Por Paolo Affatato
Vientiane (Agencia Fides) – La Iglesia católica en Laos atraviesa una fase de transición delicada pero prometedora, marcada por el “relevo” entre la generación de pastores que guiaron a la comunidad eclesial en las décadas más difíciles y una nueva generación de obispos, sacerdotes y laicos llamada a recoger su legado. Así lo relata a la Agencia Fides el jesuita español padre Enrique Figaredo Alvargonzález SJ, prefecto apostólico de Battambang (Camboya) y presidente de la Conferencia Episcopal de Laos y Camboya (CELAC). La comunidad católica en Laos cuenta con unos 50.000 fieles -menos del 1% de la población nacional- distribuidos en cuatro vicariatos apostólicos. La Iglesia local está servida por unos cincuenta sacerdotes, tres obispos, numerosos catequistas y religiosas que sostienen la vida pastoral en comunidades dispersas en zonas remotas.
“En Laos estamos viviendo el paso a una nueva generación”, señala a Fides el padre Figaredo. “También en la Iglesia hay una nueva generación de obispos y sacerdotes. Los mayores, como el cardenal Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, ya no pueden ejercer plenamente su ministerio. Se abre así un nuevo capítulo, en clave de esperanza”.
Según el misionero jesuita, la generación anterior -formada antes del régimen comunista- pudo estudiar en el extranjero y enriquecerse en el intercambio con otras Iglesias y con los misioneros. Tras la llegada al poder del Pathet Lao y la proclamación de la República Democrática Popular de Laos (1975–1976), el país cerró sus fronteras y expulsó a los misioneros. Hoy, el personal eclesial es mayoritariamente local y con menos oportunidades de formación internacional, aunque algunos obispos han estudiado fuera, como mons. Andrew Souksavath Nouane Asa, que se ha formado en Canadá, o mons. Anthony Adoun Hongsaphong, que ha vivido en Suiza.
“La nueva generación -explica el presidente de la CELAC- no posee la misma riqueza de experiencias que existía cuando estaban los misioneros. Sin embargo, precisamente en la pobreza de recursos emerge una gran creatividad”.
Uno de los rasgos más visibles de la Iglesia laosiana es el protagonismo de los laicos, “que asumen responsabilidades en parroquias, acompañamiento comunitario y formación en seminarios menores. Su ayuda es fundamental”.
Entre las iniciativas destacadas figura la del obispo Andrew Souksavath, que ha enviado jóvenes a Filipinas para programas de liderazgo. “Es un ejemplo concreto de creatividad pastoral”, afirma Figaredo. Sin embargo, muchos jóvenes formados por la Iglesia emigran luego a Tailandia en busca de trabajo, en un contexto donde la economía depende sobre todo de la agricultura y un turismo en crecimiento. Aunque en los últimos años han llegado inversiones extranjeras, especialmente de China, los beneficios no siempre alcanzan a la población local. “Se habla de modernización, pero todo sigue muy controlado por el gobierno y no existe plena libertad”, señala el misionero. “A pesar de ello, la Iglesia logra desenvolverse dentro de este marco con prudencia y sabiduría.”
La vida eclesial continúa con discreción y perseverancia: “sacerdotes y obispos administran sacramentos, acompañan a los fieles y mantienen viva la de en las comunidades pequeñas. Deben cumplir numerosos trámites administrativos ante las autoridades. Es exigente, pero lo hacen con paciencia”, dice Figaredo.
Lo que más le llama la atención es la serenidad de los fieles: “Los católicos laosianos tienen paz en el corazón. Viven su fe con alegría a pesar de las dificultades. Tienen una fe profunda y permanecen fieles a Cristo y a su misión.”
Esta vitalidad también se manifiesta en la labor de evangelización. La pastoral se desarrolla mediante visitas a aldeas remotas, donde las comunidades católicas son pequeñas. La entrada en estos lugares requiere autorización previa de las autoridades. “Entrar en los pueblos no es sencillo”, relata Figaredo. “Hay que informar previamente a las autoridades y, a menudo, los funcionarios piden explicaciones sobre las actividades que se realizan”. Aun así, continúan bautismos y conversiones, incluso de familias enteras procedentes de tradiciones animistas.
El padre Figaredo recuerda en particular el compromiso de monseñor Jean Khamsé Vithavong (1942–2024), obispo católico perteneciente a la congregación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, quien hasta los últimos días de su vida se dedicó a acoger a nuevos bautizados y nuevas comunidades en la Iglesia. “La dificultad posterior es el registro oficial de los nuevos católicos. El gobierno permite la adhesión a la Iglesia, pero los procedimientos de reconocimiento son largos y complejos”.
Un gran signo de esperanza para la Iglesia en Laos ha sido la ordenación sacerdotal, en abril de 2026, de los dos primeros religiosos redentoristas laosianos, el padre Peter Gnantina Phiakeo y el padre Philip Nouy Kamhou: “Esto infunde confianza en el futuro porque surgen y llegan a su plenitud vocaciones al sacerdocio autóctonas”, señala. Los dos nuevos sacerdotes realizaron su formación entre Laos, Tailandia, Filipinas y Australia, gracias al apoyo de la Provincia Redentorista de Tailandia. Así, “aportan una experiencia internacional y una formación que podrá ayudar a la Iglesia local a afrontar los desafíos futuros”, destaca el jesuita.
Un importante signo de aliento llegó recientemente también del encuentro con el Papa León XIV, durante la visita ad limina apostolorum realizada por los obispos de Laos y Camboya: “Los obispos laosianos regresaron muy felices. Pudieron compartir con el Papa la realidad de Laos, que a menudo es difícil de expresar abiertamente debido a su complejidad”.
De cara al futuro, el presidente de la CELAC ve señales positivas tanto en la Iglesia como en la sociedad. “La Iglesia en Laos sigue avanzando con paciencia y a pequeños pasos. Las cosas se están moviendo y el tiempo está de nuestra parte. Está emergiendo una nueva generación que participa cada vez más activamente en la vida eclesial y pública”.
También en el plano político, observa que algunos jóvenes miembros del nuevo Parlamento parecen orientarse hacia una mayor apertura al mundo exterior y una visión distinta a la del pasado. “Albergamos esperanza en una renovación general impulsada por las nuevas generaciones”.
También se presta especial atención a los jóvenes. Una delegación de jóvenes procedentes de Laos y Camboya participará en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Corea del Sur en 2027. Mientras que para los jóvenes camboyanos los trámites administrativos resultan más sencillos, los laosianos deben afrontar mayores dificultades relacionadas con los visados y los costes del viaje. “Gracias al apoyo de las comunidades coreanas y de otros países asiáticos, un pequeño grupo de jóvenes laosianos podrá estar presente”, señala Figaredo. “Para quienes permanezcan en el país, celebraremos la JMJ a nivel local”.
En la vida cotidiana de la Iglesia laosiana, concluye el misionero, emerge cada vez más el valor de la vida cristiana ordinaria: “Los fieles no buscan ni realizan cosas extraordinarias. Desean poder participar en la misa, seguir el catecismo y vivir en comunidad. Las cosas simples y esenciales son las que realmente importan. La Iglesia en Laos nos enseña y nos devuelve a la esencia de la vida cristiana”.
En este camino, Laos y Camboya siguen reforzando sus vínculos eclesiales. “Entre nuestras Iglesias existe un clima de fraternidad y cooperación. Nos sentimos cercanos unos a otros. En cuanto es posible nos reunimos, pasamos tiempo juntos, dialogamos y compartimos nuestras experiencias”. Es también de esta comunión de donde la Iglesia de Laos saca la fuerza para continuar su camino, con confianza y esperanza.
(Agencia Fides 17/6/2026)