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Yuba (Agencia Fides) – Sudán del Sur atraviesa un momento decisivo de su historia política. Quince años después de alcanzar la independencia, en 2011, el país se prepara para celebrar sus primeras elecciones nacionales, previstas para el 22 de diciembre de 2026. Se trata de una cita fundamental para dar un nuevo impulso a la transición democrática, pero que tendrá lugar en un contexto marcado por las tensiones políticas, la violencia, las dificultades económicas y una de las crisis humanitarias más graves del mundo.
La posibilidad de que las elecciones se celebren con normalidad y sus resultados sean reconocidos como legítimos sigue siendo incierta. Diversos observadores internacionales han expresado su preocupación ante el riesgo de nuevos episodios de violencia, aplazamientos o impugnaciones de los resultados, si no se producen avances en materia de seguridad, organización electoral, inclusión y aplicación de los acuerdos de paz. En septiembre de 2026, el presidente Salva Kiir disolvió el Gobierno de transición y nombró una administración interina (véase Agencia Fides 24/9/2026). El registro de votantes debería comenzar en estos primeros días de noviembre, pero las dificultades organizativas son considerables: no existe un censo electoral nacional, los plazos son muy ajustados y la Comisión Electoral Nacional (NEC) carece de la financiación necesaria. A ello se suman la inseguridad, las deficiencias de las infraestructuras y las dificultades logísticas propias de un territorio extenso y poco desarrollado.
Otro motivo de tensión es Abyei, una región disputada entre Sudán y Sudán del Sur que Yuba pretende incluir en las elecciones de diciembre. Jartum impugnó formalmente esta decisión en julio de 2026, al considerarla contraria a los acuerdos bilaterales. El secretario general de la ONU, António Guterres, instó a ambos países a resolver la controversia a través del Mecanismo Político y de Seguridad Conjunto. El estatuto de este territorio sigue sin resolverse desde 2011 (véase Agencia Fides 21/11/2026).
Las Naciones Unidas siguen supervisando la situación a través de la Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS), cuyo mandato se ha prorrogado hasta abril de 2027, e instan al diálogo político, a las reformas del sector de la seguridad y a la aplicación del acuerdo de paz de 2018. La Iglesia católica también trabaja por la reconciliación: en Malakal, los obispos de Sudán y Sudán del Sur se reunieron en asamblea plenaria para abordar cuestiones relacionadas con la paz, la unidad y el apoyo a los desplazados (véase Agencia Fides 14/11/2025).
En el ámbito humanitario, Sudán del Sur afronta una emergencia de proporciones dramáticas. Según las estimaciones de las Naciones Unidas, en 2026 cerca de dos tercios de la población, entre 9,9 y 10 millones de personas de un total de 14,4 millones de habitantes, necesitan asistencia. La situación alimentaria es especialmente alarmante: alrededor de 7,8 millones de personas sufren inseguridad alimentaria aguda, entre ellas decenas de miles que se encuentran en condiciones de hambre catastrófica. Millones de personas están desplazadas dentro del país, mientras que más de un millón de refugiados y personas retornadas han llegado desde Sudán a raíz del conflicto en curso. La emergencia se ve agravada por la propagación del cólera y otras enfermedades infecciosas, las inundaciones y la sequía. Las mujeres y los niños están especialmente expuestos a la violencia y a los riesgos para su protección. Además, la inseguridad sigue dificultando con frecuencia el acceso a la ayuda humanitaria.
Las elecciones del 22 de diciembre representan una prueba decisiva para el futuro institucional de Sudán del Sur y para la credibilidad de la transición iniciada tras años de conflicto. El reto del país sigue siendo transformar la transición política en un proceso efectivo de paz, reconciliación y reconstrucción.
(AP) (Agencia Fides 6/11/2026)