Ho Chi Minh City (Agencia Fides) – Una metrópoli en constante transformación, centro económico de Vietnam y destino de millones de personas llegadas de todos los rincones del país. En este contexto, la Iglesia católica de Ho Chi Minh City, la antigua Saigón, desarrolla su misión pastoral y afronta cada día los desafíos relacionados con la movilidad, el trabajo, la familia y los cambios sociales. «Saigón es el centro económico del país y recibe a muchos migrantes procedentes de todo Vietnam: vienen para estudiar o para trabajar», cuenta a la Agencia Fides el obispo auxiliar de Ho Chi Minh City, John Baptist Nguyen Quang Tuyen.
Según las estimaciones del obispo, la ciudad cuenta con unos 8 millones de habitantes, a los que se añade una población migrante de alrededor de 7 millones de personas, llegadas de otras zonas del país de forma estable o temporal por motivos de estudio o trabajo. Esta movilidad interna caracteriza desde hace décadas a la gran área metropolitana del sur de Vietnam. Ho Chi Minh City y las provincias industriales de los alrededores se han convertido en uno de los principales destinos de los migrantes vietnamitas, con consecuencias importantes también para la vida de las comunidades católicas.
En una ciudad marcada por esta intensa movilidad, la comunidad eclesial trata de que quienes llegan de otras provincias no queden al margen. «La Iglesia se ocupa de los migrantes que vienen para estudiar o trabajar. Organizamos encuentros mensuales para ellos», explica el obispo Nguyen Quang Tuyen. Muchos jóvenes llegan solos a la ciudad, lejos de sus familias y de las comunidades parroquiales de origen. Y encuentran en las parroquias un importante punto de referencia: «Estos migrantes mantienen una fe profunda, tienen sed de relaciones y de vida comunitaria y no dejan de acudir a la Iglesia», observa el obispo. La parroquia sigue siendo así uno de los principales espacios de acogida e integración: «La parroquia sigue siendo el corazón vivo de la comunidad y ellos lo perciben», subraya.
El dinamismo de la vida eclesial se refleja también en la participación en la liturgia. «En Vietnam -señala el obispo- no existe la diferencia entre “creyentes” y “practicantes”: no se habla del porcentaje de bautizados que va a Misa los domingos. Los bautizados, por el hecho de serlo, participan en la Eucaristía dominical como fuente y alimento de su vida». En algunas parroquias de la diócesis, como la confiada a los Redentoristas, explica, «se celebran incluso diez Misas el día del Señor», precisamente para responder a las necesidades de los fieles. «La Iglesia no deja a los fieles sin Eucaristía y, en todas las Misas, la iglesia está siempre llena», observa.
La archidiócesis de Ho Chi Minh City es una de las mayores realidades católicas de Vietnam. Los datos eclesiales indican que cuenta con más de 700.000 católicos y 205 parroquias, cifras que la convierten en la segunda diócesis más grande de un país que, según datos de la Conferencia Episcopal Vietnamita, cuenta en total con unos 7,5 millones de católicos, equivalentes aproximadamente al 7,4 % de una población nacional de unos 101 millones de habitantes.
El fuerte y rápido crecimiento urbano trae consigo también nuevas situaciones de vulnerabilidad y, entre las que el obispo sigue directamente, se encuentra la realidad de las familias. Nguyen Quang Tuyen está encargado, en efecto, de la Pastoral Familiar y de las Comunidades Eclesiales de Base. «Uno de los desafíos que vemos en Vietnam -señala- es la facilidad para divorciarse. Sobre todo los jóvenes no tienen muchos reparos y, ante las primeras dificultades de la vida matrimonial, lo solicitan y lo obtienen en seis meses», cuenta. Pero, más allá de los procedimientos, el problema tiene que ver con las condiciones concretas en las que viven hoy muchas familias: «Las dificultades de la vida, los horarios de trabajo, las relaciones con los hijos». A ello se suma el impacto de la cultura digital. «Las redes sociales y dispositivos como el teléfono móvil y la tableta hacen que ya no pasemos tanto tiempo juntos en familia. Los jóvenes crecen bajo la influencia de la cultura que les llega a través de los medios digitales». Ante estos cambios, la pastoral trata de ayudar a las familias a fortalecer «las relaciones dentro del núcleo familiar, las relaciones humanas y espirituales».
La respuesta es concreta: «Se organizan fines de semana dedicados a compartir, dialogar y rezar», así como un itinerario de preparación, pero también de acompañamiento de la vida matrimonial. El objetivo, explica el obispo, es acompañar a las parejas no solo en la preparación al sacramento, sino también en la construcción de relaciones familiares capaces de afrontar las dificultades de la vida cotidiana: «No solos, sino con Cristo que nos da su gracia; este es el primer apoyo verdadero», observa.
La labor educativa de la Iglesia continúa también a través de itinerarios de catequesis para niños, jóvenes, familias y adultos. «Nuestra labor educativa sigue adelante dentro de la Iglesia, con catequesis y encuentros que se celebran los domingos o algún día laborable», explica. La archidiócesis, como toda la Iglesia en Vietnam, no dispone de escuelas católicas -no están permitidas por la legislación- y, por ello, la parroquia adquiere un papel todavía más importante en la transmisión de la fe, en la formación de los jóvenes y en el acompañamiento de las familias. Junto a las parroquias, las congregaciones religiosas desempeñan también una función importante. Muchas de ellas tienen en Ho Chi Minh City sus casas de formación y estudio. «La ciudad es, por tanto, también un gran centro de la vida religiosa vietnamita y sus beneficios se perciben a todos los niveles», señala.
La dimensión social no está separada de la pastoral. Según los datos difundidos por la archidiócesis, los católicos de la ciudad participan desde hace tiempo en actividades caritativas y sociales, en apoyo de los migrantes y de los sectores más vulnerables. La atención a los migrantes y la participación en las actividades caritativas de las parroquias son «elementos significativos de la vida de la Iglesia local», señala el obispo. En la gran ciudad, la Iglesia trata de vivir su dimensión pastoral atendiendo a las necesidades concretas de las personas y en relación con las autoridades civiles. «En ciudades como Saigón esta relación es más sencilla, existe un ‘modus vivendi’», observa Nguyen Quang Tuyen. La situación, a su juicio, puede ser diferente en las zonas rurales y remotas, donde «en las aldeas las relaciones son más difíciles», con un mayor control y, en ocasiones, tensiones relacionadas también con la prudencia de los funcionarios locales.
A pesar de las transformaciones sociales y de las dificultades, el obispo señala que existe una fe arraigada en la vida cotidiana: «Vemos que la fe está viva: a pesar de las dificultades, las familias rezan por la noche y van juntas a la iglesia, realizan obras de caridad». Para Nguyen Quang Tuyen, este es el desafío de la Iglesia en la gran metrópoli vietnamita: no limitarse a conservar una tradición religiosa profundamente arraigada, sino acompañar a las personas en medio de los rápidos cambios de la sociedad, acoger a quienes llegan, sostener a las familias, educar a los jóvenes y mantener la parroquia como lugar de encuentro, oración y solidaridad.
En una ciudad donde millones de personas se desplazan en busca de trabajo, formación o nuevas oportunidades, la Iglesia trata de ser una comunidad capaz de acoger e integrar, haciéndose «próxima» y seguir ofreciendo lo que tiene de más valioso: el Evangelio.
(PA) (Agencia Fides 25/9/2026)