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Adigrat (Agencia Fides) – Ha transcurrido casi un mes desde la reanudación de los combates en Etiopía, donde una alianza de grupos rebeldes liderada por el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) ha lanzado una nueva ofensiva, reavivando un conflicto que entre 2020 y 2022 provocó cientos de miles de víctimas.
Casi cuatro años después de la firma del acuerdo de paz de Pretoria, suscrito en noviembre de 2022 con el objetivo de poner fin a la devastadora guerra en el Tigray, en el norte de Etiopía (véase Agencia Fides, 3/11/2022), las nuevas hostilidades, ya señaladas en las últimas semanas, se están intensificando (véase Agencia Fides, 30/9/2026). El ejército federal etíope controla ahora gran parte del este y el centro del Tigray. Según fuentes locales, las fuerzas gubernamentales también han conquistado Zalambessa, una localidad de unos 15.000 habitantes situada en el lado etíope de la frontera con Eritrea.
«Como comunidad eclesial, vivimos bajo el peso de numerosas presiones, tensiones y preocupaciones. Pero, por la gracia de Dios, seguimos adelante. La situación no parece muy favorable. Sin embargo, en nuestros puestos avanzados todo está bajo control, mientras que en algunas ciudades se registran enfrentamientos esporádicos con armas de fuego». Así lo ha declarado a la Agencia Fides una fuente local que, por motivos de seguridad, ha pedido mantener el anonimato.
La reanudación de las hostilidades se produce en un contexto regional marcado por el creciente deterioro de las relaciones entre Etiopía y Eritrea. Tras décadas de conflicto, ambos países firmaron la paz en 2018. Durante la guerra del Tigray, Eritrea había apoyado al Gobierno federal etíope frente a las fuerzas del TPLF. Desde entonces, sin embargo, las relaciones entre Adís Abeba y Asmara han vuelto a deteriorarse. Uno de los principales motivos de tensión es el acceso de Etiopía al mar. Adís Abeba perdió el acceso directo a la costa tras la independencia de Eritrea en 1993, después de haberlo mantenido durante décadas. El Gobierno etíope considera recuperar ese acceso una cuestión estratégica y vital para el país, aunque reitera su voluntad de perseguir este objetivo mediante el diálogo y por vías pacíficas. La situación geográfica de ambos países aumenta aún más la importancia de esta disputa. El control de las zonas costeras del mar Rojo y de las rutas comerciales que atraviesan el estrecho de Bab el-Mandeb confiere a la región un peso geopolítico de primer orden.
Además de la reanudación de los combates, preocupa especialmente la situación humanitaria. Cientos de miles de personas desplazadas del oeste del Tigray todavía no han podido regresar a sus hogares, lo que mantiene inaccesible cerca del 44 % de las tierras agrícolas más fértiles de la región. En las zonas del noroeste, el centro y el este donde algunos agricultores han conseguido regresar, la población se ha encontrado con explotaciones agrícolas y comunidades profundamente devastadas por años de guerra. A esta situación se han sumado los efectos de las condiciones climáticas adversas. Las primeras lluvias de la temporada terminaron casi un mes antes de lo habitual, lo que perjudicó la germinación de las semillas y provocó que los cultivos se marchitaran en numerosos distritos. Por su parte, las lluvias necesarias para la cosecha de primavera llegaron con más de cinco semanas de retraso en las zonas orientales y meridionales, intercaladas en algunas áreas con periodos de sequía de más de un mes.
El balance agrícola es desolador: más de 252.500 hectáreas de cultivos han quedado destruidas, mientras que 140 distritos se encuentran en una situación calificada de catastrófica. Además, más de 3,5 millones de cabezas de ganado corren el riesgo de morir de hambre y enfermedades debido a la desaparición de los pastos estacionales y al agotamiento de las reservas de agua subterránea. La pérdida de la cosecha de septiembre y el desplome de la relación de intercambio entre ganado y cereales han agravado aún más la crisis. Según el informe humanitario de septiembre de la Comisión para la Gestión de Riesgos de Desastre del Tigray (DRMC), 3,9 millones de personas, más de la mitad de la población de la región, necesitaban asistencia alimentaria de emergencia inmediata. El riesgo de una nueva hambruna vuelve así a cernirse sobre el Tigray
La situación se ha vuelto todavía más dramática tras los acontecimientos registrados en Mekelle durante el primer fin de semana de octubre. Mientras las fuerzas federales avanzaban hacia la capital regional, las fuerzas de la coalición abandonaron los edificios administrativos y las comisarías de la ciudad. Durante unas 24 horas, Mekelle quedó sumida en un grave vacío de poder. Grupos armados, integrados, según la información disponible, en gran parte por presos liberados tras el abandono repentino de una cárcel cercana, asaltaron y saquearon edificios gubernamentales, oficinas de correos, galerías de arte e instalaciones dedicadas a la asistencia a la población.
Especialmente grave fue el saqueo de las infraestructuras destinadas a la respuesta humanitaria. Los grupos armados desvalijaron oficinas y almacenes de la DRMC, el organismo regional encargado de coordinar las operaciones de socorro y garantizar el suministro de bienes y servicios esenciales a la población.
(AP) (Agencia Fides 14/10/2026)