JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES - P. Luigi Codianni: "La misión es estar junto a quienes son vulnerables; es decirles: me importas"

jueves, 15 octubre 2026

Missionari Comboniani

Por Paolo Affatato

Roma (Agencia Fides) – Una noche de 1988, varios jóvenes fueron asesinados en el barrio de Parque Santa Madalena, en la periferia oriental de São Paulo, Brasil. El misionero comboniano Luigi Codianni, que entonces vivía en el barrio, se encontró ante una violencia que dejaría una huella profunda en su vida. En aquel lugar, una gran favela marcada por el tráfico de drogas y la vulnerabilidad de tantos niños y adolescentes, la misión adquirió para él un significado aún más concreto: ponerse del lado de quienes corrían el riesgo de quedar abandonados, compartir su vida y defender su dignidad.

Hoy, el padre Codianni, de 62 años, es superior general de los Misioneros Combonianos y reconoce en aquella experiencia una de las heridas que pueden transformarse en una llamada. «Ante aquella violencia y la muerte de aquellos jóvenes, sentí con más fuerza la urgencia de estar al lado de los niños y adolescentes más vulnerables, de aquellos a quienes la sociedad considera a menudo un problema que hay que eliminar, en lugar de personas a las que acoger, proteger y amar».

Aquel episodio contribuyó a orientar decisivamente su elección de acompañar a los jóvenes de la calle. No bastaba con denunciar la violencia: era necesario compartir la vida de aquellos muchachos, caminar con ellos y escucharlos. «Sentía que debía intentar devolverles la dignidad, la esperanza y un futuro», cuenta a la Agencia Fides. La convicción que maduró entonces sigue ocupando un lugar central en su visión misionera: aquellos jóvenes «no necesitaban que los juzgaran o los apartaran, sino encontrar a alguien dispuesto a estar a su lado, a reconocer su humanidad y a creer en ellos, incluso cuando parecía que nadie más lo hacía».

De aquella noche nació una convicción que atraviesa toda su reflexión sobre la misión: «Antes incluso de hablar de Dios, hay que hacer sentir a esos muchachos que sus vidas tienen valor, que no son “invisibles”, que alguien cree en ellos». La palabra cristiana, explica, se traduce en cercanía concreta y en una relación de amor: «La caridad no sustituye al anuncio, sino que le da credibilidad; el anuncio no sustituye a la caridad, sino que le proporciona su fundamento».

De la «geografía» a la «cultura» de la misión

La experiencia brasileña ayuda también a comprender cómo contempla el padre Codianni la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo. La Jornada Mundial de las Misiones, que en 2026 celebra su centenario, ofrece la oportunidad de repasar un siglo de transformaciones sin perder de vista el núcleo esencial de la vocación misionera. «En cien años no ha cambiado el corazón de la misión: la Iglesia sigue llamada a anunciar a Jesucristo y a dar testimonio de su amor. Lo que ha cambiado es la manera de comprender y vivir la misión».

«Durante mucho tiempo –recuerda- se entendió la misión, sobre todo, como un movimiento que partía de Europa para llegar a los demás continentes. El Concilio Vaticano II supuso un cambio decisivo de perspectiva, al afirmar una visión en la que todas las Iglesias están llamadas tanto a dar como a recibir. Este camino ha sido desarrollado por el magisterio de Pablo VI, con ‘Evangelii nuntiandi’; de san Juan Pablo II, con ‘Redemptoris missio’; y del Papa Francisco, con ‘Evangelii gaudium’ y su invitación a ser una “Iglesia en salida”».

«Podríamos decir que hemos pasado de la “geografía de la misión” a la “cultura de la misión”», observa el superior general de los combonianos. «La misión ya no es “algo que sucede en lugares lejanos”, sino la razón misma de ser de la Iglesia, esté donde esté».

La ‘missio ad gentes’ conserva también toda su actualidad, pero adquiere nuevos rostros. La distancia respecto al Evangelio no se mide únicamente en kilómetros: puede manifestarse en la misma ciudad, en la misma diócesis, en la misma parroquia o incluso dentro de una familia. «Para mí, ad gentes significa, sobre todo, ir al encuentro de quienes todavía no conocen el Evangelio, de quienes están lejos, de quienes son excluidos, de quienes no encuentran un lugar en la sociedad y también de quienes piensan que ya no tienen nada en lo que esperar», afirma.

La misión, por tanto, «consiste en ir al encuentro del otro, especialmente allí donde las guerras, las migraciones, la pobreza, la soledad, la exclusión y la pérdida de sentido vulneran la dignidad de la persona». Entre las situaciones más dolorosas, el padre Codianni señala la de los niños y jóvenes que crecen en entornos degradados y violentos, privados de oportunidades hasta llegar a convencerse de que están destinados al fracaso. «Hoy creo que una de las periferias existenciales más importantes y graves es precisamente la de los jóvenes a quienes se les roba la esperanza», afirma.

La respuesta misionera no consiste en una intervención ocasional, sino que se traduce en «una presencia capaz de comunicar, incluso sin muchas palabras, que nadie está abandonado. El misionero -afirma Codianni- dice: “Me importas, eres importante para mí”. Tu vida tiene una dignidad innata. Dios no te ha olvidado».

Una Iglesia que sale al encuentro y se deja evangelizar

Esta perspectiva interpela directamente a las comunidades cristianas. «La Jornada Mundial de las Misiones no puede ser solo una cita anual para recaudar donativos destinados a las misiones. Debe ser una ocasión para comprobar hasta qué punto las parroquias están realmente abiertas a quienes permanecen en los márgenes: los jóvenes, los pobres, los migrantes y todos aquellos que necesitan una palabra de consuelo», señala.

«Creo que debemos superar la idea de una Iglesia que “tiene misioneros” y reconocer que la Iglesia es “misionera por naturaleza”», afirma el comboniano. «Una comunidad se vuelve misionera cuando no se limita a esperar que los demás acudan a ella, sino que decide salir, encontrarse con las personas, escucharlas y acompañarlas. La misión ya no es una tarea que unos pocos realizan por los muchos que están lejos, sino algo que toda la comunidad está llamada a vivir, siempre y en todas partes».

«Salir» significa también dejarse encontrar por personas y culturas diferentes, reconociendo que la misión no avanza en una sola dirección. «Durante mucho tiempo -recuerda el superior general- ha prevalecido un modelo en el que unas Iglesias daban y otras recibían. Esta distinción ya no funciona. Todas las Iglesias están llamadas a dar y a recibir».

Los misioneros africanos, asiáticos y latinoamericanos que llegan a Europa aportan no solo sus competencias y su disponibilidad para el servicio, «sino también su fe, su espiritualidad, su cultura y su manera de vivir la comunidad. El propio carisma comboniano se ha vuelto cada vez más universal, multinacional y multicultural, en sintonía con el deseo de san Daniel Comboni de fundar un instituto auténticamente católico, es decir, universal y no vinculado a una sola nación», señala. «La fraternidad –añade- no significa eliminar las diferencias, sino aprender a convivir con ellas y apreciarlas, sin permitir que se conviertan en divisiones. La unidad no consiste en ser todos iguales, sino en aprender a amarnos en la diversidad».

La misma lógica se aplica al diálogo interreligioso. Dialogar no significa renunciar a la propia fe, sino «reconocer en el otro a una persona con la que construir relaciones de respeto, conocimiento y colaboración». La paz, el servicio a los pobres, la promoción de los jóvenes y la defensa de la dignidad humana son ámbitos en los que creyentes de distintas religiones pueden trabajar juntos. «El otro, el diferente de mí, no es un obstáculo para la misión, sino una persona con la que encontrarme. Y cuando realmente te encuentras con ella, descubres que tiene algo que enseñarte».

El padre Codianni vivirá en Italia la Jornada Mundial de las Misiones, el próximo 18 de octubre, participando en encuentros de sensibilización y de anuncio del Evangelio. Lo hará llevando consigo las experiencias y los rostros conocidos a lo largo de los años, tanto en el ejercicio de su servicio al frente del instituto como durante sus visitas a las distintas realidades misioneras. La celebración es «una oportunidad para recordar que la misión no pertenece al pasado ni se refiere únicamente a tierras lejanas: continúa allí donde una comunidad cristiana es capaz de generar encuentro, fraternidad y esperanza».

Actualmente, los Misioneros Combonianos son unos 1.450, entre sacerdotes y hermanos, y están presentes en más de 40 países de los cuatro continentes: África, América, Asia y Europa. Su labor abarca desde la primera evangelización hasta la formación, la educación y la sanidad, además de la promoción humana, la justicia y la paz, la ecología integral y la comunicación. Un servicio misionero que, siguiendo el carisma de san Daniel Comboni, une el anuncio del Evangelio a la cercanía concreta a las poblaciones, especialmente a las más vulnerables y olvidadas.
(Agencia Fides 15/10/2026)


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