ASIA/BRUNÉI - “Con fe y cercanía, rezando por las vocaciones locales, somos felices”: la vida de los católicos en la monarquía islámica

lunes, 25 mayo 2026

Vicariato Apostolico del Brunei

Bandar Seri Begawan (Agencia Fides) – En el pequeño Sultanato de Brunéi, situado en la parte noroccidental de la isla de Borneo, hay tres iglesias católicas y únicamente tres sacerdotes, todos nacidos en el país, ya que solo los ciudadanos locales pueden asumir responsabilidades pastorales y dirigir una parroquia. Son ellos quienes mantienen encendida la pequeña llama de la fe y guían a la comunidad creyente en un Estado, el Brunéi Darussalam, donde el islam es la religión oficial según establece la Constitución, el sultán es el jefe del Estado, el islam ocupa un lugar central en la vida social y la ley islámica (la sharía) regula la vida cotidiana, aunque solo se aplica a la población musulmana. «No tenemos religiosas ni religiosos y tampoco pueden venir misioneros, porque el gobierno solo permite sacerdotes locales. Hace dos meses celebramos una ordenación diaconal: ha sido una gran gracia de Dios para nosotros porque, si todo sigue su curso, en septiembre tendremos una ordenación sacerdotal y, por tanto, el regalo de un nuevo sacerdote para la pastoral», explica en conversación con la Agencia Fides el padre Robert Leong Soon Choi, sacerdote local y párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Inmaculada en Bandar Seri Begawan, actualmente Administrador Apostólico del Vicariato Apostólico de Brunéi.

La presencia católica en esta parte de Borneo hunde sus raíces en la labor de la Sociedad Misionera de San José (los Misioneros de Mill Hill), mientras que la fe cristiana llegó por primera vez a Brunéi con los misioneros españoles procedentes de Filipinas en el siglo XVI. Más recientemente, en 1998, la Santa Sede creó una Prefectura Apostólica, elevada a Vicariato Apostólico en 2004.

El padre Leong añade: «Tenemos además otro seminarista de nuestra comunidad, que estudia en Singapur, y una religiosa en formación en las Franciscan Sisters of the Immaculate Conception (FSIC). Seguimos rezando por las vocaciones autóctonas y pedimos a Dios que envíe obreros a su mies. En estos pequeños pasos de esperanza está el futuro de nuestra comunidad». La comunidad católica cuenta con unos 14.000 fieles, de los cuales entre el 60 y el 70 % son inmigrantes, sobre todo filipinos, que han llegado al país para trabajar. Brunéi tiene una población de unos 450.000 habitantes: más del 70% son malayos, alrededor del 10% chinos y el resto pertenece a pueblos indígenas como los dusun, iban o kedayan. A nivel religioso, el 82% de la población profesa el islam; el 6,7%, el cristianismo -entre católicos y anglicanos, las dos Iglesias reconocidas oficialmente-; el 6,3%, el budismo, muy presente entre la comunidad china; y el resto mantiene cultos tradicionales indígenas.

La Iglesia católica vive en un contexto «en el que respetamos limitaciones y normas: por ejemplo, podemos practicar libremente nuestra fe y realizar catequesis y actividades dentro de las iglesias, pero no fuera. Los fieles participan mucho: siempre hay gran asistencia a la misa dominical, a las celebraciones religiosas y a las actividades pastorales. Somos una comunidad pequeña que vive su fe con sencillez y serenidad, dentro de lo que permite el marco constitucional, y con una fe muy viva», explica.

«A pesar de la diversidad de nuestros orígenes culturales, formamos una comunidad unida en torno a la Palabra de Dios y los sacramentos», señala. «No podemos expandirnos ni hacer evangelización. Tampoco podemos construir nuevas iglesias ni ampliar las que ya existen», recuerda. Sin embargo, «no vivimos desanimados: nuestro lema, que pertenecía al cardenal Cornelius Sim y que después se convirtió en el lema del Vicariato, es Duc in Altum, es decir, la invitación de Jesús a remar mar adentro, a vivir la fe en un contexto musulmán y testimoniarla a través del servicio a todas las personas, especialmente a los jóvenes y a los migrantes».

El Administrador Apostólico explica también que «las relaciones de la Iglesia con el gobierno son estables. A veces nos invitan a encuentros interreligiosos. El gobierno quiere mostrar, de algún modo, que es abierto y acogedor, y que permite vivir a la comunidad católica dentro del Estado».
El Vicariato Apostólico gestiona tres escuelas, de primaria y secundaria: la St. George’s School en la capital, fundada en 1937; la St. Angela’s School y la St. John’s School. En total suman unos 2.000 alumnos, en su mayoría musulmanes, y desarrollan una importante labor educativa y de transmisión de valores que contribuyen al desarrollo de la sociedad.

«Brunéi es un país feliz y pacífico», afirma el padre Leong. «La población no paga ni por la educación ni por la atención sanitaria. No tenemos impuestos, ni tampoco impuesto sobre la renta». De hecho, Brunéi Darussalam significa literalmente «Estado de Brunéi, morada de la paz». Y los bautizados -en este pequeño sultanato que el cardenal Cornelius Sim (1951-2021), primer vicario apostólico y primer cardenal de Brunéi creado por el papa Papa Francisco, definía como “una periferia en la periferia”- viven el día a día «con discreción, con espíritu de paz, concordia y benevolencia hacia todos». «Por eso», concluye el padre Leong, «la gente nos aprecia, no tenemos problemas de convivencia y no sufrimos hostilidad ni violencia. Hemos encontrado nuestra manera de sacar adelante a la comunidad y, con la gracia de Dios, lo conseguimos. Quiero decirlo claramente: somos felices».
(PA) (Agencia Fides 25/5/2026)


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