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Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Los mártires y testigos de nuestro tiempo son «uno de los mayores recursos de la Iglesia para anunciar el Evangelio en el mundo de hoy». Esta ha sido una de las ideas centrales del discurso dirigido por León XIV a los participantes en el congreso «El siglo XXI: ¿un nuevo tiempo de mártires?», organizado por la Comisión Nuevos Mártires - Testigos de la Fe, bajo la responsabilidad del Dicasterio para las Causas de los Santos.
Los testigos de la fe, ha subrayado el Pontífice, «no proponen una ideología, sino que muestran una fe vivida en la vida cotidiana». También en contextos culturales marcados por la indiferencia, la «santidad de la puerta de al lado» y el heroísmo silencioso pueden interpelar a todos, «incluso a los más desconfiados». Para poner de relieve esta fuerza evangelizadora, ha evocado a san Pablo VI, quien en la exhortación apostólica ‘Evangelii nuntiandi’ observaba que el hombre contemporáneo escucha con mayor gusto a los testigos que a los maestros y, cuando escucha a estos últimos, lo hace porque ellos mismos son también testigos.
El discurso del Obispo de Roma ha remarcado la denominación «testigos de la fe», que abarca una categoría más amplia que los mártires para los que está en curso una causa de beatificación o que ya figuran en el catálogo de los Beatos y los Santos.
La Comisión, creada por el Papa Francisco en 2023, tiene como misión recoger testimonios sobre quienes han perdido la vida por Cristo, independientemente del proceso canónico, para que su ejemplo no se pierda.
Esta distinción permite incluir también historias en las que las razones de la violencia no pueden atribuirse explícitamente al «odio a la fe». Muchos cristianos, ha recordado León XIV, son asesinados «por abuso de poder o por organizaciones criminales» porque se enfrentan a las injusticias en nombre del Evangelio. Su compromiso evangelizador los expone a la violencia en contextos históricos complejos que corresponde a la Comisión documentar.
Por ello, ha precisado el Papa, este trabajo, respaldado por el Dicasterio para las Causas de los Santos, tiene un carácter «historiográfico y divulgativo, no jurídico». La atención se centra más en las disposiciones interiores de la víctima que en las motivaciones del perseguidor: se considera su fidelidad a Cristo en el cumplimiento de su compromiso evangelizador, mantenida hasta la muerte. Recoger estas historias significa, por tanto, custodiar un testimonio sin confundir esta labor con el proceso canónico de reconocimiento del martirio.
León XIV ha situado estas vidas en el contexto de nuestro tiempo, «dominado por la cultura del poder, de la fuerza sin límites y por el desarrollo incesante de los sistemas de armamento». Precisamente en este escenario emerge el don que representan los nuevos testigos de la fe. Son hermanos y hermanas que han vivido en contextos geográficos, históricos y políticos diferentes y cuyas vidas -incluidas las circunstancias en las que les fue arrebatada la vida- han hecho perceptible el reflejo de la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte. En ellos, ha añadido el Pontífice, se manifiesta «el estilo del cristiano, que nunca busca la confrontación, sino que más bien la desactiva con la eficacia de la mansedumbre».
Citando la exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco, León XIV ha recordado que el discípulo puede entregar su vida hasta el martirio, pero «su sueño no es llenarse de enemigos»: desea más bien que la Palabra sea acogida y manifieste su fuerza liberadora y renovadora.
En la parte final, el Papa ha comparado a estos hermanos y hermanas con «estrellas que brillan en la oscuridad del egoísmo y la opresión» y que ayudan a la Iglesia a reflejar la luz de Cristo, señalando así a la humanidad el camino hacia la «civilización del amor».
(MLK) (Agencia Fides 16/9/2026)