Crecen las vocaciones en África y Asia, alimentadas por la fe del Pueblo de Dios

sábado, 25 abril 2026 sacerdotes   seminaristas   seminarios   religiosas   vocaciones   obras misionales pontificias  

Por el padre Guy Bognon*

Publicamos un elaborado aporte preparado por el padre Guy Bognon, secretario general de la Pontificia Obra de San Pedro Apóstol (POSPA), con motivo de la 63ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2026 (domingo 26 de abril de 2026).

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Roma (Agencia Fides) – La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, instituida por el papa Pablo VI y celebrada oficialmente por primera vez el domingo 12 de abril de 1964, se conmemora este año el 26 de abril, cuarto domingo de Pascua, conocido como «Domingo del Buen Pastor».
Esta jornada especial de oración por las vocaciones mantiene un vínculo particular y muy estrecho con la Pontificia Obra de San Pedro Apóstol, que se dedica exclusivamente a las vocaciones sacerdotales y religiosas en los territorios bajo la competencia del Dicasterio para la Evangelización, Sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares.

1. La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, ¿de qué se trata?

Como muchas palabras que se vacían de su significado original hasta tranquilizar las conciencias, el término «vocación» se entiende cada vez más en su sentido genérico de inclinación o impulso particular, casi irresistible, que una persona experimenta hacia una profesión, una actividad o un estado de vida.
En consecuencia, se observa una creciente tendencia a convertir esta jornada en un día de oración por cualquier tipo de estado de vida, por toda forma de vocación.
Sin embargo, si se vuelve al contexto en el que surgió esta iniciativa de Pablo VI, queda claro que no se trataba propiamente de rezar para que las personas descubrieran o abrazaran la vocación de historiador, novelista, comerciante o pintor, ni tampoco para que muchos jóvenes eligieran la vida matrimonial, como esposos y esposas, padres y madres en la sociedad, ya que en ese ámbito no existía ninguna escasez.
Aunque el término «vocación» puede asumir estos significados, cuando se habla de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, la Iglesia entiende esta expresión en su sentido más propio: como un movimiento interior por el cual la persona se siente llamada por Dios y destinada a la vida consagrada, sacerdotal o religiosa. El objetivo de esta jornada era, por tanto, ante todo, rezar para que muchas personas, especialmente los jóvenes, decidieran comprometerse a ser sacerdotes, religiosas y religiosos, anunciando a Cristo con toda su vida.
De hecho, con motivo de la primera Jornada de oración por las vocaciones, el mensaje inaugural del Papa Pablo VI, el sábado 11 de abril de 1964, comenzaba con estas palabras que retoman la invitación de Cristo: «Rogad al Señor de la mies que envíe obreros» para su Iglesia (cf. Mt 9, 38). La razón de esta exhortación era clara: «Al contemplar con preocupación la inmensa extensión de campos que, en todo el mundo, esperan manos sacerdotales, esta súplica sincera brota del alma hacia el Señor, conforme a la recomendación de Cristo».
Esta llamada del Papa, que retoma las mismas palabras de Cristo, nacía de una constatación preocupante: la falta de pastores y de personas plenamente entregadas a las múltiples exigencias pastorales en el ámbito de la misión evangelizadora. Precisamente por ello, en aquel primer mensaje, esa jornada fue definida como «Jornada Mundial de Oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas».
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Esta invitación a la oración está dirigida a todos los miembros del Pueblo de Dios, y la oración que se propone se hace en favor de todos ellos, para que cada uno, según sus posibilidades y su propio papel, contribuya al surgimiento y florecimiento de las vocaciones sacerdotales y religiosas.
La oración a la que todo el Pueblo de Dios es llamado de manera especial en el Domingo del Buen Pastor debe prolongarse en las devociones cotidianas u ordinarias, ya que en todo lugar y en todo momento se percibe de forma renovada la necesidad de pastores. Estas oraciones y prácticas de piedad no dejan de dar fruto.
Al ocuparse de la formación del clero local mediante el apoyo a los seminarios diocesanos e interdiocesanos y a las casas de formación religiosa en los territorios de misión, la Pontificia Obra de San Pedro Apóstol constata cada año el aumento del número de seminaristas y novicios que deciden abrazar la vida sacerdotal y religiosa.
Tomando como ejemplo los datos del año académico 2023-2024 (778 seminarios con 82.859 seminaristas) y los del año académico 2024-2025 (801 seminarios con 88.156 seminaristas), la diferencia es de 23 seminarios y 5.297 seminaristas adicionales.
Hay muchas explicaciones que ayudan a justificar el aumento anual del número de seminarios y seminaristas.

2. Algunas razones evidentes del aumento de las vocaciones sacerdotales

En general, y desde el punto de vista de la fe, se puede afirmar que el aumento del número de vocaciones sacerdotales y religiosas es el signo tangible de que el Señor escucha las oraciones de su pueblo, que clama a Él por sus necesidades, cumpliendo al mismo tiempo su propia parte de responsabilidad. En efecto, como dice muy bien el santo Papa Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis, «el don de Dios no destruye la libertad del hombre, sino que la suscita, la desarrolla y la exige. Por lo tanto, en la Iglesia, la confianza total en la fidelidad incondicional de Dios a su promesa va de la mano con la gran responsabilidad de cooperar con la acción de Dios que llama, de contribuir a crear y mantener las condiciones en las que la buena semilla, sembrada por Dios, pueda echar raíces y dar frutos abundantes». Estas condiciones, en cierta medida, constituyen probablemente el terreno fértil que hace surgir vocaciones sacerdotales y religiosas en algunos países donde la lógica humana menos lo esperaría.

- Según lo que refieren los formadores en las casas de formación, los ambientes de procedencia de los jóvenes que llegan a los seminarios son a menudo ambientes modestos, de familias sencillas y de humildes condiciones económicas. Algunos de estos jóvenes experimentan la indigencia, volviéndose sensibles al sufrimiento de los necesitados, de los enfermos, de quienes no tienen voz, de los abandonados, de los humillados, y sintiendo en lo profundo de sí la llamada a consagrar su vida al servicio de aquellos para quienes nadie tiene tiempo. Habiendo experimentado el dolor de situaciones difíciles, han adquirido la capacidad del silencio, de la reflexión, de la cultura personal, de la vida espiritual y de la oración. Están más dispuestos a escuchar la llamada discreta y delicada de Dios que pide su disponibilidad.

- Los ambientes en los que abundan las vocaciones son lugares en los que la fe se vive con fervor. Para tener sacerdotes o consagrados, hacen falta sobre todo cristianos. Las numerosas vocaciones son el fruto de la vitalidad de una fe vivida con alegría, sin complejos, sin falsa vergüenza; con la práctica regular y entusiasta de los sacramentos del bautismo, la comunión, la confirmación, la reconciliación y el matrimonio según las normas de la Iglesia.

- Las vocaciones provienen de ambientes en los que se siguen las enseñanzas de la Iglesia católica sin escoger solo aquello que más gusta, aquello que tranquiliza, rechazando con extrema facilidad y sin escrúpulos lo que se considera difícil, duro o superado.

- Se trata de lugares en los que los agentes pastorales, los sacerdotes, los religiosos, las religiosas e incluso los fieles laicos se comunican fácilmente con los jóvenes a través de diversos proyectos pastorales y de una enseñanza catequética rigurosa; lugares en los que los jóvenes tienen la certeza de que la experiencia en la Iglesia no limita su libertad, sino que más bien la enriquece y contribuye a realizarla más plenamente.

- Se trata de parroquias o diócesis en las que la pastoral vocacional, sin excesivas complicaciones intelectualistas ni abstractas, está estructurada y organizada en la sencillez de las realidades locales para acompañar asiduamente a los jóvenes en su búsqueda de la voluntad de Dios sobre su vida, con rigor y amor. Esto pone de manifiesto que incluso en estos países de misión, donde las vocaciones suelen ser numerosas, se observa su disminución o inexistencia en las parroquias en las que los pastores se preocupan muy poco por los jóvenes y tienen dificultades para poner en práctica una buena pastoral vocacional.

- Por último, se observa que los lugares donde las vocaciones sacerdotales y religiosas están en claro aumento son aquellos territorios y diócesis en los que todavía existen Seminarios Menores. Su objetivo es «ayudar a la maduración humana y cristiana de los adolescentes en los que se manifiestan los primeros signos de la vocación al sacerdocio ministerial, con el fin de hacer crecer en ellos una libertad interior propia de su edad, que los haga capaces de corresponder al proyecto de Dios sobre su vida» (RF n. 18).
Según los testimonios de los rectores, estos Seminarios Menores constituyen la principal fuente de ingreso de candidatos a los Seminarios Propedéuticos y a los Seminarios Mayores, así como a los Noviciados u otras casas de formación religiosa.

Ante este aumento de las vocaciones, que hace necesaria la creación de nuevos seminarios, la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol se siente directamente implicada en su papel y busca constantemente modos y medios para contribuir a la formación de estos jóvenes que sienten esta particular llamada a la vida consagrada.

3. El papel de la POSPA hoy en el ámbito de las vocaciones

La formación de un joven que percibe la llamada divina no es solo tarea de su familia, ni mucho menos de su parroquia de origen, sino que es tarea de toda la Iglesia universal. En consecuencia, los seminarios y las casas de formación religiosa necesitan la generosa colaboración de todos los fieles para poder ofrecer a los candidatos la formación adecuada y necesaria que les permitirá convertirse en pastores y misioneros para la Iglesia. (…).

Hoy, sin la contribución de la POSPA, que es sostenida por las colectas puestas a su disposición por las Direcciones Nacionales de las Obras Misionales Pontificias, muchos seminarios se verían obligados a cerrar sus puertas; la creación de nuevos seminarios, de la que hay una necesidad urgente, sería difícil si no imposible, y muchos jóvenes capaces de convertirse en buenos sacerdotes se verían obligados a elegir otra orientación de vida. En su carta apostólica con ocasión del centenario de la POSPA en 1989, el Papa San Juan Pablo II escribía: «El crecimiento del clero autóctono podría verse frenado por la insuficiencia de los recursos disponibles. Según el testimonio de numerosos obispos de los países de misión, aún hoy más de una diócesis podría ver frustrada su esperanza de contar con un clero autóctono sin la ayuda proporcionada por la Obra de San Pedro Apóstol». Después de varias décadas, estas palabras del Papa siguen siendo más actuales que nunca.

A la luz de los datos recientes de los que dispone, para el año académico 2024-2025 la POSPA ha asignado subsidios ordinarios a:
- 449 Seminarios Menores, con un número global de 53.405 seminaristas menores, de los cuales el 84% en África y el 16% en Asia.
- 141 Seminarios Propedéuticos, con un total de 6.575 seminaristas propedéuticos, de los cuales el 77% en África, el 17% en Asia, el 2% en América y el 1% en Oceanía.
- 211 Seminarios Mayores, con un número total de 23.312 seminaristas mayores, de los cuales el 68% en África, el 21% en Asia, el 1% en América y el 1% en Oceanía.

Junto a los subsidios ordinarios destinados al funcionamiento cotidiano de los seminarios, se conceden también los llamados subsidios extraordinarios, destinados a proyectos de construcción o a importantes intervenciones materiales necesarias para la vida del seminario. Asimismo, con el fin de garantizar la calidad de la formación de los candidatos, en varios países se promueven y apoyan sesiones de formación permanente dirigidas a los formadores de los seminarios. En línea con este objetivo, también se ponen a disposición becas en universidades católicas para la preparación de los sacerdotes que las Conferencias Episcopales destinan a la enseñanza y a la formación en los seminarios. Estas becas se extienden igualmente a los religiosos y religiosas de las congregaciones autóctonas de derecho diocesano, para la preparación de los formadores y formadoras en sus noviciados.

Además de los seminarios en los que se forman los sacerdotes diocesanos, la Obra de San Pedro Apóstol se ocupa también de los novicios y novicias de las congregaciones presentes en los territorios de misión, enviando cada año una modesta contribución a título de subsidio ordinario a los noviciados de congregaciones religiosas tanto de derecho diocesano como de derecho pontificio. Según los datos más recientes, cuenta con 1.200 noviciados con un total de 7.845 novicios, de los cuales 2.801 son varones y 5.044 son mujeres. También las vocaciones religiosas son numerosas y se multiplican especialmente en África y en Asia.

Cabe señalar que, a pesar de que existe un aumento de las vocaciones en los territorios de misión, el campo de la mies sigue ampliándose y la necesidad de obreros se hace cada vez más sentir, sobre todo si se piensa en las Iglesias que más los necesitan en este momento en que la misión llama en todas partes. Por vocación, cada Iglesia local está llamada a pensar y a participar en las necesidades de la Iglesia universal y, por tanto, de todas las demás Iglesias, a través de la oración y del compartir. Cualquiera que sea la necesidad o la urgencia de la misión en su propio territorio, cada Iglesia debería ser capaz de interesarse por lo que viven las demás Iglesias y de compartir recíprocamente con ellas sus propios recursos para la extensión del Cuerpo de Cristo hasta los confines de la tierra y hasta el fin de los tiempos. (Agencia Fides 25/4/2026)

* Sacerdote de la Compañía de los Sacerdotes de San Sulpicio, Secretario general de la Pontificia Obra de San Pedro Apóstol (POSPA).


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