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Awali (Agencia Fides) – El sábado (o el domingo) posterior a la fiesta del Bautismo del Señor se celebra en toda la Península Arábiga la solemnidad de Nuestra Señora de Arabia (OLA, por sus siglas en inglés). Este año, en Baréin, la celebración ha estado presidida por el vicario apostólico de Arabia del Norte, Aldo Berardi, O.SS.TT., el sábado 10 de enero en la catedral de Awali. Al día siguiente, el prelado partía hacia Kuwait, a la espera de la llegada del secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, con motivo de la consagración de la iglesia de Nuestra Señora de Ahmadi como basílica menor del Vicariato (véase Agencia Fides 1/8/2025), que comprende Baréin, Kuwait, Catar y Arabia Saudí. El obispo Berardi ha confirmado además a la Agencia Fides que en las demás iglesias del Vicariato la solemnidad de Nuestra Señora de Arabia se celebrará el sábado 17 de enero.
A continuación se ofrece la historia, tomada de un escrito de la Cofradía de San Areta y Compañeros del Vicariato de Arabia del Norte, cuyo promotor episcopal y guía es el propio vicario apostólico, sobre los orígenes de esta devoción y sobre cómo se ha desarrollado y evolucionado en la región del Golfo.
La veneración de la Santísima Virgen María bajo títulos locales o nacionales es un rasgo distintivo de la espiritualidad católica y refleja el vínculo íntimo entre María y los distintos pueblos del mundo. Desde los primeros siglos, los cristianos han invocado a la Madre de Dios de formas que hablan de su historia, su cultura y su experiencia vital. Por ello, cada país —y a menudo cada ciudad o región— custodia un título mariano que expresa cómo los fieles perciben la presencia materna de María en medio de ellos. El papa Francisco, por ejemplo, sentía una profunda devoción por Nuestra Señora de Luján, patrona de su patria. Los católicos japoneses veneran a la Virgen de Tsuwano, símbolo de la supervivencia del cristianismo en Japón durante un periodo de persecución. España, por su parte, cuenta con una extraordinaria riqueza de advocaciones marianas, desde Nuestra Señora de Montserrat hasta Nuestra Señora del Pilar, cada una nacida de siglos de oración, milagros y devoción popular.
En este amplio y colorido tapiz de afecto mariano, el título de Nuestra Señora de Arabia destaca por su resonancia espiritual única. A diferencia de muchas advocaciones arraigadas en culturas de mayoría cristiana o en tradiciones seculares, este título ha surgido en una región donde el cristianismo vive en silencio, con humildad y, a menudo, sin signos externos. Y, sin embargo, en pleno corazón de la Península Arábiga, María ha sido acogida como madre, protectora y compañera por millones de católicos lejos de sus tierras de origen. Su título expresa no solo una identidad geográfica, sino también la profunda confianza de una Iglesia que vive en la diáspora y que encuentra en ella a una tierna guardiana que vela por sus hijos mientras recorren su camino de vida y de fe en el Golfo.
Las raíces de la devoción a Nuestra Señora de Arabia se remontan a mediados del siglo XX, cuando los padres carmelitas descalzos, procedentes de Irak, llegaron a Kuwait a finales de los años cuarenta para atender a la creciente comunidad católica. Entre sus prioridades pastorales figuraba el cuidado espiritual de un rebaño heterogéneo: trabajadores, familias y migrantes que anhelaban un sentido de hogar y la protección divina en una tierra lejana. Fue en este contexto cuando los carmelitas introdujeron una imagen mariana, que más tarde sería conocida como Nuestra Señora de Arabia, destinada a ser una presencia materna y unificadora para los católicos dispersos por el Golfo.
La imagen actual procede de una estatua de 1919 de la Virgen del Carmen, originaria de la basílica del monasterio Stella Maris de Haifa, en Israel. Una litografía de esta imagen, llevada a Ahmadi, en Kuwait, el 1 de mayo de 1948, comenzó a ser venerada públicamente a partir de la fiesta de la Inmaculada Concepción de ese mismo año, gracias al impulso del padre Teófano Ubaldo Stella, O.C.D., primer prefecto apostólico y posteriormente vicario apostólico de Kuwait, nombrado por el papa Pío XII.
En 1949, ante el crecimiento de la devoción, la Legión de María empezó a utilizar su propia imagen de la Virgen de los Milagros, lo que llevó al obispo Stella a encargar una nueva estatua en Italia. Tallada en cedro del Líbano, la imagen de la Virgen con el Niño fue llevada a Roma para recibir la bendición del papa Pío XII. El 17 de diciembre de 1949, en vísperas del Año Santo Jubilar, el Papa bendijo personalmente la estatua recién terminada en los Palacios Vaticanos y fue fotografiado rezando ante ella, un gesto extraordinario que marcó profundamente los inicios de la devoción. La estatua fue trasladada en avión a Kuwait y recibida con gran alegría el 6 de enero de 1950 en el santuario de Ahmadi, donde pronto se convirtió en el centro de la oración cotidiana.
El papa Pío XII mostró aún más su cercanía a esta advocación mariana cuando, en 1956, donó al santuario de Ahmadi un gran cirio decorado, elegido entre los que había recibido durante la celebración de la Candelaria de ese año. Al año siguiente, respondiendo a la petición del nuevo vicario apostólico de Kuwait, Victor León Esteban San Miguel y Erce, el Santo Padre promulgó el decreto Regnum Mariae, fechado el 25 de enero de 1957, por el que declaraba oficialmente a Nuestra Señora de Arabia patrona principal del territorio y del Vicariato Apostólico de Kuwait.
El primer gran momento culminante de esta devoción tuvo lugar en 1960, con ocasión del décimo aniversario de la llegada de la estatua a Kuwait. Como signo de gratitud por los innumerables favores atribuidos a la intercesión de María, el vicario apostólico invitó a los fieles a contribuir durante todo el año 1959 a la realización de una valiosa corona de oro. Elaboradas con gran esmero, con un peso de más de dos libras de oro puro y adornadas con diamantes, rubíes y perlas del Golfo -entre ellas una ofrecida personalmente por el propio vicario apostólico-, las coronas fueron enviadas a Roma y presentadas al papa san Juan XXIII el 17 de marzo de 1960. A través del secretario de Estado, el cardenal Domenico Tardini, el Papa delegó en el cardenal Valerian Gracias, arzobispo de Bombay, la coronación de la estatua en su nombre. Tras una solemne misa pontifical, el cardenal colocó las coronas de oro sobre la cabeza del Niño Jesús y de la Virgen, sellando uno de los capítulos más hermosos de la historia inicial de esta devoción.
En tiempos más recientes, el fallecido obispo Camillo Ballin, MCCJ, gran devoto mariano y pastor de amplia visión, impulsó una renovada identidad mariana para la Iglesia del Golfo. Bajo su guía, la estatua de Nuestra Señora de Arabia fue solemnemente y canónicamente coronada en Ahmadi en 2011, en una ceremonia presidida por el cardenal Antonio Cañizares Llovera en nombre del papa Benedicto XVI. El 5 de enero de 2011, Benedicto XVI aprobó el patrocinio de Nuestra Señora de Arabia como patrona principal del Golfo Arábigo, tanto del Vicariato Apostólico de Kuwait como del Vicariato Apostólico de Arabia, posteriormente reorganizados en el Vicariato Apostólico de Arabia del Norte y el Vicariato Apostólico de Arabia del Sur. El obispo Ballin solicitó además a la Santa Sede que la solemnidad de Nuestra Señora de Arabia se fijara el sábado posterior al Bautismo del Señor, con la posibilidad pastoral de celebrarla también el domingo.
Como culminación de su devoción, promovió y dirigió la construcción de la catedral de Nuestra Señora de Arabia en Baréin, consagrada en 2021 por el cardenal Luis Antonio Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares (véase Agencia Fides 9/12/2021).
Sobre estas bases, el obispo Berardi, sucesor de Ballin, ha reforzado aún más el significado duradero de esta presencia mariana. En 2025, supervisó la elevación del santuario de Ahmadi, sede de la venerada estatua original, a la dignidad de basílica menor. El obispo Aldo subraya que la presencia ininterrumpida de una estatua mariana durante más de 75 años en el corazón de la Península Arábiga es algo extraordinario, teniendo en cuenta el contexto cultural y religioso de la región, donde las imágenes sagradas suelen estar limitadas. Su permanencia y continua veneración dan testimonio no solo de la protección discreta pero poderosa de María, sino también de la fe inquebrantable de una Iglesia que vive su testimonio con silencio, humildad y profunda devoción.
Hoy, la devoción a Nuestra Señora de Arabia sigue creciendo y consolidándose. Su imagen se ha convertido en un signo de unidad para la extraordinariamente diversa comunidad católica del Golfo, en un faro de esperanza para migrantes y trabajadores, y en un recordatorio constante de que la Madre de Dios acompaña a sus hijos también en tierras donde la fe cristiana se vive con discreción y humildad. Esta devoción viva y fecunda, nacida del impulso misionero, fortalecida por la visión pastoral y sostenida por la oración de millones de fieles, permanece como un testimonio luminoso
del corazón mariano de la Iglesia en la Península Arábiga.
(AP) (Agencia Fides 13/1/2026)