EUROPA/IRLANDA DEL NORTE - Dromantine: 100 años de personas, historias y experiencias misioneras entrelazadas en un lugar muy especial

viernes, 25 septiembre 2026

SMA

Dromantine (Agencia Fides) – Un siglo de formación, oración y vida misionera. Esta es la historia de Dromantine, la casa de la Sociedad de Misiones Africanas (SMA) que, en Irlanda del Norte, ha acompañado a generaciones de misioneros y que, con el paso de los años, ha sabido transformarse sin perder su identidad.

El 21 de septiembre de 1926, 47 seminaristas procedentes del seminario de la SMA de Blackrock Road, en Cork, llegaron a Dromantine, en el condado de Down. Ocho días después, el 29 de septiembre, el centro fue inaugurado oficialmente como Seminario Mayor de la SMA. «Fue el comienzo de un capítulo extraordinario», se lee en la nota enviada a la Agencia Fides por el padre Brice Ulrich Afferi, marfileño, de la Oficina de Comunicación de la SMA.

La decisión de trasladar el seminario a Dromantine se tomó en un periodo de fuerte crecimiento de la Sociedad de Misiones Africanas en Irlanda. Las instalaciones disponibles ya no eran suficientes para acoger al número cada vez mayor de jóvenes que solicitaban ingresar en la Sociedad. El padre Morris Slattery, entonces superior de la SMA en Irlanda, llevaba tiempo buscando un lugar adecuado. La oportunidad llegó con la adquisición de Dromantine House. Una vez obtenidos los permisos necesarios y terminadas las obras de reforma, la SMA trasladó allí a sus estudiantes. Comenzaba así un largo periodo de formación misionera que se prolongaría durante casi medio siglo.

Entre 1926 y 1972, Dromantine formó a generaciones de hombres para el sacerdocio misionero. Durante los años en que acogió el Seminario Mayor, 587 estudiantes fueron ordenados sacerdotes, muchos de los cuales partieron posteriormente para el servicio misionero en países como Egipto, Nigeria, Ghana, Zambia y Liberia. Para la SMA, Dromantine fue, por tanto, mucho más que un edificio destinado a la formación de seminaristas. Se convirtió en uno de los lugares donde hombres llamados a la misión se preparaban para atravesar fronteras, culturas y continentes, poniendo su vocación al servicio de la Iglesia.

Con los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II en la formación sacerdotal, que concedían mayor atención a las dimensiones humana, espiritual y pastoral, los estudiantes de la SMA fueron incorporándose progresivamente a los itinerarios ordinarios de formación en los seminarios. El proceso comenzó en 1969 y concluyó en 1972, con la salida de los últimos seminaristas de Dromantine. El centro cambió entonces de función y se transformó en un lugar para retiros y conferencias, abriendo oficialmente de nuevo sus puertas en 2001. La función del edificio había cambiado, pero no su vocación de acogida. Dromantine comenzó a recibir a una comunidad mucho más amplia de personas que buscaban un lugar para la oración, la reflexión, la formación, los encuentros y la vida comunitaria.

A lo largo de los años, han sido muchas las razones que han llevado a personas a cruzar las puertas de Dromantine: retiros espirituales y momentos de silencio, encuentros y programas de formación, iniciativas comunitarias y campamentos de verano. De este modo, el centro ha conservado parte de su carácter original y, al mismo tiempo, se ha adaptado a las nuevas necesidades. Los seminaristas ya no recorren sus pasillos como hace un siglo, pero Dromantine sigue profundamente vinculada a la formación, la oración y la misión de la SMA.

El centenario ofrece así la oportunidad de mirar al pasado, pero también de reconocer el largo camino recorrido por el centro: de residencia de campo a Seminario Mayor, de centro de formación misionera a lugar de retiros y conferencias, de casa vinculada principalmente a la presencia de los seminaristas de la SMA a espacio abierto a una comunidad mucho más amplia.

Hoy, cien años después de la llegada de los primeros seminaristas, Dromantine continúa acogiendo a personas que buscan oración, reflexión, comunidad y renovación. El edificio ha cambiado. Su función ha evolucionado. También son diferentes las personas que cruzan hoy su umbral respecto a las que llegaron en 1926.
Sin embargo, Dromantine sigue siendo un lugar de encuentro, donde se cultiva la fe, las historias se entrelazan y el espíritu misionero de la Sociedad de Misiones Africanas sigue vivo.

No son, por tanto, solo cien años de un edificio. Son cien años de personas, de historias y de experiencias misioneras entrelazadas en un lugar realmente especial.
(AP) (Agencia Fides 25/9/2026)


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