ASIA/FILIPINAS - En la Región Autónoma musulmana, las elecciones reavivan las esperanzas de paz y prosperidad

martes, 3 noviembre 2026

Silsilah Dialogue Movement

Por Paolo Affatato

Zamboanga (Agencia Fides) – «Seguimos creyendo en la convivencia, viviendo la espiritualidad del diálogo y tejiendo lazos de amistad y fraternidad: no perdemos la esperanza de que Mindanao alcance la paz y la prosperidad». Así lo afirma a la Agencia Fides el padre Sebastiano D’Ambra, del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras (PIME), misionero comprometido desde hace años en Mindanao, la extensa isla del sur de Filipinas. Sus palabras llegan en un momento importante para la Región Autónoma de Bangsamoro en Mindanao (Bangsamoro Autonomous Region in Muslim Mindanao, BARMM), creada en 2019. Las primeras elecciones parlamentarias, celebradas el 14 de septiembre (véase Fides, 14/9/2026), y la formación del nuevo Gobierno regional marcan un paso significativo. Algunos indicadores económicos apuntan también a una recuperación, aunque persisten profundas fragilidades políticas y sociales.

El 30 de octubre de 2026, el Parlamento regional de Bangsamoro eligió a Abdulraof Macacua como nuevo primer ministro. Macacua, miembro del Bangsamoro Federalist Party (BFP), que ya había dirigido la región de forma interina, obtuvo 51 votos, frente a los 27 del ex primer ministro Murad Ebrahim, del United Bangsamoro Justice Party (UBJP), vinculado a la histórica formación política del Frente Moro de Liberación Islámica (Moro Islamic Liberation Front, MILF). Su elección fue posible gracias a un acuerdo de coalición, después de que las elecciones parlamentarias de mediados de septiembre arrojaran una Asamblea sin mayoría absoluta.

Los comicios marcaron un hito histórico: por primera vez, los habitantes de la región -unos seis millones de musulmanes filipinos, en un país de 120 millones de habitantes- eligieron a sus representantes parlamentarios mediante una votación democrática, poniendo fin a la etapa de administración provisional designada por el Gobierno central de Manila. La participación superó el 84 %, reflejo de una importante movilización de la población. El nuevo Parlamento, integrado por 80 miembros, afronta ahora el reto de gobernar una coalición heterogénea en la que conviven antiguos representantes de movimientos separatistas, dirigentes de partidos y figuras vinculadas a los clanes locales. Entre sus prioridades figuran las reformas fiscales, la gestión de los ingresos y los recursos del territorio y las políticas de desarrollo social.

El resultado electoral, considerado un paso importante para el proceso de paz, no ha eliminado las tensiones, las rivalidades políticas ni las divisiones internas entre los grupos armados locales, como el Frente Moro de Liberación Nacional (Moro National Liberation Front) y el Frente Moro de Liberación Islámica. Durante la votación se registraron episodios de violencia relacionados con las disputas entre clanes, que dejaron cinco muertos y más de veinte heridos, especialmente en la zona de Cotabato City. Los observadores también denunciaron intimidaciones, compra de votos e irregularidades en algunos distritos.

Queda pendiente, además, la relación con el Gobierno central del presidente Ferdinand Marcos Jr. Macacua pertenece a un partido próximo a la formación política del presidente Marcos. Según los analistas, el futuro de la Región dependerá también de la capacidad de Manila para respetar el autogobierno de la BARMM y garantizar los recursos necesarios para cumplir los acuerdos de paz, especialmente los relativos a los programas socioeconómicos.

«El proyecto de autonomía regional sigue adelante también porque cuenta con el respaldo del Gobierno central, interesado en evitar que se reanude el conflicto. Pero la situación todavía no es estable», señala el padre D’Ambra, fundador e impulsor del movimiento de diálogo islámico-cristiano «Silsilah». El misionero recuerda que la BARMM, creada en 2019, es un proyecto complejo en el que participan distintas comunidades y grupos étnicos, como los pueblos maguindanao y maranao. «Se puso en marcha sobre todo para evitar la guerra y estuvo acompañado de numerosas promesas de financiación. Sin embargo, todavía no se ha conseguido garantizar una paz duradera ni un desarrollo y una prosperidad que lleguen a todos».

El fin de los enfrentamientos armados no ha borrado, en efecto, las heridas del pasado. Sigue especialmente presente el trauma del asedio de Marawi, ciudad devastada en 2017 durante los combates entre las fuerzas gubernamentales y grupos armados vinculados al Estado Islámico. «Dentro de la BARMM siguen existiendo muchos interrogantes -observa el padre D’Ambra-, como el riesgo de que algunos dirigentes, musulmanes y no musulmanes, utilicen la identidad religiosa para defender sus intereses personales y mantener su poder. Además –añade-, las relaciones entre la Región y Manila siguen estando marcadas a menudo por el intercambio de favores y los cálculos políticos».

No obstante, el misionero reconoce algunos avances en materia de seguridad: «Ya no se producen los conflictos de antes». La pérdida de capacidad operativa de grupos extremistas como Abu Sayyaf ha contribuido a mejorar las condiciones de la vida social, aunque no ha eliminado todas las causas de inestabilidad. Por eso, subraya, «la comunidad eclesial sigue promoviendo el diálogo y la reconciliación y tratando de crear espacios de encuentro entre los distintos sectores de la sociedad».

Junto a la transición política, los indicadores económicos ofrecen algunos motivos de esperanza en Mindanao, que sigue siendo la región más desfavorecida de Filipinas. El producto interior bruto regional está creciendo y registró un aumento del 5 %, impulsado por la agricultura, los recursos naturales y las inversiones. Según datos de la Autoridad de Estadística de Filipinas (Philippine Statistics Authority), la tasa de pobreza entre los hogares de la Región Autónoma descendió del 26 % en 2023 al 12,8 % en 2025. Sin embargo, el 31 % de las familias de Mindanao sigue padeciendo pobreza alimentaria, aunque en 2018 la proporción superaba el 50 %. El crecimiento económico no se traduce todavía en empleo y oportunidades de desarrollo para todos: el desempleo ha subido al 3,9 % y buena parte de la población continúa dependiendo de la agricultura de subsistencia y de la pesca. En las zonas del interior persisten, además, redes clientelares vinculadas a los clanes que dificultan la creación de nuevas actividades empresariales.

Especialmente preocupante es la brecha en materia educativa y de acceso a los servicios básicos. Las provincias de mayoría musulmana siguen sufriendo las consecuencias de décadas de conflicto, que han dañado escuelas, centros sanitarios e infraestructuras. En la BARMM, la tasa de alfabetización básica entre los mayores de cinco años es del 81 %, frente a una media nacional cercana al 97 %. También persisten profundas desigualdades en el acceso a la educación, la sanidad y las oportunidades de desarrollo.

En este contexto, el padre D’Ambra considera que la prioridad sigue siendo «construir relaciones de confianza dentro de la sociedad y entre las comunidades religiosas, porque son la base y el motor del desarrollo». Y reitera: «A pesar de todas las dificultades, seguimos promoviendo el diálogo y la reconciliación social y religiosa. Seguimos creyendo en ello». En una región de mayoría musulmana, marcada por una larga historia de conflictos, «la comunidad cristiana está llamada a contribuir a la convivencia mediante su presencia, la escucha y el encuentro con las distintas comunidades; está llamada a llevar palabras y gestos de paz, siguiendo el espíritu del Evangelio», afirma.

La creación de nuevas instituciones democráticas y los primeros signos de recuperación económica -concluye el misionero del PIME- «pueden ofrecer una oportunidad para consolidar la paz, siempre que la autonomía política se traduzca en justicia, servicios y oportunidades concretas para la población. El desafío de la Región Autónoma de Bangsamoro, que inicia una nueva etapa de su historia, no consiste únicamente en dejar atrás los años de guerra, sino en construir una sociedad en la que las distintas identidades puedan convivir y contribuir al bien común».
(Agencia Fides 3/11/2026)


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