
- La realidad migratoria que vivimos en Canarias constituye uno de los grandes desafíos humanos y morales de nuestro tiempo. Detrás de cada cifra hay un rostro, una historia, una familia y, en muchos casos, un sufrimiento inmenso marcado por la pobreza, la violencia, la falta de oportunidades o la desesperación. La ruta atlántica se ha convertido en una frontera de dolor y muerte que interpela profundamente nuestra conciencia colectiva.
Desde el punto de vista humano, el desafío principal es no acostumbrarnos al sufrimiento. Existe el riesgo de normalizar la tragedia, de convertir las llegadas y los naufragios en simples noticias pasajeras. Pero ninguna persona, en cuanto persona, puede ser considerada ilegal ni reducida a un problema estadístico. Hablamos de seres humanos que tienen dignidad y buscan futuro.
Y espiritualmente, esta realidad nos cuestiona profundamente como creyentes. El Evangelio nos recuerda constantemente que en el extranjero, en el pobre y en el vulnerable está presente el mismo Cristo.
- ¿Podría contarnos a grandes rasgos, la situación histórica y actual de la migración en Tenerife?
- Canarias ha sido históricamente tierra de emigrantes y también, desde hace décadas, tierra de acogida. Nuestra propia memoria colectiva está marcada por familias canarias que tuvieron que marcharse buscando oportunidades en América o en otros lugares. Esa experiencia histórica debería ayudarnos a mirar hoy la migración con mayor sensibilidad y humanidad.
- ¿Qué perfiles o realidades humanas se encuentran con más frecuencia en la acogida?
- Actualmente llegan a nuestras islas personas procedentes de contextos muy diversos: familias de América latina, especialmente de Venezuela, Cuba, Colombia, etc.; jóvenes del África subsahariana, personas provenientes del Sahel, familias marroquíes, menores no acompañados y también migrantes que huyen de conflictos o situaciones extremas. Muchas veces llegan tras travesías dramáticas, con importantes secuelas físicas y psicológicas.
- ¿Cómo la vive y afronta la Iglesia local y qué tipo de acompañamiento se ofrece, también a nivel espiritual?
- La Iglesia local intenta responder desde la cercanía y el acompañamiento integral. En muchos casos encontramos personas de tradición musulmana o de otras religiones, y eso exige una actitud de profundo respeto y diálogo. La Iglesia no pregunta primero por la religión de quien sufre, sino por su necesidad y por su dignidad.
A través de las parroquias, las comunidades religiosas, Cáritas Diocesana y numerosos voluntarios se realiza una labor silenciosa pero muy valiosa. Estas realidades de Iglesia que atienden esta situación tendrán la oportunidad de encontrarse con el Papa León XIV en la Plaza del Cristo de La Laguna.
- A usted personalmente, ¿qué le ha enseñado el contacto con las personas migrantes en su ministerio?
- Hay otros compañeros sacerdotes con mayor contacto directo con los inmigrantes provenientes de África. Pero todos la tenemos en relación con los emigrantes de América latina que han renovado nuestras comunidades cristianas. El contacto con las personas migrantes me ha enseñado, sobre todo, el valor de la esperanza y de la dignidad humana incluso en medio del sufrimiento. Muchas de estas personas llegan después de haber vivido experiencias extremadamente duras, y aun así conservan una enorme capacidad de lucha, de agradecimiento y de confianza en el futuro.
- ¿Qué puede aprender de las personas migrantes la comunidad cristiana?
- La comunidad cristiana puede aprender mucho de ellos: la resiliencia, la capacidad de sacrificio, el valor de la familia y también una fe sencilla y profunda en muchos casos. Los pobres y los migrantes no son solo destinatarios de ayuda; también evangelizan con su testimonio.
La realidad migratoria no puede abordarse únicamente desde la emergencia o desde el control de fronteras. El Papa Francisco insistió repetidamente en la necesidad de afrontar las causas profundas que obligan a millones de personas a abandonar su tierra: la pobreza, la violencia, la explotación de recursos, las guerras o la falta de oportunidades. En ese sentido, hablaba también del “derecho a no emigrar”, es decir, del derecho de toda persona a poder vivir con dignidad, seguridad y esperanza en su propio país sin verse forzada a marcharse. Ayudar verdaderamente no consiste solo en acoger, sino también en contribuir a que nadie tenga que jugarse la vida en el mar para buscar un futuro mejor. En este sentido, la Fundación “El Buen Samaritano” de la Parroquia de Añaza, en Santa Cruz de Tenerife, ha emprendido la construcción en Senegal de un hotel para ofrecer trabajo en origen a jóvenes que no ven futuro. Este proyecto considero que es paradigmático en el tema de ayudar a no emigrar.
- Usted además de Delegado episcopal de Cáritas es profesor y párroco, por lo que posee una amplia mirada de la realidad social. Desde su perspectiva, ¿qué puede aportar la Iglesia al debate social y político sobre la migración?
- La Iglesia puede aportar una mirada profundamente humana y ética al debate migratorio. No corresponde a la Iglesia ofrecer soluciones técnicas o políticas concretas, pero sí recordar permanentemente la centralidad de la dignidad humana y la necesidad de construir una sociedad basada en la fraternidad y no en el rechazo.
- ¿Qué papel deberían tener las instituciones públicas y la sociedad civil? ¿Existe una adecuada colaboración?
- A veces el debate público se polariza demasiado, y existe el riesgo de instrumentalizar el fenómeno migratorio desde intereses ideológicos o electorales. La Iglesia está llamada a recordar que detrás de cualquier política hay personas concretas.
Ninguna institución puede afrontar sola una realidad tan compleja. Por eso es imprescindible la colaboración entre administraciones, organizaciones sociales, entidades religiosas y ciudadanía.
En Canarias existen muchas experiencias positivas de cooperación, aunque evidentemente siempre hay aspectos mejorables. Lo importante es no perder nunca el horizonte humano.
- Pasando a la próxima visita del Santo Padre a las islas, ¿qué ambiente se percibe en la Iglesia local y en la sociedad en general?
- La visita del Santo Padre está siendo vivida con enorme ilusión y esperanza tanto en la Iglesia local como en amplios sectores de la sociedad canaria. Más allá del acontecimiento institucional o mediático, muchas personas perciben esta visita como un gesto de cercanía y de reconocimiento hacia la realidad que vivimos en las islas.
- ¿Cómo se está viviendo esta etapa de preparación espiritual y pastoral antes de la llegada del Papa?
- En muchas parroquias y comunidades se están promoviendo momentos de oración, reflexión y sensibilización, especialmente en torno a la realidad migratoria y a la llamada a la fraternidad universal que el Papa viene recordando constantemente.
Creo que esta espera está ayudando a fortalecer la comunión eclesial y también a renovar el compromiso evangelizador. El Papa tiene una enorme capacidad para despertar preguntas, remover conciencias y acercar la Iglesia a muchas personas que quizá estaban más alejadas.
Personalmente, creo que lo mejor de la visita del Santo Padre será posteriormente, cuando tengamos ocasión de leer con calma sus discursos y sentir cómo la fuerza del Evangelio renueva nuestra misión eclesial.
- El Santo Padre se reunirá con personas migrantes: ¿qué importancia tiene este gesto?
- El Papa vuelve a situar en el centro a quienes muchas veces viven en las periferias sociales y existenciales. No se trata solo de un gesto protocolario; es una manera de decir al mundo que las personas migrantes no son invisibles y que su sufrimiento no puede dejarnos indiferentes.
Además, este encuentro conecta profundamente con el corazón del Evangelio. Jesús siempre se acercó a quienes eran descartados o marginados por la sociedad. El Papa, siguiendo esa lógica evangélica, pone rostro humano a una realidad que con frecuencia se analiza únicamente desde categorías políticas o económicas.
Para las propias personas migrantes, este gesto supone también un reconocimiento de su dignidad y de su valor como personas.
- Desde un punto de vista más pastoral, ¿cuáles son hoy los principales desafíos para la evangelización y cómo se vive en las islas la dimensión misionera de la Iglesia en el día a día?
- En una sociedad marcada por la secularización, el individualismo y, muchas veces, la indiferencia religiosa. Hoy No basta con mantener estructuras; es necesario generar encuentros reales con las personas y ofrecer espacios donde puedan experimentar cercanía, sentido y esperanza.
La dimensión misionera de la Iglesia en Canarias se vive muchas veces desde lo cotidiano y lo sencillo: parroquias abiertas, acompañamiento de familias, atención a personas vulnerables, proyectos educativos, acción caritativa y presencia en los distintos ámbitos sociales.
- ¿Podría destacarnos alguna iniciativa que sea signo de esperanza en la labor evangelizadora que realizan?
- Existen muchas iniciativas esperanzadoras que quizá no siempre aparecen en los medios, pero que transforman vidas silenciosamente: proyectos con jóvenes, acompañamiento a familias, atención a migrantes, comunidades que oran y sirven juntas, voluntariado social o experiencias de evangelización en ambientes alejados de la Iglesia.
Creo que uno de los signos más esperanzadores es descubrir a tantas personas - sacerdotes, religiosos y laicos- que siguen entregando su vida con alegría y generosidad al servicio de los demás. Ahí sigue latiendo con fuerza el corazón misionero de la Iglesia.
Mientras exista una comunidad capaz de acoger, escuchar y tender la mano al que sufre, seguirá habiendo esperanza; y Canarias, por su historia y por su alma, está llamada a ser tierra de encuentro, de humanidad y de esperanza compartida.
(LGR) (Agencia Fides 29/05/2026)