Photo:Marco Sungsu Kim
Nemi (Agencia Fides) – Existe un «mandato misionero» en la llamada de Jesús a sus discípulos que interpela también hoy a cada nuevo «Sucesor de los Apóstoles». Un mandato que debe asumirse como «criterio guía» para inspirar las decisiones, iniciativas y reformas que cada obispo está llamado a llevar a cabo al servicio del pueblo de Dios en su diócesis.
Este es el hilo conductor que recorre las jornadas del Curso de formación para obispos que se celebra estos días en Nemi, en la zona de los Castelli Romani, promovido por el Dicasterio para la Evangelización, a través de la Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares, con el apoyo y la colaboración de la Fundación Pontificia “Ayuda a la Iglesia Necesitada”.
El Curso se desarrolla en el Centro «Ad Gentes», residencia de los Padres de la Sociedad del Verbo Divino (verbitas). En las sesiones de trabajo y de intercambio participan en esta ocasión 21 obispos procedentes de países africanos de lengua inglesa, que recibieron la ordenación episcopal entre 1999 y 2022.
La información recogida por la Agencia Fides confirma el carácter experimental e innovador de la iniciativa promovida por el Dicasterio misionero, perceptible en la gestión «flexible» de la programación de los trabajos. Con el paso de los días, el Curso ha adquirido la fisonomía de un «taller abierto», un laboratorio interactivo en el que la agenda se va reorientando y reformulando paso a paso a partir de las cuestiones planteadas por los obispos participantes.
Arzobispo Nwachukwu: el ministerio del obispo es un “mandato misionero”
Al comienzo de los trabajos, los participantes han elegido «la misión y la identidad» de la Iglesia y de los obispos hoy como el tema más relevante entre las numerosas unidades temáticas propuestas como alternativas.
A esta elección han contribuido las cuestiones planteadas en la amplia intervención pronunciada el lunes 14 de septiembre por el arzobispo Fortunatus Nwachukwu, secretario del Dicasterio para la Evangelización, centrada en tres cuestiones: la exclusión, la comunión y la identidad episcopal.
En su intervención, el arzobispo Nwachukwu ha iniciado por lo que el mismo ha definido como una de las cuestiones más delicadas que afrontan los obispos en todo el mundo: la exclusión de quienes «son considerados o percibidos como diferentes y, por tanto, tratados como si no pertenecieran a la comunidad». Esta dinámica, ha afirmado, está en la base tanto del sistema de castas presente en algunas zonas de Asia como del exclusivismo étnico en África, que ha descrito sin rodeos como «la bestia llamada tribalismo».
Las múltiples formas de exclusión en el ámbito eclesial -ha explicado el arzobispo- tienen como denominador común «excluir a la otra persona porque esa persona es considerada o percibida como diferente». El arzobispo Nwachukwu ha relacionado directamente estas dinámicas de exclusión con el ejercicio del ministerio episcopal, insistiendo en que la comunión debe seguir siendo un rasgo distintivo del obispo
La llamada de Jesús a sus discípulos -ha recordado después el arzobispo nigeriano- era ante todo un mandato misionero, más que una tarea de gestión: «Jesús no llamó al principio a sus discípulos para hacer de ellos pastores, para convertirlos en guías del rebaño. Marcos 1,17 es muy claro: “Mientras pasaba junto al mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés. Eran pescadores que echaban las redes, y los llamó”. No les dijo: “Venid, seguidme y os haré pastores”. Les dijo: “Os haré pescadores de hombres”. Esta era la llamada de Jesús a los discípulos: convertirse en pescadores de hombres. Este es el mandato misionero».
Llamados a derrotar a la “bestia del tribalismo”
En su intervención, el arzobispo Nwachukwu ha subrayado que la comunión nunca debe confundirse con una uniformidad impuesta dentro de una diócesis. «La armonía no elimina las diferencias, sino que las une para formar la belleza de las voces de un coro».
Son criterios que también deben tenerse presentes en los procesos de nombramiento episcopal, un ámbito de competencia específica del Dicasterio misionero. «Cualquier obispo que no represente la comunión, que se convierta en un agente de división, vive en contradicción con su propia identidad de pastor», ha afirmado ante la asamblea, antes de dirigirse directamente a los nuevos obispos: «Contamos con vosotros para ayudarnos a derrotar a esta bestia, esta bestia llamada tribalismo. Queremos poder seleccionar a los mejores candidatos para ser obispos, no a la persona que procede de un grupo étnico u otro».
Al abordar la cuestión de la identidad episcopal, el arzobispo ha recordado a los participantes que, según la Carta a los Hebreos, el sacerdocio de Cristo está configurado según el de Melquisedec, una figura sin ascendencia tribal o familiar: «No tenía padre. No tenía madre. No tenía descendencia familiar ni ascendencia humana, sino que vino como hijo del Dios Altísimo». Y todos los obispos católicos están llamados a ser «sacerdotes según el orden de Melquisedek».
El arzobispo Nwachukwu ha hecho también referencia a algunas necesidades físicas y emocionales del ministerio episcopal. «Cuidar de la propia salud, concederse un poco de descanso -ha afirmado- no es un lujo para el sacerdote. Tampoco es un lujo para el obispo. Es una necesidad. Es algo que aprendemos de Jesús».
Caminos concretos para hacer realidad el “mandato misionero” de los obispos
Después de la primera sesión, el Curso ha entrado en su fase operativa, recalibrada a partir de la elección temática realizada por los propios obispos.
Durante la primera jornada, se ha invitado a los obispos a comprobar de manera concreta si, en su experiencia, el mandato misionero se percibe y se vive realmente como criterio de referencia en el ejercicio de su ministerio episcopal, y si esta claridad puede quedar reflejada en algún documento de planificación y orientación de la vida diocesana.
Un ejercicio de discernimiento y diagnóstico similar se ha llevado a cabo en relación con el ejercicio por parte de cada obispo de los tres 'munera' (funciones) del ministerio episcopal: enseñanza (magisterio), santificación y gobierno.
El objetivo del Curso, que ha ido perfilándose progresivamente, es ayudar a cada obispo a clarificar la visión pastoral de su diócesis y, posteriormente, a partir de los recursos actualmente disponibles, definir orientaciones concretas para decisiones y programas pastorales que contribuyan a hacer realidad el mandato misionero de cada comunidad diocesana, teniendo en cuenta los distintos contextos, carencias y prioridades.
Los estímulos y las metodologías de discernimiento propuestos por los responsables del Curso -entre ellos el profesor Peter Beer y el padre Olivier Soma, del Instituto de Antropología de la Pontificia Universidad Gregoriana, y el padre Marco Sungsu Kim, oficial del Dicasterio para la Evangelización y profesor del Instituto de Psicología de la misma Universidad- han ayudado a los obispos presentes a identificar las «fortalezas» y las debilidades, así como las oportunidades y los riesgos que caracterizan la situación, la historia y el presente de las comunidades eclesiales confiadas a su guía, valorándolos también en relación con los distintos componentes de la comunidad: sacerdotes, religiosos y religiosas, familias, jóvenes, niños y ancianos.
El trabajo de diagnóstico e intercambio realizado hasta ahora constituye el punto de partida para intentar favorecer decisiones, propuestas y programas pastorales impulsados por el deseo de ver florecer el «potencial misionero» de las distintas comunidades diocesanas. Este objetivo ocupa el centro de los trabajos de los obispos participantes en las sesiones finales del Curso de formación, que se prolongarán hasta el sábado 19 de septiembre. Se trata de un intento que debe asumirse teniendo en cuenta, de manera realista, las «fuerzas disponibles», las urgencias, las vulnerabilidades y todas aquellas circunstancias no programables que pueden surgir de forma gratuita y siempre en la vida ordinaria de la Iglesia.
(GV) (Agencia Fides 17/9/2026)