ASIA/FILIPINAS - Padre Sebastiano D’Ambra: “El diálogo viene de Dios y conduce a Dios. Este ha sido el hilo conductor de toda mi vida misionera”

sábado, 11 julio 2026

Silsilah

El padre D'Ambra (derecha) con miembros del movimiento Silsilah

Zamboanga (Agencia Fides) – «No es fácil hacer un balance de 60 años de vida misionera. Solo puedo contar lo que llevo en el corazón, aquello que el Señor me ha permitido vivir. Puedo decir qué ha significado y qué significa para mí el compromiso y el camino del diálogo islamo-cristiano: crecer juntos en el espíritu, recorrer juntos el camino que conduce a Dios». A pocas semanas del 60º aniversario de su ordenación sacerdotal, celebrado el 25 de junio de 2026, y recordando sus cincuenta años de misión en el sur de Filipinas, el padre Sebastiano D’Ambra, misionero de 84 años del Pontificio Instituto Misiones Extranjeras (PIME), repasa en una entrevista con la Agencia Fides el camino que lo ha llevado a convertirse en uno de los principales testigos del diálogo entre cristianos y musulmanes en la isla de Mindanao, donde continúa viviendo, en la ciudad de Zamboanga.

Nacido en Aci Trezza, Sicilia, después de sus estudios en el seminario de Acireale eligió ingresar en el PIME. Ordenado sacerdote en 1966, pasó los primeros años dedicado a la animación misionera. Pero ya entonces, recuerda, junto con sus hermanos de congregación, los padres Salvatore Carzedda y Antimo Villano, iba madurando un sueño: «Estábamos a comienzos de los años setenta y deseábamos emprender lo que en aquel tiempo, en el clima del Concilio Vaticano II, se llamaban las “nuevas vías de la misión”. No queríamos limitarnos a hablar de la misión: queríamos vivirla, ofrecer un testimonio concreto».

Ese sueño tomó forma en 1977, cuando el PIME los envió a Filipinas, eligiendo una de las fronteras más delicadas de la misión: el diálogo interreligioso. El padre D’Ambra fue destinado a Siocon, en la isla de Mindanao, al sur del archipiélago. Era un periodo marcado por la ley marcial impuesta en Filipinas por el régimen de Ferdinand Marcos, el conflicto armado y la presencia de movimientos rebeldes musulmanes. «Cuando llegamos había violencia. Intenté comprender cuáles eran los signos de Dios en aquella situación», recuerda a Fides. Por ello, en una experiencia pionera, decidió vivir solo en un pueblo musulmán. Aquella experiencia cambiaría para siempre su manera de entender la misión: «Allí el Señor me hizo comprender lo que se convirtió en el mensaje central de toda mi vida misionera: el diálogo viene de Dios y conduce a Dios».

De aquella intuición espiritual nació el movimiento Silsilah, palabra árabe que significa «cadena». Una cadena que, explica el misionero, no indica solamente el vínculo entre personas de distintas religiones: «Generalmente el diálogo con los musulmanes se entiende como una colaboración en ámbitos concretos. Para nosotros es algo mucho más profundo: es una cadena espiritual que une a cristianos y musulmanes con Dios. De esta relación nace la fraternidad entre nosotros».

Sin embargo, el camino del movimiento no estuvo exento de dificultades, obstáculos y pruebas. En 1981 un atentado acabó con la vida de uno de sus colaboradores filipinos. Sus superiores le pidieron que abandonara temporalmente Mindanao y regresara a Roma. «Fue un tiempo de gracia», recuerda. En la capital italiana estudió en el PISAI (Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islámicos), profundizando en el conocimiento de la lengua árabe y del islam. «Pude consolidar la reflexión sobre la dimensión espiritual y sobre los fundamentos del diálogo interreligioso», señala.

La prueba más dura llegó en 1992, cuando el padre Salvatore Carzedda, también misionero del PIME, fue asesinado en Zamboanga City en un atentado perpetrado por extremistas islámicos. «Muchos decían que era mejor cerrar todo, abandonar el camino. Pero, después de un profundo discernimiento espiritual, elegimos otra palabra: “Padayon”, que significa “sigamos adelante”. Si esta obra era de Dios, Él mismo la sostendría». Aquella decisión marcó un punto de inflexión. El movimiento Silsilah continuó creciendo y dio origen a nuevas iniciativas como Harmony Village, un lugar de formación, encuentro y convivencia entre cristianos y musulmanes.

Con el paso de los años, el padre D’Ambra fue llamado también a ejercer como secretario nacional para el diálogo interreligioso de la Conferencia Episcopal de Filipinas, contribuyendo a difundir en todo el país la reflexión nacida de la experiencia de Silsilah. Del movimiento surgió asimismo una comunidad específicamente católica, Emmaus Dialogue Movement, reconocida por los obispos filipinos, que reúne a consagrados, laicos y familias llamados a vivir el diálogo como una auténtica vocación cristiana.

La última etapa de este largo recorrido es el Emmaus College of Theology, inaugurado hace cinco años, donde jóvenes procedentes de diferentes realidades siguen un curso de teología de cuatro años con especialización en diálogo interreligioso, obteniendo un título académico reconocido por el Estado. «El objetivo es continuar formando misioneros del diálogo. No se trata simplemente de aprender a convivir, sino de vivir una espiritualidad del diálogo», explica a Fides.

Hoy las comunidades musulmanas que participan en el camino de Silsilah están presentes sobre todo en los barrios más pobres de Zamboanga y la misión se ha extendido también a la isla de Basilan. Son numerosos los religiosos y fieles que, tras haber conocido y frecuentado Silsilah, llevan ese espíritu a las diócesis del territorio filipino y también a otras partes del mundo.

Al mirar sus 60 años de sacerdocio y sus 50 años de misión en Filipinas, el padre D’Ambra no pone en primer plano los resultados alcanzados, sino la fidelidad de Dios: «Doy gracias al Señor porque siempre me ha guiado. He aprendido que somos conducidos por Él en todo lo que hacemos. Todo lo que somos y hacemos es un signo de esperanza para el Evangelio, es una obra para comunicar su amor». Con humildad reconoce que la obra realizada durante estas décadas «ha contribuido a dejar en Filipinas una orientación espiritual sobre el diálogo, un camino que viene de Dios y conduce a Dios». Recuerda así los cuatro aspectos interconectados de la «espiritualidad del diálogo» que se cultivan en Silsilah: diálogo con Dios; diálogo con uno mismo; diálogo con el prójimo; diálogo con la creación.

El misionero quiere aclarar un punto esencial: «Una vez un obispo me dijo: en Mindanao el diálogo es necesario porque hay cristianos y musulmanes; pero en mi diócesis no sirve, porque no tenemos musulmanes. Creo que este no es el enfoque correcto. El diálogo no es una estrategia, no es una herramienta para gestionar las relaciones con otras religiones. Significa crecer juntos en el espíritu, recorrer juntos el camino que conduce a Dios. De ahí nacen la fraternidad, la convivencia y la paz». Esta es, afirma, la herencia que desea entregar a las nuevas generaciones, mientras otras personas se preparan para guiar el movimiento: «Pongo toda esta obra en las manos de Dios, porque es un proyecto suyo. Hace años escribí un libro titulado ‘A Call to a Dream’, el sueño de la convivencia pacífica; después publicamos la recopilación ‘Dreaming Together’. Espero que, con la gracia de Dios, podamos seguir soñando juntos».
(PA) (Agencia Fides 11/7/2026)


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