ASIA/BAHRÉIN - 24 de octubre: los mártires de Nayran, una memoria que une a los cristianos de Arabia

sábado, 24 octubre 2026

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Awali (Agencia Fides) – Durante siglos, su memoria permaneció en los márgenes de la historia. Hoy, sin embargo, los mártires de Nayran vuelven a ocupar un lugar cada vez más significativo en la vida de la Iglesia en la península arábiga. Su fiesta, celebrada el 24 de octubre, es ya memoria obligatoria en los dos vicariatos apostólicos de la región, con la aprobación de la Santa Sede (véase Fides, 26/7/2026). Su testimonio, recuperado tras el Gran Jubileo de 2023-2024, celebrado con motivo del 1500º aniversario de su martirio (véase Fides, 20/10/2023), se está convirtiendo en un punto de encuentro entre las comunidades católicas y ortodoxas. La celebración ha quedado de este modo incorporada de forma estable a los calendarios propios de los vicariatos, junto con la solemnidad de Nuestra Señora de Arabia, patrona principal de la península arábiga.

Así lo recuerda, en un documento compartido con la Agencia Fides, la Cofradía de San Aretas y sus compañeros mártires, cuyo promotor y guía episcopal es el obispo Aldo Berardi, O.SS.T., vicario apostólico de Arabia del Norte (AVONA), que comprende Baréin, Qatar, Kuwait y Arabia Saudí.

A pesar de la relativa escasez de fuentes históricas, la historia de los mártires ha despertado en los últimos años un interés renovado, tanto en la región como en el mundo cristiano. La memoria de aquellos testigos de la fe vuelve a ser conocida, celebrada y objeto de oración, y su presencia en la vida de la Iglesia local adquiere una forma estable. Para los cristianos que viven hoy en la península arábiga o llegan a ella, san Aretas y sus compañeros no son solo nombres vinculados a la historia antigua, sino testigos a los que encomendar su camino de fe. Además, el redescubrimiento de los mártires de Nayran está trascendiendo las fronteras de la península.

Su testimonio adquiere hoy un significado especial también en el camino hacia la unidad de los cristianos. En Omán se ha dedicado una iglesia ortodoxa a san Aretas. Este gesto constituye una expresión concreta del patrimonio cristiano compartido que une a las distintas tradiciones eclesiales presentes en el Golfo.

Otro momento significativo tuvo lugar este verano, cuando, por invitación del patriarca ecuménico de Constantinopla, Su Santidad Bartolomé I, el obispo Aldo Berardi y una delegación de sacerdotes ortodoxos y católicos procedentes de Kuwait peregrinaron al Monte Athos (véase Fides, 12/9/2026). La peregrinación fue una ocasión de oración y fraternidad, pero también de redescubrimiento de una herencia cristiana común. La delegación visitó algunos monasterios en los que san Aretas es venerado desde hace siglos, como atestiguan los antiguos frescos que representan al mártir. Fue especialmente significativo el encuentro con los monjes ortodoxos que custodian la reliquia del cráneo de san Aretas, expuesta a la veneración de los peregrinos.

Estos encuentros muestran que los mártires de Nayran no pertenecen exclusivamente a una comunidad o tradición eclesial. Su memoria es compartida por cristianos de distintas confesiones, unidos por la veneración de su fidelidad a Cristo y de la entrega de su vida por la fe.
En el diálogo entre las Iglesias, y en particular en las relaciones entre católicos y ortodoxos, la historia de los mártires árabes muestra cómo una memoria compartida puede abrir un camino hacia un mayor conocimiento mutuo, la amistad y la comunión. Los santos pueden tender puentes. Su recuerdo permite recuperar aquello que las distintas tradiciones cristianas recibieron en común y que es anterior a las divisiones históricas. Este es también uno de los mensajes que san Aretas y sus compañeros transmiten a los cristianos de hoy. Su testimonio recuerda, ante todo, que el cristianismo en la península arábiga no es una realidad reciente, sino que hunde sus raíces en los primeros siglos de la Iglesia. Recuerda también que la sangre de los mártires es semilla de la Iglesia. La fe por la que san Aretas y sus compañeros dieron la vida sigue viva en las mismas tierras donde dieron testimonio de Cristo. Quizá sea precisamente este uno de los aspectos más actuales de su memoria: lo que une a los cristianos es más antiguo y profundo que aquello que todavía los separa.

La celebración de los mártires adquiere un significado especial en un momento en que la violencia y la inestabilidad siguen afectando a algunas zonas de Arabia del Sur. Por ello, la Iglesia encomienda Nayran y las regiones circundantes a la intercesión de los mártires, pidiendo paz, reconciliación y protección para todos los que viven en esas tierras. Que Nayran, lugar marcado hace quince siglos por el testimonio de hombres y mujeres que prefirieron dar la vida antes que renegar de su fe, pueda volver a ser un lugar de paz, fraternidad y armonía. Para quienes hoy viven y dan testimonio del Evangelio en el Golfo, los mártires de Nayran pueden ser, como señala el documento de la Cofradía, no solo figuras de un pasado lejano, sino compañeros de camino e intercesores.
(AP) (Agencia Fides 24/10/2026)


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