Dario Dozio
Por padre Dario Dozio*
Korhogo (Agencia Fides) – Uno de octubre, fiesta de santa Teresa del Niño Jesús: el día ideal para llegar a la misión. Han pasado diez años desde que dejé Costa de Marfil. Me alegra reencontrarme con sus colores, su música, sus sonrisas… Incluso el olor acre e intenso de la laguna Ébrié ya no me molesta. ¡Es como volver a casa!
Hay muchas novedades. Empezando por las carreteras. Nada más salir del aeropuerto de Abiyán, me encuentro inmerso en un tráfico caótico, a pesar de las vías de cuatro carriles en todas las direcciones, los nuevos puentes, los pasos elevados, los semáforos y los radares que funcionan en todos los grandes cruces… Me dicen que todo esto se debe a la CAN, la Copa Africana de Naciones, el torneo continental de fútbol que Costa de Marfil acogió y ganó hace dos años. Así, después de siete horas por una buena carretera asfaltada, llego a Korhogo, en el norte del país, antes de que anochezca. Esta es mi nueva misión.
En Italia me recordaron que echara un vistazo de vez en cuando al documento de identidad: ya no tengo 25 años, como cuando llegué por primera vez; ahora toca pensar en la jubilación y buscar un lugar tranquilo donde instalarme… Sin embargo, no consigo ocultar mi emoción: ¡qué bonita oportunidad se me ha presentado! Poder empezar casi desde cero, en un lugar nuevo, con un idioma que desconozco y una cultura y unas tradiciones locales ricas y llenas de misterios… En definitiva, la oportunidad que llevaba tiempo esperando para mantenerme vivo
A primera hora de la mañana llego al Centro de Catequesis y participo en la apertura del año pastoral. Saludo a sacerdotes, religiosas y laicos de los consejos parroquiales… Somos unas cincuenta personas, reunidas durante varios días con el obispo para planificar juntos las nuevas orientaciones pastorales de la diócesis. Y descubro que soy el único blanco.
En 1980, cuando llegué desde Italia recién ordenado sacerdote, había pocos sacerdotes africanos. En la diócesis donde residía solo había uno… y estaba estudiando en Francia. Los padres de la Sociedad de Misiones Africanas (SMA), en su mayoría franceses, eran más de cien, y nosotros, los italianos, casi una treintena. Ahora la situación se ha invertido: la Iglesia local ha crecido, tanto en número como en calidad, y los fieles cristianos participan activamente en la vida parroquial. También el tema pastoral propuesto para los próximos cinco años habla de corresponsabilidad, autonomía y misión: «En la fraternidad y la corresponsabilidad, construimos comunidades autónomas al servicio de la misión».
Doy gracias a Dios por el trabajo realizado por los primeros misioneros, cuando había que caminar durante semanas entre bosques y sabanas para llegar hasta aquí, sembrando la Palabra en medio de numerosas dificultades y afrontando peligros y enfermedades. Hoy se ven los frutos: me encuentro en una diócesis con un clero joven y dinámico, laicos comprometidos con una Iglesia que sienten como propia, una Iglesia plenamente africana. En Korhogo, y en buena parte del norte del país, los musulmanes y los animistas constituyen la gran mayoría de la población. En el sur, en cambio, hay numerosos cristianos, las iglesias se llenan casi a diario y abundan los sacerdotes. Por eso, algunos obispos han tomado una decisión valiente: enviar a jóvenes sacerdotes al norte del país como misioneros ‘fidei donum’ durante al menos tres años.
¡Qué bonito: la misión continúa siempre! Cambian las modalidades, los estilos pastorales y los medios disponibles…, pero el Espíritu que animaba a los pioneros que llegaban de Europa hace cien años sigue siendo el mismo y brilla en el rostro de estos jóvenes africanos que entregan su vida al servicio del Evangelio. Y yo también, con sencillez y asombro, trato de caminar junto a ellos.
(Agencia Fides 16/10/2026)
* Misionero de la Sociedad de Misiones Africanas.
Dario Dozio