Archidiócesis de Madrid
Por Laura Gómez Ruiz
Madrid (Agencia Fides) – Más de 150.000 hectáreas arrasadas por el fuego y más de 79.000 personas evacuadas o confinadas muestran la dimensión de una emergencia que en los últimos días ha golpeado a distintas regiones de España. Los incendios, entre los más graves de los últimos años, han afectado especialmente a Madrid, Ávila, Toledo y Castellón, obligando a miles de personas a abandonar temporalmente sus hogares y poniendo a prueba la capacidad de respuesta de comunidades y servicios de emergencia.
En el pueblo español que hace pocas semanas acogía al Papa León XIV durante su visita apostólica se manifiesta ahora una actitud general hacia la solidaridad y el servicio de quienes atraviesan momentos de dolor. “Ante los devastadores incendios que en estos días han afectado a varias localidades de Francia y España, expreso mi cercanía e invito a todos a orar por las personas afectadas y por la labor de los equipos de rescate”, ha dicho el Pontífice tras el Ángelus del domingo 26 de julio.
En medio del humo y las evacuaciones, la respuesta eclesial se extiende por distintos territorios afectados por el fuego: una comunidad eclesial presente allí donde están las personas, abriendo espacios, celebrando la fe y ofreciendo escucha. Desde las parroquias rurales hasta los centros de acogida improvisados, obispos, sacerdotes, Cáritas y voluntarios han convertido la cercanía en la primera respuesta.
Cuando la parroquia se convierte en casa
En Navalagamella, una de las localidades afectadas por los incendios en la Comunidad de Madrid, el párroco Alfonso Rodríguez permaneció junto a sus vecinos durante la evacuación. La salida del pueblo, realizada en un clima de preocupación y desconcierto, tuvo también un momento simbólico: las campanas de la iglesia fueron las primeras en alertar a los habitantes sobre la necesidad de abandonar la zona.
El sacerdote acompañó posteriormente a los vecinos evacuados hasta el centro de acogida instalado en Alcobendas, donde celebró la Eucaristía con ellos. Allí la Iglesia ofreció algo más que una ayuda material: una presencia cercana para recuperar serenidad en medio de una situación traumática.
Una experiencia similar se ha vivido en Las Rozas. En el polideportivo de La Marazuela, convertido en centro de acogida para las 285 personas evacuadas, el párroco José Antonio Buceta, de la parroquia San Miguel Arcángel, celebró la Misa con los desplazados. “La gente se ha dejado abrazar”, explicó el sacerdote en declaraciones a Alfa y Omega. “Estaban necesitados de ese abrazo de la Iglesia”.
Obispos y diócesis movilizados
En Madrid, el cardenal José Cobo, arzobispo de la capital, invitó a todas las comunidades parroquiales a unirse en oración por las personas afectadas, las familias obligadas a abandonar sus hogares, quienes han perdido bienes y los equipos de emergencia y voluntarios que trabajan contra el fuego. El arzobispo visitó personalmente a vecinos evacuados para compartir sus sufrimientos y escuchar de primera mano el relato de las horas más angustiosas provocadas por los incendios.
También la diócesis de Getafe ha movilizado sacerdotes, parroquias y voluntarios para acompañar a las poblaciones afectadas. Ante el avance del fuego, la diócesis procedió a la evacuación preventiva de algunas comunidades e instalaciones eclesiales, entre ellas el Seminario Menor, donde se encontraban alrededor de 250 jóvenes. El obispo auxiliar Mons. José María Avendaño visitó además algunos de los polideportivos habilitados como centros de acogida para encontrarse con las personas desplazadas.
En Ávila, el obispo Mons. Jesús Rico García expresó la cercanía de la diócesis a las localidades afectadas y puso a disposición los recursos eclesiales para responder a las necesidades. Las parroquias de la provincia han ofrecido sus salones como posibles espacios de acogida, mientras se pidió a los sacerdotes de Ávila capital mantener abiertos templos y dependencias parroquiales. Además, el Seminario y la Casa de Ejercicios están disponibles para acoger tanto a personas evacuadas como a miembros de los cuerpos de seguridad y equipos de extinción que necesiten descanso, alojamiento u otros servicios.
En la Archidiócesis de Toledo, el arzobispo Francisco Cerro Chaves visitó a los evacuados por los incendios que afectan a la Sierra de San Vicente y zonas próximas a Ávila, acogidos en el recinto ferial de Talavera de la Reina. Durante el encuentro escuchó sus preocupaciones y les transmitió un mensaje de esperanza y confianza, asegurándoles la oración de toda la comunidad diocesana.
En la diócesis de Segorbe-Castellón, el Seminario de Segorbe ha abierto sus puertas para acoger a más de un centenar de evacuados por el incendio de la Vall d’Uixó, procedentes de Chóvar, Almedíjar, Azuébar, Eslida, Torralba del Pinar y otras localidades de la Sierra de Espadán. La hospedería del Seminario ofrece alojamiento y atención a los desplazados mientras continúa la emergencia, al tiempo que se organizan equipos de trabajo para garantizar la asistencia si la situación se prolonga. La iniciativa se desarrolla en una Comunidad Valenciana donde los incendios han obligado ya a evacuar a más de 18.000 personas en más de 18 municipios.
Cáritas y la ayuda que continúa después del fuego
Junto al acompañamiento espiritual, la Iglesia española ha activado también su dimensión social. Las Cáritas diocesanas y las redes de voluntariado eclesial han desplegado su labor en los centros de acogida, acompañando a las personas evacuadas y atendiendo sus necesidades más urgentes.
Entre las tareas realizadas destaca el acompañamiento a las familias con niños, para quienes los voluntarios han organizado actividades que permitan hacer más llevadera una situación marcada por el miedo y el desarraigo. Además, han colaborado en tareas de apoyo como la preparación de comidas y la atención a las necesidades cotidianas de quienes han tenido que abandonar sus hogares.
La organización también ha reforzado el acompañamiento a las personas mayores evacuadas, especialmente a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad. Voluntarios de Cáritas han estado presentes en la residencia de las Hijas de la Caridad, ofreciendo escucha, compañía y apoyo a los ancianos desplazados por los incendios.
La emergencia no termina cuando se apagan las llamas. Después comienza una etapa más larga de reconstrucción: recuperar viviendas, encontrar medios de vida y ayudar a sanar las comunidades heridas. En ese camino, la Iglesia local seguirá acompañando a las familias afectadas junto a las instituciones y a toda la red de solidaridad que se ha activado.
(Agencia Fides 28/07/2026)