Laiko
Por Paolo Affatato
Manila (Agencia Fides) – Una misión de «verdad y justicia» que debe vivirse en la sociedad, la política, la lucha contra la corrupción y la cercanía a las personas más vulnerables: esta es la vocación de los laicos católicos en Filipinas, según Albert Loteyro, presidente del Consejo Nacional de los Laicos Católicos de Filipinas, conocido como «Laiko», y secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal para el Laicado de la Conferencia Episcopal Filipina (CBCP). Su llamamiento se inscribe en el camino de la Iglesia local, que invita a los fieles a «traducir la fe en una presencia concreta en la sociedad» ante los desafíos que afectan a la vida cotidiana de millones de personas.
En declaraciones a la Agencia Fides al margen del Foro Internacional de Acción Católica (FIAC), celebrado en Roma en los últimos días, Loteyro ha afirmado: «Como laicos, nos preguntamos: ¿cuál es nuestra identidad, nuestra vocación y nuestra misión? Para mí, como para cada uno de nosotros, nuestra identidad consiste en ser hijos de Dios en virtud del Bautismo. Nuestra vocación es una llamada a la santidad». De ahí, señala, podemos partir para reflexionar sobre la identidad y la misión de nuestras organizaciones y asociaciones laicales.
El presidente de Laiko coordina una amplia red integrada por unas 58 organizaciones laicales nacionales y 56 consejos diocesanos de laicos. «Trabajamos juntos con un estilo de liderazgo y una presencia participativos y consultivos», explica a Fides, destacando la importancia de animar y conectar a asociaciones, comunidades y organismos eclesiales de todo el país. «El papel de los laicos en Filipinas, en el actual contexto social, político y económico, es muy importante. Colaboramos con el clero y los obispos, conscientes de nuestra misión».
«Nuestra misión como laicos –reitera- es llevar la luz de la fe a las realidades temporales y participar activamente también en los ámbitos social y político». Esta responsabilidad se concreta en la búsqueda de la verdad y la justicia en la vida pública. «Por ejemplo, ante el problema de la corrupción, queremos defender la verdad y la equidad en la actividad política. También frente a los últimos escándalos relacionados con los llamados “proyectos fantasma” para la prevención de inundaciones, o en el caso del proceso de destitución de Sara Duterte, la brújula que nos guía como laicos católicos es seguir, promover y defender la justicia y la verdad».
La referencia a los proyectos contra las inundaciones alude a una cuestión que ha cobrado gran relevancia en el debate público filipino. En 2025 se abrieron investigaciones sobre numerosas irregularidades en obras de control de inundaciones, con denuncias relativas a trabajos incompletos o de calidad insuficiente y al uso de fondos públicos. Las acusaciones y las posibles responsabilidades siguen siendo objeto de investigaciones y procedimientos. Precisamente por ello, observa Loteyro, «la exigencia de transparencia y rendición de cuentas debe seguir siendo un criterio fundamental para quienes participan en la vida pública».
La corrupción en Filipinas ocupa un lugar destacado en el debate público y también en las intervenciones de los obispos. En el Índice de Percepción de la Corrupción de 2025 de la ONG Transparency International, Filipinas obtuvo una puntuación de 32 sobre 100, donde cero indica un nivel percibido de corrupción pública muy elevado y 100, un sector público caracterizado por la integridad.
Junto con la corrupción, Loteyro señala la pobreza y el desempleo como desafíos que interpelan directamente a las comunidades cristianas. Según los datos oficiales de la Autoridad Estadística de Filipinas correspondientes a 2025, alrededor del 10 % de la población del país -unos 11 millones de personas- vive por debajo del umbral nacional de pobreza, sin recursos suficientes para cubrir sus necesidades básicas. En cuanto al empleo, la tasa media anual de desempleo en 2025 fue del 4,2 %, equivalente a unos 2,14 millones de personas, a las que se suman millones de trabajadores informales o eventuales.
«La pobreza y el desempleo son desafíos importantes que debemos afrontar y ante los que estamos llamados a contribuir», afirma Loteyro. Para responder a ellos, las organizaciones laicales católicas procuran estar presentes en los lugares donde se manifiestan las necesidades, en las distintas zonas del archipiélago. «Los laicos de nuestras organizaciones se acercan a las periferias para descubrir qué necesita la gente. Están presentes, prestan atención y contribuyen a tejer una amplia red de protección humana y social».
Desde la perspectiva del presidente de Laiko, esta presencia forma parte esencial del anuncio del Evangelio. La misión no consiste únicamente en las actividades pastorales o en la animación de las comunidades, sino también en «contribuir a construir una sociedad más justa, combatir la mentira y promover una participación responsable en la vida democrática».
Estos temas también estuvieron presentes en la Semana Nacional de los Laicos, organizada por Laiko y celebrada el pasado mes de septiembre, que se centró en las llamadas «5 K»: ‘Korapsyon’ (corrupción), ‘Kahirapan’ (pobreza), ‘Kriminalidad’ (criminalidad), ‘Kasinungalingan’ (mentira y desinformación) y ‘Kataksilan’ (traición cívica). La semana incluyó iniciativas de formación política y actividades en las parroquias para invitar a los fieles a reconocer y afrontar estos males sociales.
El próximo paso de este recorrido será la Asamblea Nacional de los Laicos Católicos Filipinos, promovida por Laiko y prevista para los días 6 y 7 de noviembre en Cebú. Este primer encuentro de su tipo reunirá a presidentes nacionales de asociaciones laicales, responsables de las comisiones diocesanas y líderes laicos de distintas partes del país. El lema elegido, «One Laiko. One Mission» («Un solo Laiko, una sola misión»), expresa la voluntad de reforzar la comunión y la colaboración entre las distintas realidades y renovar la presencia de los laicos en la Iglesia y en la sociedad.
«El objetivo -explica Loteyro a Fides- es escuchar: escuchar a nuestros líderes laicos, escuchar las necesidades de la gente y escuchar para revisar nuestra manera de estar presentes en la sociedad. Los temas son la escucha y la participación, para que nuestra misión en la sociedad dé cada vez más fruto, conforme a la voluntad de Dios». La asamblea será, por tanto, una oportunidad de diálogo y discernimiento común, orientada a una Iglesia sinodal, capaz de reconocer las necesidades de las comunidades y responder a ellas mediante una responsabilidad compartida.
Loteyro confía a los laicos filipinos un deseo que resume el sentido de su vocación: «Espero que todos los laicos de Filipinas puedan realizar su vocación misionera. Todos estamos llamados y enviados a anunciar el Evangelio. Espero que todos sepamos responder a esta llamada de Dios. En virtud de nuestro Bautismo, estamos llamados a ser misioneros, y el mundo espera de nosotros una palabra y una acción que lleven luz y esperanza».
(Agencia Fides 22/10/2026)