ASIA/FILIPINAS - Tras el tiroteo en el Ateneo de Zamboanga, las comunidades eclesiales llaman a escuchar el malestar de los jóvenes

lunes, 24 agosto 2026

Ateneo de Zamboanga - Junior High School

Manila (Agencia Fides) – “El país no puede permitirse dejar que otro episodio de violencia escolar pase desapercibido sin afrontar los desafíos a los que se enfrentan sus jóvenes”. Así lo afirmó el arzobispo de Manila, el cardenal José Advincula, exhortando a las familias, escuelas, Iglesias y comunidades a “escuchar a los jóvenes que podrían estar luchando en silencio contra la soledad, la ansiedad, el acoso escolar, la presión escolar o los problemas familiares”.

Las palabras del cardenal se refieren al tiroteo ocurrido el 18 de agosto en el Ateneo de Zamboanga University, institución educativa (con escuela secundaria y universidad) gestionada por los jesuitas en la ciudad de Zamboanga, en la isla de Mindanao, en el sur de Filipinas. Alrededor de las 7:50 de la mañana, en el edificio de la Junior High School del campus de Tumaga, un estudiante abrió fuego contra otros estudiantes, matando a un compañero de 15 años, Patrick Dylan Wee. El autor de los hechos, un estudiante identificado como Mohammad Mael Jalani, se suicidó después. Por tanto, las víctimas son dos, incluido el autor del ataque. Otras personas resultaron heridas o necesitaron asistencia después de huir del edificio presas del pánico.

El ataque provocó miedo y una fuerte consternación en la comunidad escolar. En los días siguientes, los estudiantes narraron sus dificultades para volver a la escuela después de lo ocurrido, mientras las autoridades iniciaron las investigaciones sobre la manera en que las armas fueron introducidas en el campus y sobre las posibles causas del ataque. El tiroteo de Zamboanga se enmarca en una creciente preocupación por la seguridad en las escuelas filipinas. Es el segundo episodio de este tipo con víctimas mortales en el país en menos de dos meses, después del ataque del 22 de junio en la San Jose National High School de Tacloban City, donde tres estudiantes fueron asesinados y otros resultaron heridos.

“No debemos permitir que esta tragedia pase desapercibida sin escuchar atentamente lo que nos dice sobre las dificultades de nuestros jóvenes”, afirmó el cardenal Advincula, que abogó por la creación de espacios seguros en los que los jóvenes puedan hablar sin temor a ser juzgados, pedir ayuda sin vergüenza y saber que son valorados. “La respuesta –dijo– debe ir más allá de las medidas de seguridad” y debe incluir sistemas de asistencia y acompañamiento más sólidos. “Debemos escucharlos, no solo cuando hablan en voz alta, sino sobre todo cuando sufren en silencio”, afirmó.

La respuesta pastoral se centra no solo en la emergencia inmediata, sino también en las condiciones de soledad, ansiedad y presión que pueden marcar la vida de los adolescentes. “Esta tragedia debe reforzar la responsabilidad compartida de hacer de las escuelas lugares seguros de aprendizaje, socialización, cuidado, vigilancia y paz”, escribió la Catholic Educational Association of the Philippines (CEAP), asociación que representa a las escuelas, colegios y universidades católicas de Filipinas. La CEAP invitó a mostrar “sensibilidad, compasión y moderación”, porque “detrás de cada publicación o fotografía en las redes sociales hay estudiantes, familias, profesores y una comunidad sumida en un profundo luto y conmoción”.

El padre Guillrey Anthony Andal, SJ, presidente de la Ateneo de Zamboanga University, expresó “profundo dolor” por toda la comunidad. Aseguró la plena colaboración con las autoridades encargadas de la investigación y subrayó que la prioridad es el bienestar de los estudiantes, el personal y las familias. El presidente invitó a la paciencia, evitando especulaciones que puedan causar un sufrimiento adicional. El Ateneo vivió el 19 de agosto como jornada de luto y oración en todos los campus, ofreciendo apoyo pastoral y psicológico.

En un comunicado oficial, la archidiócesis de Zamboanga pidió una investigación exhaustiva, afirmando que “las familias de las víctimas merecen verdad y justicia”. “Rezamos para que las autoridades sean guiadas por la sabiduría, la equidad, el valor y un sincero compromiso con la justicia", se lee en el texto. “En este momento de dolor, elegimos la oración en lugar del miedo, la compasión en lugar de la condena, la verdad en lugar de la especulación y la justicia en lugar de la venganza”, afirma el comunicado.

En las semanas anteriores al tiroteo, el Ministerio de Educación ya había pedido a las escuelas de toda Filipinas que se prepararan para simulacros nacionales sobre la gestión de posibles ataques o incidentes, en respuesta a las crecientes preocupaciones por la seguridad en los centros educativos. Se pidió a las escuelas que desarrollaran, revisaran o actualizaran los planes locales de emergencia y que compartieran los aprobados con las administraciones locales, la Policía Nacional de Filipinas y las asociaciones de padres y profesores.
En los últimos dos meses se han registrado alrededor de 50 incidentes escolares relacionados con jóvenes implicados en episodios de violencia, entre ellos amenazas de colocar una bomba, tiroteos y agresiones con cuchillos. Ante este escenario, los responsables de las comunidades eclesiales reclaman la necesidad de construir una red de escucha en torno a los adolescentes: familia, escuela y comunidad están llamadas a reconocer a tiempo la soledad, la ansiedad, el acoso escolar y otras formas de sufrimiento.
(PA) (Agencia Fides 24/8/2026)


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