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Quezon City (Agencia Fides) - La corrupción y la injusticia social son fruto de «manos secas» que sustraen bienes y recursos a los ciudadanos. Partiendo del relato evangélico de Jesús que cura la mano seca de un hombre (Mc 3, 1-6), Dave Dean Capucao, obispo de la Prelatura territorial de Infanta, al este de Manila, ha señalado a los fieles «la necesidad de afrontar las malas acciones sistémicas en lugar de esconderse».
Capucao ha afirmado: «Muchas manos están secas hoy porque el robo de fondos públicos se ha convertido en algo sistémico». El obispo se ha expresado así durante una misa concelebrada con otros prelados en la catedral de Cubao, en Quezon City, el pasado 21 de enero, en el marco del seminario previo a la 131ª asamblea plenaria de los obispos filipinos, que se ha celebrado del 23 al 26 de enero.
Refiriéndose a la corrupción, Capucao ha subrayado que el robo de fondos públicos «deja profundas heridas morales y sociales que requieren arrepentimiento y sanación, no silencio ni excusas por parte de los líderes religiosos y civiles». La corrupción -ha añadido- daña tanto a la sociedad como al carácter moral de las personas implicadas, por lo que resulta urgente erradicar «las causas sociales y espirituales más profundas que mantienen a las personas atrapadas en la pobreza y la exclusión».
El prelado también ha exhortado a los obispos y responsables eclesiales a no convertirse en «administradores distantes», centrados únicamente en las normas, «ignorando a las comunidades que sufren, afectadas por el hambre, la desigualdad y el abuso de poder». Capucao ha recordado que la comunidad eclesial esta llamada a afrontar activamente la injusticia, poniéndose del lado de los marginados y combatiendo la corrupción y la desigualdad «con acciones decididas y compasivas».
La asamblea de los obispos de Filipinas se está celebrado mientras el país se ve sacudido por una crisis sociopolítica que está afectado a las instituciones. El presidente filipino, Ferdinand Marcos Jr., se enfrenta a una denuncia de destitución por presuntas acusaciones de corrupción -sobornos vinculados a proyectos de control de inundaciones- y por las circunstancias que rodean la detención del expresidente Rodrigo Duterte, actualmente encarcelado en virtud de una orden de la Corte Penal Internacional. Según los analistas, la solicitud de destitución contra Marcos no parece que vaya a prosperar, aunque sí podría dañar su reputación.
La vicepresidenta Sara Duterte también se enfrenta a nuevas acusaciones de malversación de fondos públicos y corrupción, presentadas por un grupo de la sociedad civil, después de que el año pasado una denuncia de destitución en su contra fracasara tras ser declarada «inconstitucional».
Según los observadores, este contexto es una señal de que la política nacional se encamina hacia una nueva ola de disputas internas, alimentadas sobre todo por la lucha de poder entre los clanes Marcos y Duterte. «La vieja cuestión de la corrupción, hoy en el centro del debate público -especialmente en lo que respecta al control de los proyectos de prevención de inundaciones-, se ve fuertemente politizada», confirma en una entrevista con la Agencia Fides el P. Pedro C. Quitorio, director de la Oficina de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal de Filipinas.
«Los obispos han abordado esta cuestión moral en numerosas ocasiones, también en sus homilías, como ocurrió durante la gran celebración de la fiesta del Nazareno Negro en la basílica de Quiapo, en Metro Manila, que ha reunido a cientos de miles de fieles». «Asimismo - añade p. Quitorio -, en la asamblea de la Conferencia Episcopal este es sin duda uno de los temas objeto de debate», ya que «la cuestión afecta a la esfera moral y espiritual de cada ciudadano, de los políticos, de cada comunidad y de la nación en su conjunto».
(PA) (Agencia Fides 22/1/2025)