ASIA/COREA DEL SUR - El obispo Kwak: La fe comienza siempre con un encuentro, también en la era de la inteligencia artificial

viernes, 4 septiembre 2026

por Pascale Rizk

Roma (Agencia Fides) – La fe en Jesús puede surgir siempre de un encuentro real, también en la era de la inteligencia artificial. Así lo sostiene Germanus Kwak Jin-Sang, obispo auxiliar de la diócesis surcoreana de Suwon. El obispo también confía en que los jóvenes que participen en la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl en 2027 puedan vivir encuentros significativos con las familias coreanas que los acogerán en sus hogares.
Nacido en Suwon, en la provincia de Gyeonggi, el 20 de diciembre de 1964, Germanus Kwak Jin-Sang ingresó en el seminario en 1983. En 1993 obtuvo la licenciatura en Teología en la Universidad Católica de Suwon y fue ordenado sacerdote el 2 de febrero de ese mismo año. Tras varios años de servicio pastoral en parroquias, continuó sus estudios en el Institut Catholique de Paris, donde obtuvo en 1999 la licenciatura en Teología pastoral y Catequesis y, en 2005, el doctorado en Teología sistemática. A lo largo de su ministerio ejerció como párroco y profesor del Seminario Mayor de la Universidad Católica de Suwon. Entre 2018 y 2022 fue rector de la Universidad Católica de Suwon. Nombrado obispo el 20 de diciembre de 2025, recibió la ordenación episcopal el 11 de febrero de 2026. Actualmente es obispo auxiliar de Suwon y vicario episcopal del Segundo Vicariato. Asimismo, desempeña diversas responsabilidades en la Conferencia de Obispos Católicos de Corea (CBCK), entre ellas la presidencia de la Comisión para la Bioética.
La Agencia Fides ha entrevistado a Germanus Kwak en Roma, adonde ha llegado para participar en el curso de formación para nuevos obispos organizado por el Dicasterio para la Evangelización. El curso comenzó el miércoles 2 de septiembre en el Pontificio Colegio Misionero de San Pedro Apóstol.

- Al volver la mirada a los orígenes de la Iglesia católica en Corea, ¿qué nos enseña hoy aquella experiencia inicial de una fe transmitida de persona a persona por los laicos? ¿Y de qué manera puede la herencia de los mártires, preservada a pesar de siglos de persecución, seguir inspirando a la Iglesia y a la sociedad contemporáneas?
- En los comienzos del cristianismo en Corea, la fe se transmitía a través del encuentro personal. En una sociedad profundamente jerarquizada, marcada por el confucianismo y por una rígida división de los roles sociales, esta forma de transmitir la fe resultaba profundamente innovadora. Los literatos y estudiosos que habían descubierto los textos cristianos comenzaron a acoger no solo a personas de su misma condición, sino también a pobres, sirvientes y marginados. Decirle a un sirviente: «Tú no eres mi siervo, eres mi hermano», o «eres mi hermana», suponía entonces una verdadera revolución. La convicción de que todos los seres humanos pertenecen a una única familia, independientemente de su condición social, mantiene toda su vigencia. Nos invita a reflexionar sobre un mundo que sigue marcado por conflictos, guerras, dominación y el deseo de poseer a los demás o de apropiarse de sus recursos. Hoy, esta cuestión adquiere una importancia particular ante el desarrollo de la inteligencia artificial…

-¿Cómo se plantea hoy esta cuestión?
- La Iglesia se pregunta con razón cómo preservar aquello que constituye el valor insustituible de la persona humana: su libertad, su experiencia concreta, su capacidad de experimentar alegría, tristeza, amor y sufrimiento, y de establecer relaciones auténticas.
La inteligencia artificial puede ser una herramienta útil, pero no debe llevarnos a confundir lo virtual con lo real ni a aceptar una falsificación de la realidad humana. Volver a reconocer la dignidad de cada persona significa, por tanto, recordar que la fe, al igual que la vida social, comienza siempre con un encuentro auténtico con el otro.

- En la sociedad contemporánea, las redes sociales y sus algoritmos pueden crear a veces la ilusión de un encuentro, cuando en realidad favorecen con frecuencia contactos fugaces mediados por una pantalla. ¿Puede influir de algún modo esta ilusión también en la labor misionera?
- El encuentro con Dios se realiza esencialmente en una relación viva: en el encuentro con el otro, ante el Santísimo Sacramento y en la experiencia concreta de la vida cotidiana. Por eso, la Iglesia se encuentra hoy ante un desafío que puede ser también una oportunidad. Por un lado, puede y debe utilizar los medios de comunicación actuales para llegar a las personas allí donde están, también en las redes sociales. Estas herramientas pueden despertar el interés, suscitar curiosidad y abrir una primera puerta hacia la fe.
Por otro lado, es fundamental preservar aquello que no debe desvirtuarse ni perderse: la profundidad de la experiencia espiritual, la realidad del encuentro con Cristo y el carácter insustituible de la liturgia.
La liturgia es, en efecto, un lugar privilegiado para transmitir la fe. No es solo un momento en el que se escucha una enseñanza o se celebra una tradición ya conocida. También permite ver, vivir y encontrarse con la realidad de Cristo. Este encuentro puede tocar a una persona, transformarla interiormente y acompañarla después también fuera de las paredes de la iglesia.
Los formatos breves y las redes sociales pueden ser útiles para despertar el interés o recordar la importancia de la fe. Pero, por ejemplo, no pueden sustituir la experiencia litúrgica. Si una persona pasa directamente de un vídeo breve y espectacular a una celebración cuya profundidad y ritmo no comprende, puede sentirse confundida e incluso experimentar cierto distanciamiento.
Por eso es necesario acompañar esta transición y mostrar que la liturgia ofrece una experiencia diferente de la que se vive ante una pantalla.

- En su opinión, ¿cómo se explica el éxito de ciertas formas de presentar el cristianismo según los modos propios de los movimientos evangélicos?
- En el contexto coreano, los movimientos evangélicos protestantes saben llegar a las personas de manera directa y cercana. Apelan profundamente a las emociones: la alegría, la tristeza, las necesidades y el consuelo. Y los coreanos, en general, son muy receptivos a esta dimensión afectiva y expresiva.
Algunas personas, después de participar durante un tiempo en comunidades evangélicas, se distancian de ellas o regresan ocasionalmente a la Iglesia católica. Otras, en cambio, consideran a veces que las celebraciones católicas son demasiado «tranquilas», demasiado tradicionales o incluso «aburridas» en comparación con cultos más expresivos y dinámicos. No debemos ignorar esta percepción, pero, sobre todo, nos invita a reflexionar sobre el significado profundo de la liturgia y de la fe.
Mi etapa de estudios en Francia me llevó, en un primer momento, a redescubrir la importancia de la razón en relación con la fe. Fue una etapa esencial: la fe no se opone a la razón ni exige renunciar a la reflexión. Al contrario, acoge la razón y la lleva a su plenitud, al mismo tiempo que abre a una realidad más amplia: el misterio de Dios, del ser humano y de la vida.
Esta convicción ha marcado mi ministerio sacerdotal, especialmente cuando ejercí mi servicio en una parroquia del barrio de Seopangyo, donde vivían numerosos médicos, ingenieros, académicos y otros profesionales muy vinculados a un enfoque racional de la realidad. En mis homilías trataba de partir de sus preguntas, de su manera de razonar y de las cuestiones concretas que la realidad les planteaba.
No se trataba de presentarles la fe como una idea abstracta ni como una respuesta que dejara de lado la inteligencia. Se trataba de mostrar que la propia razón conduce a veces a preguntas que permanecen abiertas y a las que no es posible responder de manera exhaustiva.

- En el trasfondo de la cultura coreana, que determina en gran medida las normas de convivencia, se subrayan las diferencias entre las clases sociales y entre las generaciones. En los testimonios recogidos entre misioneros coreanos y miembros de la diáspora coreana, la relación entre generaciones ha tenido un fuerte impacto en la transmisión -o en la falta de transmisión- de la fe. En su opinión, ¿cómo pueden las parroquias y las diócesis ayudar a los jóvenes a vivir concretamente esta comunión con las demás generaciones?
- Como hijo de la Iglesia de Corea del Sur, quisiera subrayar una prioridad fundamental: la dimensión intergeneracional de la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud. Este acontecimiento no debe considerarse una iniciativa reservada a los jóvenes. La JMJ concierne a toda la Iglesia y puede convertirse en una ocasión para renovar la fe de cada generación. Los jóvenes, incluidos los que lleguen del extranjero, traerán su entusiasmo, su cultura, su manera de rezar y su testimonio. Los mayores, por su parte, pueden ofrecer sus hogares. Actualmente se celebran encuentros periódicos para explicar a las familias cómo pueden contribuir.
A las personas mayores les preocupa la diferencia de edad o su limitado conocimiento de lenguas extranjeras. Pero yo sigo diciéndoles: «Ofrezcan una habitación, un lugar donde acogerlos, y los jóvenes se comunicarán con ustedes gracias a las aplicaciones de traducción».
Uno de los aspectos más importantes de esta preparación es la acogida en familia, el llamado homestay, especialmente durante la parte diocesana del acontecimiento. Los eventos culturales, el K-pop, los conciertos y las iniciativas relacionadas con la cultura coreana pueden resultar muy atractivos. Pero la experiencia más profunda no surgirá únicamente de estas actividades. Nacerá, sobre todo, del tiempo compartido en un hogar, dentro de una familia, en una relación cotidiana sencilla y auténtica.
Lo más importante es abrir la propia puerta y ofrecer lo esencial: una habitación, una cama, unas sábanas, una manta y una presencia acogedora. En la cultura coreana, la hospitalidad es una gran virtud, pero a veces puede convertirse en una fuente de preocupación. Se piensa que hay que limpiar toda la casa, cocinar en abundancia y preparar numerosos platos, como arroz, japchae ( 잡채) o bulgogi (불고기). Sin embargo, basta con ofrecer una hospitalidad sencilla.
Esta invitación cobra aún más sentido en una sociedad cada vez más individualizada. En Corea, donde muchas personas viven en edificios de apartamentos con sistemas de seguridad, el acceso a los edificios y a las viviendas suele estar protegido mediante códigos, puertas cerradas y distintos controles. Ya no resulta tan natural entrar en casa de un vecino o invitar espontáneamente a alguien al propio hogar. La JMJ puede ser, por tanto, una oportunidad para volver a abrir simbólicamente las puertas, superar el miedo a lo desconocido y recuperar el sentido de la hospitalidad. No se trata de renunciar a las precauciones necesarias, sino de atreverse a confiar.

-Las estadísticas indican que las nuevas generaciones son menos favorables a la reconciliación con Corea del Norte y se refieren más bien al bienestar económico alcanzado por Corea del Sur, que no están dispuestas a compartir con el Norte. ¿Qué revela esta actitud?
-En Corea existen ya numerosas iniciativas en favor de la reconciliación, la unidad y la paz. Sin embargo, más allá de las estructuras y los actos oficiales, para muchos jóvenes la guerra de Corea y sus consecuencias no forman parte de su experiencia directa. A diferencia de sus padres o abuelos, no han conocido necesariamente en su entorno a personas desaparecidas, familias separadas o víctimas directas del conflicto. La reconciliación con Corea del Norte puede parecerles, por tanto, algo lejano, abstracto o sin una relación evidente con su vida cotidiana. No se trata de una falta de sensibilidad, sino de una brecha generacional.
Por eso es necesario replantear el lenguaje y los caminos de la reconciliación a partir de esta nueva generación. La paz no debe presentarse únicamente como una herencia del pasado ni como una cuestión exclusivamente política o económica. En una sociedad en la que el individualismo, la competencia y las preocupaciones económicas ocupan un lugar importante, el desafío consiste en recordar que la vida humana no puede reducirse al éxito material ni a los intereses inmediatos. (Agencia Fides 4/9/2026)


Compartir: