Ciudad del Cabo (Agencia Fides) – Ante la «escalada de violencia y tensiones» contra los migrantes extranjeros en diversas regiones de Sudáfrica, la Conferencia de los Obispos Católicos del África Austral (SACBC) ha publicado, el 20 de mayo de 2026, una declaración pastoral de gran firmeza.
En el documento, titulado “Pastoral Statement on Violence Against Migrants in South Africa” y firmado por su presidente, el cardenal Stephen Brislin, la Conferencia afirma haber querido tomar la palabra en un «momento crítico, con un profundo sentido de urgencia y de responsabilidad moral».
Los obispos «condenan sin equívocos ni ambigüedades» los actos «de violencia, intimidación y expulsión forzada dirigidos contra los migrantes y los refugiados». Tales actos, prosiguen, «constituyen una grave ofensa a la dignidad humana y una traición a los valores que deberían definir nuestra sociedad». «La violencia contra los migrantes nunca puede ser justificada, tolerada o aceptada», reiteran.
De cara a las elecciones locales, los obispos desean también dirigir «un llamamiento particular y urgente a los partidos políticos y a todos aquellos que aspiran a ejercer responsabilidades públicas» para que no exploten la situación migratoria ni el sufrimiento de las comunidades «con fines políticos». «El uso instrumental del miedo, la división y la vulnerabilidad humana para obtener una ventaja electoral es moralmente inaceptable y corre el riesgo de desestabilizar aún más un contexto social ya frágil», afirman con contundencia.
También las organizaciones de defensa de los derechos humanos y la Comisión Sudafricana de Derechos Humanos (SAHRC) han lanzado la alarma. En un comunicado publicado el 19 de mayo de 2026, la SAHRC se declaró «profundamente alarmada» por las denuncias y los vídeos que circulan en redes sociales y que muestran ataques violentos que parecen dirigirse contra inmigrantes sin ciudadanía, en particular en la provincia de KwaZulu-Natal, informa el portal de noticias sudafricano IOL.
Más allá de la condena, los obispos invitan a abordar el mal en su raíz. «Estas protestas y estas oleadas de violencia» son «el síntoma de fallos más profundos y antiguos, y de promesas traicionadas que ya no pueden ser ignoradas», analizan en su declaración. Por ello, estas causas de fondo deben ser «afrontadas con honestidad», de lo contrario «el ciclo de la ira, del resentimiento y de la violencia seguirá agravándose».
Ofrecen un análisis detallado de las causas del fenómeno. «Desde hace demasiado tiempo –afirman- el clamor de los pobres no ha sido escuchado. Las promesas de dignidad, inclusión e igualdad de oportunidades aún no se han cumplido para muchos sudafricanos. El persistente mal funcionamiento en la prestación de servicios públicos, el aumento de las desigualdades y el escándalo del desempleo masivo han creado condiciones de desesperación y frustración».
Entre los motivos de tensión entre poblaciones locales y migrantes, «en particular en comunidades económicamente desfavorecidas», se añaden «la competencia por recursos escasos como el trabajo, la vivienda y los servicios públicos», así como una pérdida de confianza. «Las fronteras porosas, la corrupción dentro del Ministerio del Interior (Home Affairs) y los procedimientos irregulares en materia de inmigración han erosionado la confianza del público en la capacidad del Estado para gestionar eficazmente la migración», escriben.
Ya en enero de 2023, en un comunicado publicado al término de la sesión plenaria de la SACBC, los obispos habían difundido un texto que denunciaba la persistencia de un «racismo de tipo colonial y del apartheid» en la sociedad sudafricana, incluida la Iglesia misma. Afirmaban que no se pondría fin al racismo «haciendo como si no existiera», sino nombrándolo, reconociendo las discriminaciones -también en parroquias, seminarios y congregaciones- y poniendo en marcha programas de sensibilización y formación. La declaración de mayo de 2026 aparece así como un nuevo desarrollo de este compromiso.
En varias ocasiones el cardenal Stephen Brislin, arzobispo de Ciudad del Cabo y presidente de la SACBC, ha reiterado la condena moral de la xenofobia. En 2025 ya denunciaba a grupos que impedían a los extranjeros acceder a hospitales y escuelas, considerando que, «sean cuales sean las cuestiones relativas a su estatus legal, todos tienen derecho a la atención médica y a la educación», y calificando estas prácticas como «profundamente repugnantes». Veía en ello el signo de una crisis moral: la tentación de convertir a los más vulnerables en chivos expiatorios en lugar de abordar las causas estructurales de la pobreza, en particular la corrupción y la mala gestión.
La declaración del 20 de mayo sitúa el combate contra la xenofobia en una perspectiva de fe. «Toda persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios», escriben los obispos, lo que impone una obligación «no negociable» de proteger la dignidad de cada persona, «en particular de los más vulnerables», entre los cuales se encuentran los migrantes y refugiados. Remitiéndose a la encíclica ‘Hermanos Todos’ del papa Francisco, recuerdan una fraternidad que supere las fronteras, el miedo y la exclusión: «No podemos construir una sociedad pacífica sobre el odio, la estigmatización o la violencia». Por último concluye con una oración, en «un momento decisivo para la nación», pidiendo al Señor que conceda «el valor de afrontar el mal, la sabiduría para discernir lo que es justo y la fuerza para actuar con justicia, compasión y verdad».
(ML) (Agencia Fides 21/5/2026)